La estabilidad de las comunicaciones aéreas entre el norte de África y el sureste peninsular ha vuelto a quebrarse, dejando a Almería y otras capitales andaluzas sumidas en la incertidumbre. El Gobierno de Melilla ha alzado la voz contra la administración central tras una semana negra para el transporte, que culminó este viernes con cerca de veinte vuelos suspendidos, afectando de forma directa a los pasajeros que debían desplazarse hasta el aeródromo de Almería.
El vicepresidente primero y responsable de Turismo de la ciudad autónoma, Miguel Marín, perteneciente al PP, ha señalado la inacción del Ejecutivo nacional y de la representación estatal en la ciudad como las causas principales de este colapso. Marín ha sido tajante al cuestionar la demora en las soluciones, instando a las autoridades a que "dejen de mirar para otro lado y de tratar a los melillenses como ciudadanos de segunda".
Para revertir esta situación, que perjudica gravemente el intercambio comercial y turístico con Almería, el Gobierno melillense reclama tres ejes de actuación urgentes. En primer lugar, la modernización de los sistemas de navegación para permitir aterrizajes con escasa visibilidad; en segundo término, el aumento de la longitud de la pista; y, finalmente, el establecimiento de una Obligación de Servicio Público que asegure tarifas razonables y la existencia de naves de repuesto ante posibles fallos mecánicos.
La crítica política también se ha centrado en la gestión de la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, a quien el mandatario popular ha reprochado la ausencia de mejoras significativas tras casi una década de mandato. Las cancelaciones de este último viernes no solo interrumpieron la ruta con Almería, sino que también golpearon los enlaces con Sevilla, Granada, Málaga y Madrid, provocando un escenario que el Ejecutivo autonómico califica de inaceptable por el daño económico y la desconfianza que genera en el sector turístico.