Ya hay humo blanco en la sede de la calle Pablo Iglesias, aunque más que incienso, el ambiente desprende ese aroma inconfundible a ingeniería política de precisión. El PSOE de la provincia de Almería ya tiene su lista para las elecciones autonómicas del próximo 17 de mayo y, para sorpresa de nadie que entienda cómo funciona el termómetro de Ferraz, el sanchismo no solo ha ganado, sino que ha diseñado un tablero donde cada pieza tiene una misión que roza lo maquiavélico.
La candidatura la encabeza José Nicolás Ayala, secretario de organización provincial y mano derecha —casi quirúrgica— de José María Martín. Que el número uno sea para Ayala es el sello de garantía de que el control del partido en Almería no se mueve ni un milímetro de la línea oficial. José María Martín, secretario general provincial y subdelegado del Gobierno, ha preferido quedarse en la sombra logística, enviando a su lugarteniente a la primera línea de fuego en Andalucía. Es una jugada segura: si el resultado es el naufragio que predicen las encuestas, la culpa se diluirá en la estructura; si se salva el mueble, el poder sanchista se confirma.
Pero lo verdaderamente jugoso empieza en el número dos. Fátima Herrera, actual portavoz en el Ayuntamiento de la capital, deja el asfalto municipal para probar suerte en la política autonómica. Al situar a Fátima Herrera en la lista autonómica, el camino hacia la candidatura de las próximas municipales en Almería capital queda libre de obstáculos para Juan Francisco Colomina. El actual secretario general municipal, que lleva meses reorganizando la agrupación urbana, ve ahora cómo el horizonte se despeja para liderar el asalto al Ayuntamiento sin sombras internas. Es un "todos ganan" aparente, aunque en política, cuando todos ganan, suele haber una factura que alguien pagará después.
Sin embargo, el genio táctico de esta lista reside en el número tres: Rodrigo Sánchez Haro. El exconsejero de Susana Díaz es el rehén perfecto en esta historia. Las encuestas son crueles y sugieren que el PSOE podría perder incluso ese tercer parlamentario por la provincia que ostenta actualmente. Al colocar a Sánchez Haro justo en la frontera entre el escaño y el desempleo político, el sanchismo obliga al viejo aparato susanista a sudar la camiseta como si les fuera la vida en ello. Si los susanistas quieren que su referente vuelva a pisar el Hospital de las Cinco Llagas, tendrán que movilizar hasta al último votante en los pueblos de la provincia. Es el incentivo del miedo: trabajad para que nosotros ganemos, y quizás, solo quizás, vuestro representante logre entrar.
Incluso se contempla el escenario de la carambola ética: si el descalabro es tal que el número tres se queda fuera, siempre queda la opción de una salida estratégica de Fátima Herrera cuando sean las generales y para dejar paso a Sánchez Haro. De ese modo, se integran las facciones, se apaciguan los ánimos de los derrotados y el sanchismo mantiene la batuta mientras el susanismo sobrevive de prestado. En definitiva, una lista que no busca tanto ilusionar al electorado almeriense como garantizar que, cuando el barco se hunda, los que queden en el bote salvavidas sean exactamente los que el capitán ha decidido.
¿Logrará esta compleja ingeniería electoral que el PSOE remonte en una provincia que le es cada vez más esquiva? ¿O simplemente estamos ante una redistribución de sillones en la oposición? El 17 de mayo sabremos si el votante almeriense acepta ser el figurante en este drama de despachos o si prefiere cambiar de canal.