La provincia de Almería se prepara para las próximas elecciones autonómicas del 17 de mayo con una oferta electoral que alcanza casi las dos decenas de formaciones políticas. Entre las opciones que concurren se encuentra la Coalición Andalucista, liderada por Alfonso Salmerón Gómez, quien se presenta como el número uno por la circunscripción almeriense. Salmerón, una figura vinculada profesionalmente al sector de la agricultura, defiende la necesidad de una voz propia que represente los intereses específicos de la tierra frente a las decisiones que se toman fuera de sus fronteras. Según explica el candidato en una entrevista en Almería de Cerca de 7TV Almería, el ADN de su formación se centra en la defensa de los derechos de los ciudadanos en materias fundamentales como la vivienda, las comunicaciones y, de manera muy especial, la gestión del agua y la protección del modelo agrícola provincial.
La trayectoria de Salmerón ha estado marcada por su trabajo en el campo, una experiencia que ahora traslada a la esfera pública junto a colaboradores con experiencia en el municipalismo andalucista. Su salto a la política activa responde a una voluntad de servicio para proteger las costumbres locales y asegurar que las inversiones lleguen de forma efectiva a Almería. En este sentido, el candidato recalca que su formación busca una autonomía real en la toma de decisiones, afirmando de manera tajante que "queremos estar donde se toman las decisiones y no que las tomen por nosotros", insistiendo en que es vital decidir por ellos mismos para que se mire realmente por las necesidades de Andalucía y de la provincia de Almería.
Uno de los pilares del discurso de Salmerón es la situación crítica de la agricultura almeriense. A pesar de las altas cifras de producción y exportación, el candidato señala que los beneficios no están llegando de forma equitativa a los productores ni a las trabajadoras del manipulado. Denuncia la entrada de productos de fuera del Estado español que no están sometidos a las mismas exigencias fitosanitarias ni laborales, lo que genera un sobrecoste para el agricultor local que debe competir en desigualdad de condiciones. Ante esta realidad, Coalición Andalucista propone impulsar medidas concretas como el establecimiento de precios mínimos para evitar que el valor de los productos se desplome hasta los 30 céntimos cuando el coste de producción es muy superior.
El problema del agua ocupa también un lugar destacado en su programa, diferenciando las necesidades entre el Poniente y el Levante almeriense. Salmerón pone el foco en zonas como Níjar, donde la dependencia de las desaladoras y el elevado coste de la energía suponen una amenaza para la rentabilidad de las explotaciones. Aunque se están explorando soluciones mediante el uso de placas solares, el candidato advierte de que el sobrecoste sigue siendo inasumible para muchos. Por ello, aboga por una gestión hídrica eficiente desde la Junta de Andalucía que dé respuesta a la realidad de un territorio que es un desierto convertido en vergel por el esfuerzo de sus habitantes.
En cuanto a las infraestructuras, Salmerón critica duramente el aislamiento que sufre la provincia de Almería. La alta velocidad ferroviaria sigue siendo una promesa incumplida con plazos que se dilatan constantemente. De hecho, el candidato recuerda que las obras de la estación de Vera no se terminarán, en el mejor de los casos, hasta la segunda mitad de 2028. Esta situación obliga a los almerienses a vivir una realidad anacrónica en la que, al comprar un billete de tren, a menudo terminan subiendo a un autobús para completar el trayecto. Además, señala el mal estado de las carreteras en el límite con Murcia y los elevados precios de las conexiones aéreas con Madrid, que dificultan la movilidad y el desarrollo económico del territorio.
La financiación territorial y el modelo de Estado son otros puntos de fricción para los andalucistas. Salmerón denuncia las desigualdades en el reparto de fondos por parte de la administración central, poniendo como ejemplo que para dependencia el Estado aporta un 50 por ciento en otros territorios mientras que en Andalucía solo llega al 30 por ciento. Esta disparidad se traslada también a los salarios de los empleados públicos, como los docentes o los miembros de la guardia civil, quienes perciben menos remuneración por el mismo trabajo que en otras comunidades. Para el candidato, es fundamental evitar que se rompa la caja común de la seguridad social, ya que esto perjudicaría directamente a los intereses de los andaluces.
Sobre la cuestión de la inmigración, Salmerón adopta una postura pragmática y alejada de los discursos de la ultraderecha que piden prioridad para los nacidos en el Estado. Reconoce que la mayor parte de la población inmigrante viene a trabajar en tareas agrícolas que a menudo no son cubiertas por la población local, conviviendo con normalidad en los municipios almerienses. Por otro lado, en materia de vivienda, el candidato andalucista apuesta por la creación de vivienda pública desde la Junta de Andalucía para ayudar a los jóvenes a acceder a un hogar digno, considerando que tanto el gobierno andaluz como los ayuntamientos tienen margen para hacer mucho más de lo que se está gestionando actualmente.
Finalmente, ante el panorama político de posibles pactos tras las elecciones, Salmerón desvincula a su coalición de los bloques tradicionales de izquierda o derecha, asegurando que su único compromiso es con la tierra. Lamenta la falta de visibilidad en las encuestas oficiales a pesar de contar con una base municipal sólida, con cerca de 120 alcaldes integrados en la coalición a través de Andalucía por Sí. El candidato confía en que estos comicios supongan el resurgir del andalucismo en la provincia, recordando épocas pasadas donde la formación tuvo un peso significativo en ayuntamientos como el de la capital o en localidades como Zurgena, Vera o Antas. Para Salmerón, el objetivo es claro: recuperar la fuerza política para que Almería deje de ser una provincia olvidada en los centros de decisión.