Opinión

Europa. Legislar mucho, crecer poco

Jorge Molina | Miércoles 29 de abril de 2026

Un modelo que, tras la crisis, se agota entre energía, regulaciones y pérdida de competitividad


El viejo marino comenta:

—La UE construyó un patrón basado en regular hasta los detalles más nimios —Directiva (UE) 2019/904 para los tapones de las botellas de plástico—, un modelo que fue eficaz para la creación de su mercado interior y la protección de derechos comunitarios, pero que se está agrietando al tener que competir en un entorno global mucho más competitivo, implacable y agresivo.

Draghi, en 2024, en su informe «El futuro de la competitividad europea», no dejaba lugar a dudas al señalar que la UE pierde terreno en productividad, inversión tecnológica y capacidad industrial frente a EE. UU., China y otros competidores. No es una coyuntura, es estructural y desde la crisis financiera, la economía europea crece menos, innova menos y asume más costes.

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El ajuste que propone Draghi es significativo. Sus 383 recomendaciones apuntan a la necesidad de entre 750.000 y 800.000 millones de euros/año para invertir en innovación, energía y digitalización. No se habla de estímulos coyunturales, sino de reconstruir el modelo productivo europeo.

La joven profesora interviene:

—Lo preocupante es la respuesta. Según el índice de seguimiento del think tank europeo EPIC, apenas un 11 % de esas recomendaciones han sido consideradas. Se identifican los problemas, pero no se ejecutan las soluciones.

La crisis energética —que ya daba señales en 2021 y que se agrava tras la guerra de Ucrania— ha sido el ejemplo más claro de ese desfase. Entre 2021 y 2023, los países de la UE destinaron más de 650.000 millones de euros en ayudas para contener el impacto del precio de la energía en hogares y empresas. Una cantidad extraordinaria, destinada a paliar los efectos, pero que no resuelven las causas y los precios eléctricos en la UE han llegado a ser, en los momentos más críticos de la crisis energética, hasta un 80 % superiores a los de EE. UU.

Europa además de crecer menos, pierde peso relativo en el contexto internacional. Hoy representa en torno al 17 % del PIB mundial, frente al 25–30 % a comienzos de siglo, esto no es un matiz irrelevante, sino la constatación de la pérdida de influencia global.

Lo que conecta con ese modelo económico basado en la demanda interna, una política económica expansiva, un exceso regulativo y un entramado administrativo que supone un coste, según la propia Comisión, de unos 150.000 millones de euros/año en el conjunto de la UE. Una carga relevante que no genera valor y que condiciona la actividad económica.

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El problema no es solo interno, porque el entorno mundial ha cambiado radicalmente y la competencia no se limita a EE. UU. o China, porque diferentes países asiáticos están desarrollando modelos más ágiles, centrados en la ejecución eficaz y la especialización.

El marino comenta:

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—La UE regula, mientras otros avanzan. Aunque EE. UU. concentra más del 50 % del mercado de semiconductores por ingresos, especialmente en diseño, impulsado por la IA, vemos al sudeste asiático que domina la fabricación —Taiwán y Corea del Sur— de chips avanzados.

Mientras China acelera su autosuficiencia tecnológica con inversión pública, otros se consolidan como claves en las cadenas de suministro. Singapur prevé invertir cerca de 37.000 millones de dólares hasta 2030 en I+D, especialmente en semiconductores e IA, con crecimientos superiores al 30 % en segmentos ligados a centros de datos. Tailandia se ha convertido en el principal polo de producción de placas de circuito impreso, con inversiones superiores a 5.000 millones de dólares en los últimos años. Vietnam para la relocalización industrial de grandes tecnológicas o Malasia clave en el empaquetado y testeo de chips, con una cuota cercana al 13 % del mercado mundial.

La UE se ha quedado prácticamente fuera del liderazgo tecnológico mundial, sin grandes empresas en inteligencia artificial, plataformas digitales o semiconductores, salvo excepciones como la holandesa ASML líder mundial en tecnología de litografía avanzada, aunque esa ventaja es parcial al no controlar la cadena completa, ni la escala de producción.

La joven profesora añade:

Europa tiene «piezas», pero no tiene sistema. Le falta escala, inversiones significativas y le sobra fragmentación regulatoria.

Así es difícil competir en tecnologías avanzadas y contrarrestar los retos que presentan aquellos sectores industriales tradicionales europeos —automóvil, metalurgia o petroquímico—, especialmente los más intensivos en energía y los que actualmente afrontan grandes retos.

Mientras en otros hemisferios económicos aceleran con mayor visión estratégica —invirtiendo, protegiendo su industria y ejecutando—, la UE sigue atrapada en ese esquema de reacción + regulación.

El viejo marino concluye:

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—Si producir es el problema y el decrecimiento la solución, acabaremos importando hasta nuestro futuro. La UE no necesita más diagnósticos de Draghi; se precisa ejecutar y mayor agilidad.

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