Opinión

Izquierda española

Angel Rodríguez Fernández | Jueves 26 de marzo de 2026

Cuando la izquierda se disgrega se hace pequeñita; al dinamitarse, se fragmenta. Pareciera ser que un nuevo partido trajera más desilusión que esperanza. Pero llevo un par de años siguiendo con atención este proyecto nuevo que lleva por nombre de Izquierda Española.

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No es uno más, como tampoco lo fueron Izquierda Unida, ni mucho más tarde Podemos, ni Sumar. Con los sucesivos nacimientos de cada uno de estos proyectos nos volvimos a ilusionar, esperando dar con el que se creyera este estrato ideológico llamado socialdemocracia, esa conjunción, creo que bien sencilla, entre democracia y Estado social. Por una razón u otra fueron flaqueando en una de estas dos grandes máximas a las que aspira gran parte del electorado de izquierdas.

Un partido capaz de formar un gobierno que deje trabajar a la justicia, dentro de un Estado democrático de individuos libres en cooperación social, sin dejar a los que han tenido peor suerte en la vida laboral en el camino. Estructuras sociales fuertes, que no significa gobiernos poderosos, sino dotar a la ciudadanía y al funcionariado de recursos para su organización. Que no tiene nada que ver con esa visión patrimonialista de “la cosa pública”, de la que en la última legislatura —como en las anteriores— han dado muestra instituciones como RTVE, el CIS o la Fiscalía General del Estado.

Desde hace unos años, Guillermo del Valle, portavoz y candidato nacional de Izquierda Española, intenta explicar un proyecto de moderación, y lo hace de forma moderada. Entre tanto griterío solo nos llegan sus susurros a los que estamos muy atentos, buscando qué echarnos a la boca electoral. Fallada primero la alternancia del PSOE por la izquierda y truncada la esperanza ética del PSOE, andamos ávidos de nuevas propuestas.

El nombre en sí pareciera un oxímoron: Izquierda y Española, como ser del Betis y del Sevilla a la vez. Pero, observado con detenimiento y alejado de la caricatura y el esperpento, creo que una revisión de los modelos socialdemócratas desde el punto de vista de nación hacía falta.

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Se autodenominan jacobinos, entiéndase como la facción centralista de la Revolución francesa, de la que nuestros vecinos hicieron triunfadora para su república laica. Un centralismo no para aniquilar el tesoro cultural de la periferia, sino un centralismo que organice y distribuya recursos allí donde haga falta, no allí donde haga falta al gobierno de turno para conseguir sus mayorías parlamentarias.

Izquierda Española versus la izquierda de Rufián o Bildu. Esta última versión de esa izquierda encapsulada en su territorio no creo que busque mejoras en equidad de todos para todos, sino una actitud paternalista desde las regiones más ricas, pidiendo para ellas sin observar necesidades, sino votos territoriales.

Ahora Rufián quiere ponerse la capa para salvarnos a andaluces, extremeños, murcianos o castellano-manchegos del fascismo. Ahora cae en la cuenta del lobo, una prejubilación cuando puede decaer su colocación a través del independentismo republicano: se acuerda de los trabajadores del resto del “Estado”, esa forma seca y sin mucho afecto con la que se refiere a un país que quieren gobernar.

Sin alharacas ni estridencias, los de Izquierda Española, ni revoluciones raras ni proyectos vanguardistas lejos de las entendederas del común de los votantes; se les ve moderados, ecuánimes, cuando se les ve. Vienen de la socialdemocracia, de las universidades, y buscan explicarse donde les dejan.

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Como decía, Izquierda Española es un proyecto que miro con interés y que, una vez agotadas las propuestas de un PSOE agitado por el sanchismo y una izquierda dividida y autotraicionada, a los votantes socialdemócratas perdidos —la vía Jordi Sevilla parece que está en vía muerta dada la nula autocrítica en las federaciones socialistas— nos queda abstenernos, votar al PP como castigo a unos partidos de izquierdas de los que nos sentimos traicionados y huérfanos, o encontrar en un proyecto como Izquierda Española nuestra esperanza. Lo seguiremos atentamente.

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