Almería

Francisco Espinosa: "La política es la palanca para gestionar lo que el ciudadano no puede solucionar por sí solo"

El histórico dirigente socialista y exdelegado de la Junta de Andalucía repasa los orígenes de El Ejido como municipio y los retos de una gestión que transformó un erial en potencia económica

Rafael M. Martos | Sábado 11 de abril de 2026

La trayectoria de Francisco Espinosa es, en esencia, la crónica de una metamorfosis. Retirado hoy de la primera línea, este político ejidense de raíces molineras mantiene intacta su visión de la gestión pública como una herramienta de transformación social. "Lo que más me atrajo fue la gestión, entendiendo que la política es gestionar asuntos que a la población le interesa solucionar y que por sí mismo no pueden solucionar", afirma Espinosa, quien define la actividad política como "el instrumento más adecuado para gestionar los asuntos públicos en favor de la mayoría".

Su relato en el programa EL DEBATE de 7TV Almería no es solo el de un militante del PSOE, sino el de un testigo privilegiado que vio cómo las costuras de su pueblo natal se rompían ante un crecimiento demográfico sin precedentes en la provincia de Almería.

Espinosa se define como un egidense "por los cuatro costados", heredero de una saga de molineros de Dalías y Celín que se asentó en el llano con la llegada del agua. "Mi abuelo Francisco, viendo que había una oportunidad con la entrada de agua a través de la Fuente Nueva, fundó el primero y único molino de fuerza hidráulica en la zona norte de El Ejido", relata con precisión histórica. Aquel manantial fue el verdadero motor de cambio para el Campo de Dalías, permitiendo que la zona se convirtiera en la segunda productora de uva de mesa de la provincia, solo por detrás de Berja. Sin embargo, ese éxito económico no vino acompañado de infraestructuras urbanas, convirtiendo la zona en un territorio que crecía sin servicios básicos.

El salto a la política municipal se produjo en un contexto de tensiones territoriales. Espinosa formó parte de la primera corporación de El Ejido tras su segregación de Dalías en 1982. "En el campo había más de 30.000 habitantes y en el núcleo fundacional de Dalías apenas rondaban los 4.000; aquello provocaba unas tensiones en la relación política que necesitaba una solución", explica. La realidad de aquel nuevo municipio era precaria: "Las calles no estaban asfaltadas, no había ni un solo parque y el alumbrado público consistía en una bombilla incandescente en las cuatro esquinas que el guardia municipal encendía con un bastón". Incluso en su propio hogar, el agua potable no llegó hasta los años 70, dependiendo hasta entonces de aljibes que se llenaban con la lluvia o acequias.

TRANSICIÓN Y COMPROMISO

Su compromiso ideológico se fraguó en la rectitud del tardofranquismo y la Transición. "Me afilié al PSOE justo al volver del servicio militar; me he considerado siempre un socialdemócrata europeo", señala. Recuerda con viveza el temor de aquellos años, como cuando escondía la revista El Triunfo bajo el uniforme durante su etapa de soldado en Mallorca por miedo a las represalias de sus superiores. Para Espinosa, los derechos y libertades actuales no deben darse por sentados: "Alguien que no ha pasado por ese tiempo no valora lo que hoy disfrutamos; que pregunten a sus padres o abuelos cómo vivieron los últimos tiempos de la dictadura".

La etapa de gestión en el ayuntamiento, bajo la alcaldía de Juan Callejón, fue de una intensidad agotadora. Espinosa, que ostentó responsabilidades en Urbanismo y Obras Públicas, reconoce que el exceso de celo en la gestión técnica pudo pasarles factura electoral. "Estábamos tan absorbidos por levantar problemas y dotar de equipamiento al municipio que no hacíamos la política de calle que hay que hacer", confiesa. En 1991, el PSOE perdió la alcaldía frente al PP por apenas 50 votos. "Teníamos todo el pueblo levantado para meter alcantarillado en vísperas de las elecciones, ganándonos la animadversión de la gente que padecía las obras", recuerda, señalando también promesas urbanísticas en núcleos como San Agustín que terminaron por decantar la balanza hacia el bloque del PP.

JUNTA DE ANDALUCÍA

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Tras su paso por la política local, Francisco Espinosa llevó su experiencia a la Junta de Andalucía, donde desempeñó cargos de relevancia en las delegaciones de Industria, Comercio y Turismo, además de dirigir la empresa pública del suelo. Su visión, forjada en la transformación de un rastrojo seco en una de las zonas más prósperas del Estado español, sigue siendo un referente para entender la historia reciente de la provincia de Almería y los desafíos de gestionar un crecimiento que, en sus propias palabras, a menudo superaba la capacidad de reacción de las instituciones.

Tras su salida del ayuntamiento egidense en 1991, Francisco Espinosa retomó su labor docente en el centro Diego Velázquez, una etapa que recuerda con especial afecto antes de ser llamado nuevamente a la gestión pública. Fue Juan Callejón quien, desde la delegación del Gobierno, le propuso asumir la cartera de Industria, Comercio y Turismo en 1994.

Sin embargo, su mayor reto llegó poco después al frente de la delegación de Obras Públicas y Transportes, donde permaneció cinco años cruciales para la vertebración de la provincia de Almería. "Fue una época muy productiva porque se pudo terminar por fin la A-92", explica Espinosa, quien revela una decisión técnica que marcó la diferencia en el trazado: "Los proyectos originales eran de primera generación, más deficientes; decidí detener el proceso cinco meses para actualizarlos y mejorar la calidad técnica. Por eso, el tramo de Guadix a Almería tiene hoy una calidad muy superior al resto de la autovía".

Su experiencia técnica le llevó posteriormente a Sevilla, donde entre 2003 y 2007 dirigió la empresa pública de suelo andaluza en pleno auge de la burbuja inmobiliaria. Espinosa describe aquel periodo como "agotador" debido a la espiral incontrolable de precios. "La empresa pública no puede moverse con los parámetros de la privada; teníamos que comprar suelo a un precio adecuado para que la vivienda fuera asumible por las clases medias y trabajadoras", detalla. Tras este intenso periplo en el Estado español, su trayectoria culminó con la dirección del proyecto del Metropolitano de Granada, una infraestructura que arrancaba en Albolote y que le obligó a sumergirse de nuevo en el estudio de los sistemas ferroviarios para coordinar una red que hoy sigue expandiéndose.

JUBILACIÓN Y LIBROS

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Ya jubilado de la política activa y de la docencia, Espinosa ha volcado su energía en la investigación histórica a través de la Asociación Atenas de El Ejido. Su objetivo ha sido combatir la idea de que su municipio carece de raíces profundas. "Antes que el núcleo actual, en este solar estuvo la Murgi romana", reivindica, recordando que el Imperio dotó a la zona de un puerto en Guardias Viejas, hoy anegado por las corrientes de arena, y de instalaciones industriales como las balsas de salazones que la asociación reclama sacar a la luz. En sus libros, el autor también explora el drama histórico del agua en el Poniente, rescatando proyectos del siglo XIX como el canal de Madolel, que anticipó lo que décadas después sería el pantano de Benínar.

Espinosa no elude los episodios más oscuros que han marcado la imagen de El Ejido. Al ser consultado por los momentos más tristes de su trayectoria como egidense, señala sin dudar el estallido social contra la inmigración en el año 2000. "Aquel levantamiento irracional marcó al pueblo a nivel internacional; han venido autores de toda Europa a bucear en esos hechos tan tristes", lamenta.

Del mismo modo, califica de "gravísima" la trama de corrupción que afectó al consistorio, empañando la credibilidad institucional. "Pasarán décadas hasta que se supere definitivamente ese lastre y esa imagen negativa", concluye el veterano político, quien también observa con preocupación el actual auge de formaciones de ultraderecha en un municipio cuya prosperidad ha estado históricamente ligada a la colonización y los movimientos migratorios.

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