Opinión

Patinazo

Rafael M. Martos | Jueves 14 de mayo de 2026

«Patinazo a dos pasos del final, juego sucio el que hay aquí detrás. Los amuletos ya no sirven para nada. Soy parte de una estadística más, es difícil de imaginar». Lo cantaba Enrique Villarreal, el «Drogas», con Barricada, y parece que la letra le viene como anillo al dedo a la actual campaña electoral en Andalucía. Hay grupos de rock que son eternos, y hay errores políticos que, por desgracia para sus autores, también aspiran a la posteridad.

El último —o el penúltimo, que con este ritmo de crucero nunca se sabe— lo ha protagonizado María Jesús Montero, candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía por el PSOE. Ocurrió en el escenario del que pomposamente llamaron «debate definitivo» en Canal Sur. Allí, en un lance que no figuraba en la escaleta ni en los bloques de temas pactados, surgió la tragedia de los guardias civiles de Huelva asesinados mientras intentaban interceptar a unos narcotraficantes. Y ahí saltó el patinazo.

¿Pero María Jesús Montero lo calificó de «accidente laboral»? Pues no y sí. José Ignacio García, de Adelante Andalucía, separó claramente los accidentes laborales de la muerte de los agentes, pero ella no, hiló ambos temas como si nada. Y cuando Manuel Gavira, de Vox, le dijo a ella directamente «no ha sido un accidente laboral, señora Montero, ha sido un asesinato», ella ni pestañeó, no le desmitió, no le acusó de crear un bulo, sencillamente puso en valor el aumento de medios y personal. Pudo haber rectificado, o aclarar la confusión, pero no lo hizo, y quien calla, otorga.

Un patinazo monumental. No se trata de cuestionar si en el Gobierno de Pedro Sánchez ha aumentado o no la dotación de agentes o las plazas de oposición, datos que el papel aguanta con estoicismo. El problema es la semántica de la insensibilidad. Un accidente laboral es tropezar con un cable en la oficina o que se te caiga un archivador en el pie, incluso caer de un andamio... un accdiente laboral puede ser mortal, claro, y no menos terrible, doloroso o repudiable; pero morir embestido por una narcolancha mientras te juegas el tipo en el mar es una muerte en acto de servicio. No es que el agente se cayera por las escaleras de la comandancia ni que se le disparara el arma limpiándola. Es un enfrentamiento contra el crimen organizado.

Esta realidad, que durante años pareció un guion de cine negro exclusivo de Cádiz, ha metastatizado hacia Huelva y ya ha alcanzado la otra punta de la Comunidad Autónoma, instalándose en la provincia de Almería. Aquí, en nuestra tierra de sol y plástico, el narcotráfico ya no es un rumor lejano, sino un cáncer que se expande semabrando de bidones de gasolina Cabo de Gata. Vemos con frecuencia cómo la Subdelegación del Gobierno y la Guardia Civil informan de la interceptación de «petaqueros»: chavales jóvenes que ven en el transporte de combustible para las narcolanchas una salida profesional rentable. Un "emprendimiento" muy lucrativo hasta que terminan en la cárcel, torturados o con un par de tiros por un ajuste de cuentas.

Decía la Asociación Española Contra el Cáncer que para el año 2030 se espera que el 70% de los pacientes sobrevivan si se detecta a tiempo. La sociedad también puede recuperarse de la lacra del narcotráfico, pero para eso hace falta algo más que estadísticas: hace falta sensibilidad. Esa misma que le falta a quien parece creer que bajarse del coche oficial de la Vicepresidencia del Gobierno para ser candidata en Andalucía es poco menos que un favor personal que nos hace a los andaluces, en lugar de entenderlo como el mayor honor político al que puede aspirar un ciudadano andaluz.

El historial de María Jesús Montero en la gestión pública está lleno de estos derrapes. Resulta paradójico que elija la sanidad como punta de lanza de su crítica cuando ella misma fue Consejera de Salud de la Junta de Andalucía. Basta con tirar de hemeroteca para recordar que los retrasos en los protocolos de cribado de cáncer de mama fueron fruto de su propia gestión. O el tema del cribado de cáncer de colon: una promesa socialista incumplida durante años que solo se ejecutó de forma efectiva cuando llegó el Partido Popular de Juanma Moreno.

Es de una audacia casi temeraria llamar «asesino» a Juanma Moreno por un error de protocolo o una gestión cuestionable, cuando fue precisamente bajo el mandato de María Jesús Montero cuando miles de personas esperaron un cribado de colon que no llegaba. Entre ellos, por cierto, el propio padre del actual Presidente de la Junta de Andalucía.

Hay frases que sentencian una campaña y definen a un político. Insistir con vehemencia en que una ejecución a manos de narcos es un «accidente laboral» no es un error de guion, es un retrato de la desconexión con la realidad de quienes se juegan la vida en la costa. Los amuletos ya no sirven para nada, María Jesús, y el patinazo ha sido a dos pasos del final.

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