La justicia ha vuelto a dar la razón a la víctima en un caso que conmocionó a la provincia de Almería. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha ratificado la condena de 12 años y dos meses de cárcel impuesta a un individuo que sometió a una joven de 15 años a una relación de violencia y agresiones sexuales continuadas. La resolución de la Sala de Apelación valida la sentencia previa dictada por la Audiencia Provincial, aunque introduce una pequeña modificación a la baja en la cuantía destinada a la compensación por las lesiones psíquicas sufridas por la menor.
Los hechos, que se remontan al periodo comprendido entre mediados de 2017 y principios de 2018, describen un escenario de control y dominación absoluto. El condenado, que por aquel entonces superaba los 25 años, inició un vínculo con la adolescente que pronto derivó en una actitud intimidatoria. Fruto de esta situación de sometimiento, se produjeron encuentros sexuales sin consentimiento real que provocaron que la menor quedara embarazada y tuviera que someterse a dos procesos de interrupción del embarazo en un intervalo de solo sesenta días.
En el dictamen judicial se subraya que, aunque no se ha podido acreditar el uso de la fuerza física explícita en cada acto, la existencia de los abortos y el clima de miedo son evidencias irrefutables de un ataque contra la libertad sexual. La joven admitió durante el proceso que terminaba cediendo a las pretensiones del agresor para eludir conflictos mayores, una circunstancia que el tribunal interpreta como una ausencia total de consentimiento ante la presión ejercida por el varón.
Más allá de los abusos, el fallo judicial describe un patrón de comportamiento propio de la violencia de género, con insultos constantes y celos patológicos. El agresor ejercía un control férreo sobre la vida de la menor, prohibiéndole interactuar con otros jóvenes y fiscalizando el contenido de su teléfono móvil, llegando incluso a exigirle pruebas fotográficas de su ubicación. En una ocasión, el tribunal dio por probado que el hombre le propinó un fuerte bofetón durante una disputa.
Este calvario prolongado ha dejado profundas huellas en la salud mental de la víctima, quien desarrolló un trastorno adaptativo que requirió meses de recuperación y ha derivado en secuelas psicológicas permanentes. La sentencia firme en Almería condena al hombre por delitos de agresión sexual continuada y maltrato habitual, obligándole además a abonar una indemnización de 30.000 euros por los daños morales causados durante meses de pesadilla.