Opinión

MAGA Andalucía

Rafael Sanmartín | Jueves 16 de abril de 2026

Verán. Veremos. A ver si nos lo explicamos, porque hay que explicarse. Andalucía no es maga, por fortuna. No es bruja, es mágica. Y sabia, siempre lo ha sido y la represión y manipulación constantes no van a ser suficientes para cambiarla. No debemos permitirlo. Sabia debe seguir siendo. Para verlas venir y protegernos, principalmente. MAGA, en su origen, como movimiento, o quizá sólo nombre, que el caso es fardar, en el poderoso norte del continente americano, tiene un tufo de asfixiante supremacismo. Pero Andalucía no es supremacista, ni lo ha sido nunca, ni las circunstancias permitirían intentarlo, ni se le ocurriría por su naturaleza. Pero es adaptable. Sabe absorber corrientes llegadas y adaptarlas aunque hayan sido fanáticas de tan ortodoxas.

MAGA Andalucía no será supremacista, será reivindicativa.

Es su sello. Porque es pacífica, y el pacifismo sólo puede subsistir en esta sociedad guerrera desde la neutralidad inteligente. Desde la inteligencia activa. Andalucía lo necesita, debemos reivindicar. Desde el siglo XIII están conculcados nuestros derechos. Desde el XVIII está ratificada la ocultación, manipulación, prostitución de nuestra cultura —arte, identidad, historia— y su utilización interesada, y su economía sacrificada para hacernos creer una impuesta naturaleza exógena. Andalucía, en España y en Europa, no interesa. Sólo interesa como proveedora, como granero. Porque no encaja. No acaba de adaptarse a la dinámica egoísta, personalista de Occidente. Porque es heterodoxa y filosófica. Por algo Tomás de Aquino tuvo que beber de Averroes para ser el filósofo europeo. Pero al no ser el dechado de ortodoxia que querrían unos y otros, tampoco es dócil, no es de saludo servil.

Es capaz de levantarse desde la miseria forzada por la dependencia y eso es considerado un riesgo por el poder. Porque el poder reside en el dinero. Y quienes han acumulado las fortunas capaces de dominar al mundo solamente son heterodoxos en los métodos utilizados para acumularlas.

El caso es que entre dos mundos opuestos, Andalucía no es ni uno ni otro. Andalucía no es ni Oriente ni Occidente. Es Andalucía. Es difícil sostenerse, mantenerse entre dos corrientes y subsistir. Para ambas seguirá siendo un bonito y exótico recuerdo, de dónde llegan los buenos tomates, las buenas verduras, el buen aceite. Y los buenos aviones y los buenos barcos cuando nos permiten fabricarlos. Y los buenos brazos para trabajar y los buenos corazones para soportarlo.

Pero eso está obsoleto, eso ya no se estila. Los pensadores han sido anclados en la historia. Mejor que no haya pensadores, mejor erradicar la filosofía como un peligro serio para el materialismo absoluto de la sociedad actual, entregado a la adoración, aunque en gran medida haya abandonado los dioses antiguos, sangrientos los occidentales, comprensivos y pacientes filosóficos los orientales. Esta sociedad los ha cambiado todos por un único dios que no habita en el cielo, ni en el lejano Tibet, ni en el monte olimpo. Verdadera dualidad unificada, reside en el Pentágono, y en una pequeña oficina en un pueblecito holandés, desde dónde uno decide la posesión de armamento y el otro rige la economía mundial a su deseo y conveniencia.

Andalucía es la excepción. Y por eso, el problema. Es la razón por la que no se nos permite despegar, no hay otra, no le demos vueltas. Andalucía no es maga, por fortuna, pero tampoco es supremacista, es amable, no es servil, es servicial, no es violenta, es pacífica, no es indolente, es activa, innovadora, emprendedora. Por eso es marginada y combatida. Pero ahí está también su salvación, su resurgimiento, su modelo exportable a quien quiera mejorar. MAGA Andalucía, lo contrario de MAGA América, puede ser nuestra salida si lo orientamos en positivo en el mundo. Y entonces será la tercera vía. El camino que podemos enseñar a Europa, a África, a América y al mundo. Para no pasar de un imperio a otro, de un señor a otro, de una superpotencia a otra, el modelo andaluz es la utopía; pero la utopía, en puridad, es lo que nunca ha existido, no es lo imposible. Podemos hacerlo existir, despertémoslo. Es el tercer camino. La solución. Lo único realmente nuevo y distinto, la Hermandad entre los pueblos frente a la mentira de la globalización; y eso sólo puede venir de Andalucía.

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