El Cable Francés, uno de los símbolos más singulares del patrimonio industrial del Puerto de Almería, ha sido incluido de forma oficial en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra. La decisión, fechada el 27 de marzo de 2026, responde al “mal estado de conservación” de esta estructura de hormigón que se adentra 313 metros en el mar Mediterráneo, cerca de la playa de San Miguel. La entidad, referente nacional en la defensa del patrimonio cultural y natural, alerta de que décadas de abandono han convertido este cargadero en un monumento en “deriva estática”, amenazado por la erosión del mar, el viento y el expolio de sus elementos metálicos.
Se trata de un nuevo aldabonazo en la provincia de Almería, que ya cuenta con más de una docena de bienes en esta lista de alerta. Mientras el vecino Cable Inglés –declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y en plena rehabilitación por fases– avanza hacia su puesta en valor como paseo marítimo, el Cable Francés languidece a la espera de una decisión política y técnica que decida su futuro: ¿demolición para ampliar el puerto deportivo y crear una nueva playa, o reconversión en un mirador público integrado en el Paseo Marítimo Carmen de Burgos?
El Cable Francés no es un simple muelle: es un vestigio excepcional de la intensa actividad minera que marcó la economía de Almería y Granada a principios del siglo XX. Construido entre 1914 y 1918 por la empresa británica Baird’s Mining, su objetivo principal era dar salida al mineral de hierro procedente de las explotaciones de Jerez del Marquesado y La Calahorra, en la provincia vecina. La rivalidad con la también británica The Alquife Mines –propietaria del cercano Cable Inglés– obligó a Baird’s a trazar su propio ramal ferroviario y a levantar este cargadero independiente en el antepuerto de la dársena de Almería.
Su denominación popular de “Cable Francés” llegó en 1929, cuando la Compañía Andaluza de Minas (CAM), de capital francés, adquirió las propiedades de la firma inglesa. La estructura, enteramente de hormigón armado sobre pilotes del mismo material, se distingue claramente de su “hermano gemelo” metálico. Mide 313 metros de longitud total –123 metros en la primera sección (1918), 105 metros en la segunda (también 1918) y una ampliación de 85 metros en 1975– con una anchura que oscila entre los 9 y los 12 metros. En su momento de máximo esplendor, a finales de los años 80, recibía convoyes de hasta 2.000 toneladas de mineral que se almacenaban en tolvas y se cargaban en buques mediante cintas transportadoras sinfín. Su capacidad de descarga doblaba a la del Cable Inglés, alcanzando las 20.000 toneladas.
Durante la Guerra Civil Española, bajo sus instalaciones se excavó un refugio antiaéreo con capacidad para 442 personas, finalizado en marzo de 1938. El cargadero siguió operativo hasta 1996, cuando cesó el envío de mineral desde las minas de Alquife. Un año después, en 1997, las explotaciones granadinas se paralizaron definitivamente. Un incidente dramático marcó su historia reciente: el 31 de julio de 2007, el ferry Wisteria, de la compañía Transmediterránea, colisionó con la estructura durante maniobras de entrada al puerto, navegando a 17 nudos. Los desperfectos se valoraron en unos 120.000 euros.
Desde su cierre hace casi treinta años, el Cable Francés ha sufrido un deterioro progresivo y visible. La ficha de Hispania Nostra describe con crudeza su situación actual: “La inoperatividad del cargadero desde 1996 lo ha llevado a una deriva estática. El hierro de sus barandillas y las subestructuras fueron volatilizadas para su aprovechamiento en otra industria y el hormigón armado de su base ha sido lentamente erosionado por el mar y el viento”.
Sin protección específica legal más allá de su valor patrimonial reconocido, el monumento se encuentra en manos públicas –Ayuntamiento de Almería y Autoridad Portuaria– pero sin un plan de mantenimiento activo. La salinidad, las olas y los temporales han ido socavando la base, mientras que el vandalismo y el robo de metales han despojado al tablero de sus elementos más vulnerables. A esto se suma la falta de uso, que ha convertido la estructura en un elemento olvidado en el paisaje portuario, a pesar de su proximidad al Paseo Marítimo y a la playa de San Miguel.
No es que no se haya pensado en su futuro. Han existido propuestas contrapuestas. Por un lado, planes para eliminarlo y ganar espacio para ampliar el puerto deportivo, creando al mismo tiempo una nueva playa artificial de unos 12.300 m². Por otro, iniciativas más respetuosas con su valor histórico, como su integración en el proyecto Puerto-Ciudad, que contemplaba transformarlo en una ampliación del Paseo Marítimo Carmen de Burgos: una plataforma elevada a unos 5 metros sobre el nivel del mar, con una franja central permeable (huecos, retículas metálicas y tarimas de madera) que permitiría la conexión visual con el mar y el horizonte. Un estudio técnico cifró la inversión necesaria en entre 1,1 y 1,4 millones de euros. Sin embargo, todos estos proyectos están actualmente paralizados.
En el Master Plan Puerto-Ciudad se ha llegado a plantear su reutilización como zona de acceso peatonal público, compatible con usos de ocio mediante concesión administrativa, pero la falta de avances concretos ha llevado a Hispania Nostra a dar la voz de alarma. “Con su restauración, se pondría en valor el paseo marítimo y sería otro atractivo turístico para la ciudad”, subraya la asociación en su ficha.
La inclusión en la Lista Roja adquiere mayor relevancia si se compara con el destino del Cable Inglés, situado a solo 650 metros. Este último, también cargadero de mineral pero de estructura metálica y declarado BIC, ha sido objeto de una ambiciosa rehabilitación por fases impulsada por la Autoridad Portuaria de Almería con financiación del 1,5% y 2% Cultural. Recientemente se ha licitado la tercera fase por 1,25 millones de euros, que incluye la reparación de pilotes, refuerzo de vigas y protección de la estructura. Ya funciona como paseo peatonal elevado, mirador al Mediterráneo y atractivo turístico.
El contraste es evidente: mientras uno renace como balcón al mar y símbolo de la integración puerto-ciudad, el otro se desmorona. Vecinos, asociaciones y expertos en patrimonio industrial llevan años reclamando una actuación similar para el Cable Francés, que no solo forma parte de la misma historia minera, sino que podría completar un itinerario de arqueología industrial único en Andalucía.
Hispania Nostra, con sus más de 15 años gestionando la Lista Roja, no busca solo denunciar: pretende movilizar a la sociedad y a las administraciones. “Es un monumento que representa la memoria industrial de Almería y que, bien recuperado, puede convertirse en un recurso turístico y cultural de primer orden”, señalan fuentes de la asociación. La Lista Roja no es una condena definitiva; muchos bienes han pasado a la Lista Verde tras intervenciones exitosas, como ocurrió con las murallas de Jayrán en la propia Almería.
La entrada del Cable Francés en este listado negro del patrimonio debe servir de catalizador. El Ayuntamiento de Almería, la Junta de Andalucía y la Autoridad Portuaria tienen ahora la responsabilidad de desatascar los proyectos pendientes, priorizar la consolidación estructural y decidir un uso compatible con su valor histórico. La ciudad, que ya ha apostado por la recuperación de su frente marítimo con actuaciones como la del Cable Inglés o el Muelle de Levante, no puede permitirse perder otro de sus iconos portuarios.Mientras tanto, el Cable Francés sigue allí, resistiendo el embate del mar como un viejo centinela de hormigón. Su futuro depende de que la alerta de Hispania Nostra no caiga en saco roto. Porque el patrimonio, como la historia que representa, solo se conserva si se actúa a tiempo.