Opinión

1945

Moises Palmero Aranda | Lunes 13 de abril de 2026

No pensaba en el año cuando titulé, pero al hacerlo se ha generado una de esas casualidades que tanto me dan que pensar y que, quizá, haya sido la razón de que te hayas parado a leer. Lo podía haber solucionado fácilmente, pero he preferido mantener la confusión porque me permite hilvanar una historia que estoy seguro te decepcionará, porque el final nada tiene que ver con el principio.

En mayo de 1945, Alemania se rindió de forma incondicional. Tras el suicidio de Hitler en el búnker, la II Guerra Mundial acabó en Europa y se terminaron de liberar los campos de exterminio que quedaban. Meses más tarde, en agosto, EE.UU. decidió lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, generando escenas infames para la historia de la humanidad, la rendición de Japón y el fin definitivo del conflicto. En octubre se creó la ONU y en noviembre comenzaron los Juicios de Núremberg.

Siete meses después nacía Donald Trump, que el pasado nueve de abril volvió a marcar con una X en X a Irán por cobrar 1 dólar por barril de petróleo que dejen pasar por el Estrecho de Ormuz. Ahora empiezo a comprender por qué Elon Musk, amigo, socio e inversor en el asalto al Capitolio en 2021 y al poder en 2025, cambió la red social donde el pueblo podía informarse y debatir por una autocracia donde el insulto, el abuso, la amenaza y la mentira reinan a sus anchas, y sustituyó el agradable y bucólico pajarito blanco sobre fondo azul por una X sobre fondo negro, simulando una bandera pirata. Era toda una declaración de intenciones.

Tres años después nació Netanyahu. Juntos están repitiendo la historia, pero han pasado de víctimas y héroes a verdugos y villanos, y de un plumazo han dinamitado 80 años de paz para devolvernos el miedo y que la amenaza nuclear de la III Guerra Mundial (aunque muchos opinen, entre los que me incluyo, que ya comenzó hace años) sobrevuele en cada conversación y gesto cotidiano que hacemos.

Tanto es así, que el pasado 9 de abril, este tema lo comentó un niño de 11 años en la playa de San Miguel-Las Conchas de Almería, cuando estábamos a punto de comenzar una limpieza de playas con su colegio. Hablábamos, poniendo el ejemplo de la historia de una botella, de dónde viene el plástico, lo importante que ha sido para el desarrollo de nuestra civilización y los impactos ambientales, sociales y de salud que está causando con la mala gestión de los residuos que generan.

El chaval solo quería hacer una gracia para interrumpir la charla, ponerse una medalla de malote y recibir el aplauso fácil de sus compañeros. Algo que consiguió, porque culpar a Trump de cualquier cosa insignificante que pase es tan efectivo como decir “caca, culo, pedo, pis” en una clase de primaria, pero que viene a demostrar, aunque nos lo tomemos a risa, que su nombre y sus acciones nos tienen a todos en vilo, porque el mundo lo ha cambiado para peor, rompiendo todas las normas que había para proteger la paz y el diálogo. Ya nada volverá a ser como antes.

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Pero mi primera intención al sentarme a escribir era contarles que en esa limpieza que íbamos a llevar a cabo, justo después de pasar las máquinas municipales de limpieza y algunos operarios andando, era demostrarles que, aunque pareciesen limpias, no lo estaban. Que cientos de trozos de plástico de todos los colores y tamaños se escondían bajo la arena. Recogimos, en apenas una hora, 228 más pequeños de 2,5 cm y 589 mayores de ese tamaño. Además, recogimos 3589 objetos, entre los que había trozos de vidrio, latas, chapas, bastoncillos para las orejas, toallitas y cucharitas de las heladerías vecinas.

Pero lo que más nos impresionó a todos fueron las 1945 colillas que retiramos y que nos llevó al debate de que, si el anteproyecto de la ley antitabaco sale adelante, en 2026 se prohibirá fumar y vapear en las playas y paseos marítimos, entre otros muchos lugares. Algunos municipios, más de forma simbólica que coercitiva, se han adelantado y desde hace años han declarado algunas de sus playas como lugares sin humo, para garantizar la salud de los usuarios y evitar la contaminación que producen las colillas, porque cada una, dicen los científicos, contamina hasta 1.000 litros de agua, contiene más de 7.000 sustancias químicas, no es biodegradable, pero sí un gran peligro para nosotros y los ecosistemas marinos.

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Confío en que la ley se apruebe y, sobre todo, se haga cumplir, y que Trump, en esta vuelta al pasado a la que nos está llevando, no tenga pensado volver a instaurar lo de masticar y fumar tabaco para beneficiar a sus amigos de las tabacaleras como ha hecho con los de los combustibles fósiles. Así que será mejor no dejar de insistirles a los niños que fumar mata y que Trump, y todos los que lo apoyan, mucho más.

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