Reconozco que me cuesta escuchar a Manuel Gavira, portavoz de Vox en el Parlamento de Andalucía y candidato a la Presidencia del Gobierno andaluz. Se me atraganta su preocupación por lo que sucede en esta esquina del mapa. Hace apenas unos días, en Jaén, se plantó ante los micrófonos con ese aire de quien acaba de descubrir la pólvora y soltó la pregunta retórica de la semana: "¿Saben lo de Almería, no?". Uno, que vive pegado a la actualidad de su provincia, contuvo el aliento pensando que Gavira se refería, por fin, a la tragedia humana que escupe el Mediterráneo. Quizás hablaba del tercer cadáver recuperado ese martes en una playa en pleno corazón del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, el último resto de un naufragio que el mar decidió devolvernos a la arena.
Pero no. Al candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía no le quitaba el sueño el drama de la muerte en el mar, sino un suceso en El Ejido donde un ciudadano marroquí, según él, en situación irregular, habría amenazado a varias personas con un cuchillo. Para Manuel Gavira, ese es el "lo de Almería" que merece un titular en Jaén. Lo otro, lo de los cuerpos inertes que aparecen entre las rocas y la sal, debe de ser simplemente parte del paisaje costero, algo que no encaja tan bien en su argumentario contra la regularización masiva de inmigrantes. Y es que un día te dicen que están en contra de de la inmigración irregular porque son víctimas de mafias y ellos quieren salvarlos, y otro te sueltan que son criminales organizados que vienen a delinquir... en fin, racismo y xenofobia con excusas baratas.
Es curiosa esa memoria selectiva que gasta la política de altos vuelos, que tienen que ir rebuscando en las páginas de sucesos a ver si encuentra crímenes . Si de inseguridad y altercados en la provincia se trata, Manuel Gavira podría haber mencionado que hace apenas 48 horas la Policía Nacional terminó de detener a diez personas por los violentos incidentes entre aficionados de la UD Almería y el Málaga CF. Diez detenidos por desórdenes públicos e incitación al delito en los alrededores del UD Almería Stadium. Pero claro, estos detenidos eran, según los datos policiales, ciudadanos españoles de toda la vida, gente de la casa que se lía a mamporros por unos colores. Y ya se sabe que, para ciertos discursos, si el que siembra el pánico no viene en patera, el desorden público es menos desorden y la inseguridad es casi una anécdota de barra de bar.
Siguiendo esa lógica de la nacionalidad como factor de riesgo, tendríamos que revisar las hemerotecas con el mismo rigor que Manuel Gavira aplica a El Ejido. ¿Qué hacemos entonces con la memoria de Marta del Castillo, con el caso de la niña Mari Luz Cortés o con el horror de los pequeños Ruth y José, asesinados por su propio padre, José Bretón? Todos ellos crímenes atroces cometidos por españoles de pura cepa, sin necesidad de cruzar fronteras administrativas. Precisamente estos días hemos visto a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, entregar la Medalla a la Promoción de los Valores de la Igualdad a Dolores Vázquez, en un acto de desagravio por uno de los errores judiciales más flagrantes de España. No está de más recordar que a ella la encarceló el prejuicio social antes que las pruebas, mientras el verdadero asesino de la joven Rocío Wanninkhof resultaba ser un ciudadano británico llamado Tony King. Pero supongo que, en el manual de geografía del miedo de Vox, los crímenes de origen europeo no computan.
Incluso en el plano jurídico, la rigurosidad parece ser un estorbo para Gavira. Calificar la entrada irregular en el Estado como un "delito" es, en el mejor de los casos, un error de bulto para alguien que aspira a gobernar Andalucía. La Ley de Extranjería es clara: encontrarse en situación irregular es una infracción administrativa, grave, pero administrativa. Equiparar una falta de papeles con un delito penal es como confundir una multa de tráfico por no llevar el carné encima con un atraco a mano armada.
Una vez más hace lo mismo de siempre: confundir. Lo que hay que hacer con un delincuente es juzgarlo, condenarlo y a prisión. Da igual de donde venga y cómo se llame, porque en puridad, estoy convencido de que a Gavira, si le asaltan su casa le da igual si son "españoles mucho españoles", sin son alemanes, iraníes con visado diplomático o senegales sin papeles. A Gavira se le olvida que antes de haber tanta inmigración, también había cárceles en España... y también estaban llenas.
"Lo de Almería" resulta ser siempre lo mismo: una provincia utilizada como escenario para el tremendismo político mientras los problemas reales, los que no caben en un tuit de trazo grueso, se quedan enterrados bajo la arena.
¿Saben lo de Almería? Sí, lo sabemos. Lo que no sabemos es cuándo dejarán de usar esta provincia como el espantapájaros de sus campañas electorales.