Opinión

Mensajes de campaña

Rafael M. Martos | Jueves 30 de abril de 2026

A escasos días de que el calendario nos estampe en la cara el inicio oficial de la campaña para las elecciones autonómicas de Andalucía del próximo 17 de mayo, el panorama político ofrece la misma frescura que un invernadero de El Ejido en pleno agosto al mediodía: calor asfixiante y un aire viciado de eslóganes que no terminan de ventilar. Si algo queda claro tras analizar el tablero es que el único que ha sabido empaquetar su producto con un lazo inteligible es el Partido Popular de Juanma Moreno. Su estrategia es tan antigua como eficaz: "o yo, o el caos".

El actual presidente de la Junta de Andalucía vende estabilidad como quien vende agua en el desierto, advirtiendo que cualquier escenario que no pase por su mayoría absoluta desembocaría en un calco de lo vivido en Extremadura. Hemos sido testigos de meses de parálisis administrativa y de un sainete de negociaciones con los pupilos de Santiago Abascal que dejó la gestión en vía muerta. Ese es el fantasma que recorre los despachos de San Telmo: una Andalucía secuestrada por los vaivenes estratégicos de Vox, repitiendo los modelos de Castilla y León o Aragón, donde el Gobierno autonómico parece más una comunidad de vecinos mal avenida que un órgano ejecutivo serio.

Frente a esta propuesta de "orden", el PSOE de María Jesús Montero ha decidido atrincherarse en la trinchera de los servicios públicos. Es un movimiento audaz, o quizás un acto de fe ciega, considerando el histórico de la propia Montero en Andalucía. Resulta casi irónico que quien fuera Consejera de Salud de la Comunidad Autónoma —etapa recordada por un recorte sistemático en la inversión sanitaria y la reducción de plantillas médicas— se presente ahora como la salvadora de lo público. Los datos, esos entes obstinados, nos dicen que hoy, con menos alumnos en las aulas debido al invierno demográfico, hay más profesores y colegios que en la época en la que el socialismo gestionaba las competencias.

Pero el problema de María Jesús Montero no es solo su pasado andaluz, sino su presente en el Gobierno. Como Ministra de Hacienda y Vicepresidenta, su capacidad para tejer acuerdos presupuestarios ha sido nula en esta legislatura: España encadena prórrogas porque su dirección económica no ha logrado sacar adelante ni una sola cuenta pública nueva. Si no ha podido poner de acuerdo a sus socios en el Gobierno, resulta difícil imaginar cómo pretende gestionar un presupuesto en Andalucía teniendo que mercadear cada céntimo con tres o cuatro formaciones a su izquierda.

Y hablando de eslóganes vacíos, Vox sigue anclado en su "prioridad nacional". Un mantra que repiten en cada mitin como si fuera un conjuro mágico contra el paro o la falta de vivienda, pero que chirría de forma estrepitosa cuando se aterriza en la realidad de la provincia de Almería. En esta tierra, donde el 42% de los bebés que nacen tienen al menos un progenitor extranjero, el discurso de la exclusión no solo es una barrera social, sino una desconexión total con la demografía que sostiene nuestra economía. Si la formación de Santiago Abascal aspira a la utilidad, debería empezar por construir puentes con el PP en lugar de levantar muros de hormigón ideológico que solo sirven para alimentar la parálisis. Confundir competencias administrativas con soflamas de mitin no parece la mejor vía para atraer al votante moderado almeriense.

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A la izquierda del PSOE, el panorama es de un simplismo que roza lo infantil. Adelante Andalucía ha resumido su existencia en un "echar a la derecha". Una meta curiosa si recordamos que eso implica, necesariamente, devolver el mando a una María Jesús Montero contra la que la propia Teresa Rodríguez batalló con ferocidad en tiempos de Susana Díaz. Es el eterno retorno: destruir lo que hay para volver a lo que ya falló. Por su parte, la amalgama de Por Andalucía —ese ecosistema indescifrable donde conviven IU, lo que queda de Sumar, Equo y otros tantos— sigue siendo un caos organizativo donde las peleas internas por el orden en las listas duran más que sus propuestas programáticas. Su mensaje, al final del día, es el mismo: ser la muleta de un PSOE sin ideas propias.

Entramos en el tiempo de descuento antes de que este viernes se abra la veda del voto. Por ahora, lo que tenemos es una precampaña extraña, poco trabajada y cargada de contradicciones que los almerienses, acostumbrados a que nadie nos regale nada, observamos con un escepticismo más que justificado.

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