La provincia de Almería vuelve a situarse en la vanguardia de la gastronomía gracias al talento emergente de sus jóvenes promesas. Laura Gil Saracho, alumna del Instituto Almeraya que visitó Almería de Cerca de 7TV Almería, ha logrado un hito de relevancia para la hostelería local al convertirse en finalista del Premio Promesas de la alta cocina de Le Cordon Bleu, uno de los certámenes más prestigiosos que se celebran en el Estado español. Esta joven de 18 años ha superado un exigente proceso de selección en el que participaron inicialmente cincuenta estudiantes de cocina de todo el territorio, consolidando la reputación de su centro educativo, que habitualmente posiciona a sus alumnos en las fases más avanzadas de esta competición.
La trayectoria de Gil Saracho, en el concurso comenzó con una fase administrativa y motivacional que dio paso a una criba técnica donde los cincuenta seleccionados debieron elaborar una receta de codorniz rellena con patata soufflé. Este desafío fue registrado en vídeo para ser evaluado tanto por un jurado profesional como por el público, permitiendo a la almeriense situarse entre los diez mejores expedientes. Respecto a su llegada a la gran final celebrada en Madrid, en las instalaciones de la Universidad Francisco de Vitoria, la cocinera reconoce que "impone, obviamente hay nervios, pero es una experiencia súper bonita de vivir" y añade que, ante tal nivel de exigencia, "te das cuenta de que algo estarás haciendo bien si has llegado hasta allí, diez personas de todo el Estado español". Durante la prueba definitiva, los finalistas dispusieron de cuatro horas para ejecutar un plato de pollo con bogavante, un producto que la joven no había manipulado previamente con tal rigor pero que dominó gracias a su formación, llegando a afirmar con confianza que "ahora te quito las cáscaras del bogavante sin mirar".
A pesar de la competitividad inherente a un premio de esta categoría, Laura Gil Saracho destaca el clima de camaradería vivido entre los participantes. Según explica, "era muchísimo más ambiente de compañeros que de competidores, al punto de que en el mismo concurso cocinando nos ayudábamos entre nosotros, porque al final todos vamos ya con un nivel que es básicamente el mismo". Esta actitud profesional se mantuvo incluso ante la mirada del jurado, presidido por el biestrellado Paco Roncero, frente a quien la almeriense supo mantener el temple. "No tengo por qué ponerme nerviosa, al final les voy a demostrar lo que sé hacer y les puede gustar más o les puede gustar menos, pero esto es lo que soy", asegura la joven, quien también subraya la importancia de la limpieza, el orden y el aprovechamiento del producto en la valoración técnica.
La vinculación de esta futura chef con su tierra ha sido una constante durante toda su participación en el certamen. Gil Saracho ha manifestado con orgullo que "he intentado llevar a Almería por bandera" en cada fase del concurso. En la etapa inicial utilizó ingredientes con el sello de Sabor a Almería y, para la gran final en Madrid, presentó sus creaciones sobre un plato de mármol de Macael que emulaba los fósiles de caracol característicos de la zona. Para ella, es fundamental dar visibilidad a la riqueza de la provincia, ya que considera que "somos una ciudad muy rica a nivel de productos y no se nos conoce lo suficiente", resaltando la calidad de la huerta, la carne y el pescado del litoral almeriense.
Su pasión por los fogones nació en un entorno familiar muy ligado al sector alimentario, creciendo en la carnicería Divina Pastora, propiedad de su padre. Aunque inicialmente consideró seguir un bachillerato convencional, finalmente optó por la formación profesional en el Instituto Almeraya. "Todo el mundo quería ser policía, profesor o médico, y yo decía ¿qué hago si lo que me gusta es la cocina? Y me arriesgué. Menos mal que lo hice porque estoy haciendo lo que me gusta", relata la finalista. Su creatividad ya le había otorgado éxitos previos, como la victoria en un concurso local con un innovador bombón de pimiento dulce elaborado con chocolate blanco, guindilla y petacetas, rompiendo los esquemas tradicionales del uso de la hortaliza en la cocina salada.
De cara al futuro, Gil Saracho tiene claro que su formación apenas acaba de comenzar y planea ampliar sus horizontes mediante una beca Erasmus en África, además de explorar cocinas internacionales como la tailandesa o la india para entender diferentes tratamientos del producto. No obstante, su meta definitiva se encuentra en su ciudad de origen. "En un futuro me gustaría abrir un restaurante aquí en Almería, La Divina, en honor a la carnicería de mi padre", confiesa la joven, quien aspira a ofrecer una experiencia personal y cercana que trascienda el mero acto de comer. Con referentes claros en la dieta mediterránea y un respeto profundo por los sabores tradicionales como las migas o la tortilla de patatas, Laura Gil Saracho se perfila como una de las grandes figuras que liderarán el relevo generacional de la gastronomía almeriense.