Opinión

Más dinero

Angel Rodríguez Fernández | Jueves 19 de marzo de 2026

¿Por qué un señor que lo podría tener todo —subvenciones, sonrisas institucionales y sociales, palmaditas en la espalda—, al que le bastaría entender dónde está la línea que delimita el bien y el mal para situarse en la parte de los buenos y gritarle cosas feas a los malos, decide en cambio la independencia de criterio y la soledad?

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Este señor se llama Juanma Bajo Ulloa. Ha hecho películas tan maravillosas como Airbag o Los amantes del círculo polar.

No solo eso, sino que además ha abierto la caja de Pandora de donde ha salido, por ejemplo, Eduardo Casanova: “quiero más dinero para hacer mis películas”. Bajo Ulloa se ha explicado; los que hemos estado más atentos, no solo al cine sino a su contexto, ya lo sabíamos. Pero ha molestado mucho y le han adjudicado el carné de facha. Camarada, te hacemos sitio.

Nos ha explicado cómo va el tema de la producción de una película, el acceso a las subvenciones. Es una política de subvenciones por puntos, como si fuera el Carrefour. El señor Roig no nos ofrece sistema de fidelización, ¿qué vamos a hacer? Básicamente dan puntos por ser mujer: mujer directora, mujer guionista, mujer en fotografía… Pero no quieren solo decidir el género, sino también la trama: nada de estereotipos, aclarándote previamente qué son los estereotipos.

Tan es así que el escritor Soto Ivars contaba el caso de una directora de fotografía muy solicitada, por ser mujer y buena profesional, con la agenda completa, por la que muchas producciones se paralizan para poder contar con ella y no perder puntos para las subvenciones.

Poner esto en entredicho, o simplemente contarlo, es tachado de fascismo. Querer al mejor fotógrafo, al mejor guionista o al mejor director al margen de lo que haya entre sus piernas, o de cómo decida verse —gracias a la ley de género fluido, el sexo ya no es algo inalterable—, es fascismo, ya que invisibiliza a la mujer. Un disparate que Bajo Ulloa ha tratado de contar e intentar salir ileso.

Adoctrinamiento que llega a los rodajes: explica Bajo Ulloa que, entre estos planteamientos, está el que no puedes mirar fijamente a una compañera durante más de siete segundos. Si lo haces, una profesional de igualdad paraliza el rodaje, toma al supuesto agresor, lo lleva aparte y le da una charla de una hora sobre acoso, corrigiendo su conducta.

En el maravilloso libro Bienvenido Mister Cagada, biografía de Berlanga contada por él mismo y Jesús Franco, relata que le hubiera gustado poner en los títulos de crédito al censor de sus películas, ya que en muchas sus "aportaciones" dieron un giro totalmente diferente a sus obras. En Los jueves milagro, el censor se inventó incluso un personaje —el del ángel que llega al balneario y pone firme a toda la picaresca, con carros de bondad—.

En una ocasión le cortaron una escena de la Gran Vía madrileña: era un plano general y no entendía el porqué. Al cabo del tiempo pudo hablar con el censor y se lo preguntó. Resulta que, conociendo lo “tocapelotas” que era Berlanga y como en la escena se veía un cura cruzando la calle, el censor pensó que lo podría haber sacado de un night club… y hasta por ahí podríamos llegar.

En el fondo es lo mismo, o quieren lo mismo: someter al creador a sus fanáticas formas de entender la vida. Si antes eran los curas, ahora son los curas laicos de lo políticamente correcto. Lo cierto es que el autor que quiere tener control sobre su obra, antes y ahora, pasa por laberínticas estructuras de poder que invariablemente dificultan la creación en libertad.

Aun así, Berlanga pudo hacer Bienvenido Mister Marshall, Esa pareja feliz, Cándido, El verdugo… Sin embargo, para hacer La vaquilla, proyecto que presentó al censor nada más terminar la Guerra Civil, tuvo que esperar 40 años.

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¿Se pasará esta forma inquisitorial de entender la creación, de premiar a los creadores “buenos” y evitar que los “malos” hagan películas? No lo sé, espero que sí. Dejad a los profesionales y al público, limpiad los canales para que se puedan encontrar, y sacad las zarpas ideológicas no solo del cine, sino del mundo de la cultura y la creación.

He dicho.

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