Opinión

Depanegiricado

Retrato de Pedro Sánchez entre casas deterioradas y personas preocupadas, que ilustra un ambiente de incertidumbre. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI).
Angel Rodríguez Fernández | Jueves 30 de abril de 2026

Muchos lo creímos un “Caballero sin espada”, ese James Stewart en la hermosa película del mismo título. El caballo se rompió la pata al querer asaltar “Waterloo”, pero entonces compró una espada. No era una espada toledana, ni un sable de samurái; más bien era navaja albaceteña, sin querer desmerecerlas: sus buenos apaños le hizo.

Ahora sabemos que no tiene la gracia de “Juncal” ni la clase de los “Truhanes” de Miguel Hermoso; es más bien un trilero. Ni siquiera se acercó a las viejas añagazas de la picaresca española. Un “Buscón” mediocre que supo camuflarse en la actual y mediocre clase política.

¿Dónde está la bolita? ¿Aquí o aquí? ¿Dónde está la amnistía? ¿Aquí o aquí? En el mundo del timador hay un momento en que el primo descubre el truco y cae el tramposo de su pedestal para convertirse en un ruin impostor.

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Esta semana, en el maravilloso mundo de las series judiciales, vimos a los Todd y Smiley de turno (los patéticos subalternos de Moriarty, en la serie de Hayao Miyazaki), sin poder dejar su hábito de villanos, suspirando, sabedores de que nunca llegarán a ser el gran Houdini, el pistolero, la “x” —cuánto mal ha hecho el álgebra entre el alumnado menos favorable al aprendizaje—. Se tienen que conformar con darse mordisquitos entre ellos, sin poder hincar el diente a las grandes cumbres internacionales, sin poder declararse salvadores de la humanidad.

En las imágenes que Katy Garat ha librado para el gran público como un tráiler de su obra “Todos los hombres de Sánchez”, vemos a un Sánchez enrocado —como ahora—, enroscado entonces a la secretaría como ahora a la presidencia: lo demás es prescindible. Dar solución al problema de la vivienda o no; tener coherencia sobre la defensa de los derechos humanos o no; ser feminista y actuar en consecuencia o no… Todo eso es discutible y se ha utilizado para lo primordial: que Pedro Sánchez, y por ende sus acólitos y pelotas súbditos, permanezcan en el poder. El poder por el poder, para que otros no estén.

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A pesar de no tener presupuestos, a pesar de someterse a los intereses de la ultraderecha catalana y la derecha vasca, de rendirse a asesinos y olvidar a las víctimas, de esconder la bolita de la memoria histórica y ponerla en el cubículo que más nos interese. ¡Qué más da! Todo es superfluo, todo vale, salvo soltar el sillón.

Entonces, en aquel comité, seguí —como muchos otros— cómo Ferreras nos relataba la caída de Sánchez y, en nuestra percepción de pardillos, imaginamos a un hombre solo ante el establishment y a una mujer de partido ansiosa de poder. Lo que es el conocimiento y la desinformación. Si entonces a Sánchez lo percibíamos así, ahora en esas mismas imágenes vemos a un trilero al que solo le importaba sacar del camarada-primo todo lo que pudiera antes de la llegada de la pasma.

Borrell, que apoyaba su continuidad, parece estremecido por el deambular de la urna tras la pared y quiere luz y taquígrafos. Se llevó Sánchez lo bueno y lo malo; hizo de su bandera lo bueno y traficó con lo malo. Es esa mezcla la que empodera a los tramposos: no son bandidos de pistola y pañuelo en la cara, son ladrones de guante blanco que prometen y prometen, como decía el dicho popular: “Prometer, prometer, hasta meter… y una vez metido, nada de lo prometido”.

Si Nelson Mandela tomó una sociedad envilecida y supo perdonar y resarcir, Sánchez ha hecho el camino inverso: ha envilecido —eso sí, en un país con trágico destino a envilecerse— en su propio servicio, que sus fechorías fueran siempre defendidas como bulos, mentiras, cosas de los fascistas y, así, en un río revuelto, pescar sus pescados podridos.

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Ayer, desinformado por estas colas modernas de reels y avisos a través del móvil, me enteré de que la esposa del presidente va a denunciar al agitador Vito Quiles —nótese que aquí es agitador; en otras ocasiones, activista; a mí no me gusta Vito, por si alguien lo pusiera en duda—. Hoy observo un vídeo corto grabado con un móvil: el agresor agrediendo con sus malditas preguntas, mientras dos trabajadoras —o amigas, o lo que sea— de Begoña lo toman por el cuello y por las manos intentaban placarlo, será para que deje de agitar, mientras que Quiles les llama “charos”. Estaremos atentos a qué nuevas informaciones salen y a cómo acaba este culebrón.

Recordad que con Ana Botella, mujer de Aznar, también era perseguida pero en este caso por los activistas , porque esta era noticia, ya que se metió en política. También Begoña es noticia, ya que está encausada. ¿Qué hubiera pasado si fuera, en lugar de Quiles, una periodista y que, mientras dos hombres la placaban por el cuello, ella les gritara: “gorilas, dejadme en paz”?

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“Se equivocó la paloma por ir al norte, fue al sur…”, que decía Rafael Alberti. Pues se ha equivocado la izquierda, siguiendo, colaborando o apostando por un tahúr. ¿Le hubiera pasado a Julio Anguita? Nunca lo sabremos

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