Opinión

You’ll be a Man, my son!

Angel Rodríguez Fernández | Lunes 23 de marzo de 2026

Como hago públicas mis opiniones, me he creído sabio de casi todo, como esos tertulianos que todo lo saben, aunque todos sabemos lo que saben: nada. Pero no, lo que intento es ser “Aprendiz de todo, maestro de nada”, claro está, sin callar mis necedades ni mis esporádicas luces.

[publicidad:922]

Bajo la canción de Cat Stevens, “Father and Son”, me atrevo a escribir estas líneas. En ella, el hijo replica al padre: “From the moment I could talk / I was ordered to listen”, como reproche de un niño al que no se le ha dejado expresarse. En mi casa nos expresábamos con contundencia , con la ilusión de descubrir la vida a través de defender las ideas que aún no teníamos, sin la losa de la censura, sin el miedo al castigo, con la aquiescencia de unos padres que solo ejercieron su autoridad a través de la comprensión. La autoridad del padre, siempre requerida, nunca llegó, o al menos eso sentí, y nunca se la echó de menos.

¿Significaba esto que en casa hacíamos lo que queríamos? No lo recuerdo así. En casa, la autoridad no se resolvía a través de la censura, sino de la organización y el cariño. Al final de las majaderías infantiles quedaba la madurez de los adultos que ejercían de padres.

[publicidad:922]

Hoy, que ya no es el Día del Padre, me atrevo a hablar de paternidad. ¿Por qué no? Si le hemos metido mano al Sanchismo, al Trumpismo (como decíamos en el 15M “ la misma m…son” , cada uno bajo sus posibilidades y responsabilidades históricas), a la teocracia fascista de Irán. Soy padre y he sido hijo: ese es mi currículum para poder dar mi opinión.

Ayer, el magnífico dibujante Puebla daba con la viñeta. En ella, un niño y su padre se abrazaban; detrás de ellos estaba el abuelo, dibujado con tinta más clara —indicando que estaba muerto, y que en principio no lo veían, pero estaba—. El niño le decía a su padre: “Felicidades por todo, padre. ¿Tú siempre has sido tan responsable?”. El padre, girado como si viera al abuelo, y el abuelo sonriendo, dice: “Je, je, buena pregunta”.

[publicidad:922]

Así es: una cadena de padres e hijos repitiendo de forma ancestral errores y aciertos. No sé si en casa habremos conseguido dar con las estructuras de libertad que pretendíamos; soportar las toneladas de amor de unos padres puede ser demasiado. Entre cuatro o cinco hermanos se lleva mejor; cuando es hijo único puede llegar a ocurrir esa máxima que dice: “Quien bien te quiere te hará llorar”. Espero que sí; tendré que esperar, como en la viñeta, el abrazo de mi hijo a su hijo.

Decía Savater en su libro Ética para Amador (Amador es su hijo) que no debe considerar amigos ni a profesores ni a padres. Los amigos se eligen, y la paternidad o los maestros nos los imponen. No es posible decir: “Este padre no me gusta, me voy a buscar otro”, ¿o sí?. En cambio, la amistad son encuentros y desencuentros bajo un contrato de diversión, cooperación y solidaridad invisible.

Diálogo, comprensión y resolución: tres ejes que vertebran el equilibrio familiar. Muchos “no” y algún “sí”; luego, melancolía por los “no” o “sí” fallidos y propósito de enmienda y de volver a ejercer la paternidad, a pesar de los errores y de algún que otro acierto. Asumiendo que la vida no es más que una concatenación de experiencias frustradas o realizadas, que ni unas ni otras pueden suponer el abandono de nuestras obligaciones, un lujo al alcance de ningún padre.

Todo este rollo, y el que me conozca dirá: “Angelito, déjate, que has tenido una suerte que no te mereces”. Y, efectivamente, también algo de teoría del caos, un fractal vital que da lugar al presente bajo unas condiciones iniciales que propusimos casi sin pactarlas.

Por lo demás, sorpresa y alegría… “Nos empeñamos en dirigir sus vidas / sin saber el oficio y sin vocación / les vamos transmitiendo nuestras frustraciones / con la leche templada y en cada canción…”. Tal y como decía Serrat cuando, una mañana, desde la cama escucho a mi hijo oyendo una de mis canciones más sabineras: “...donde el deseo viaja en ascensores / un agujero queda para mí...”, mientras se ducha: lo de la canción por el padre, lo de la ducha por la madre.

Por último, cómo no, un trocito de “If” de Kipling: “...If you can dream—and not make dreams your master; If you can think—and not make thoughts your aim; ...Yours is the Earth and everything that’s in it, And—which is more—you’ll be a Man, my son!”

TEMAS RELACIONADOS: