Opinión

Los juegos electorales

Rafael Sanmartín | Jueves 14 de mayo de 2026

¿Por qué es tan importante Andalucía para ellos, si luego no les importa ni les preocupa ni siquiera un poco? Durante la campaña, todos están aquí, los partidos menos votados y los centralistas. Todos se inflan a mencionar (en vano) el nombre de Andalucía, y luego, durante la labor de gobierno su “lógica” consiste en recortar. A lo necesario, para financiar lo accesorio. O dicho de otra forma: recortar a la enseñanza, y a la sanidad pública, para engordar a la privada; o a la cultura identitaria para ensalzar cada vez más a lo más amorfo y equívocamente “moderno”, empezando por el pseudo flamenco, estilo que, al menos, debería demostrar la dignidad de buscarse un nombre, en vez de manchar el arte.

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Esto viene de atrás, eso es lo peor. Cuando los partidos españolistas de derecha e izquierda y sus correspondientes sindicatos inculcaban en su gente y proclamaban en público y en privado: “primero la democracia, después la autonomía”; “no podemos entretener un solo minuto de la lucha por la democracia”, o incluso “Andalucía no tiene señas de identidad propia, es una continuación de Castilla”, habían sembrado la semilla de la clara discriminación contra la Comunidad natural más extensa y poblada. Pero ¿Por qué? El ingreso en el Mercado Común (hoy UE) con la entrada de empresas poderosas para adueñarse de las locales y cerrarlas, hizo hasta inventarse una supuesta “cultura europea” que todo el mundo debía seguir, como si Europa se hubiera creado al unísono y con ello gozara de una sola cultura propia y no con un abanico de culturas. Lo inculto es pretender igualar la balalaika, el sirtaki, la beryozca o el flamenco. Asegurarlo es propio de una carencia absoluta de cultura.

Eliminar la cultura de un pueblo es la mejor forma de anularlo y dominarlo. Eliminar, también su economía, es tenerlo a su disposición. Y la UE, además de eliminar la industria andaluza con la inestimable ayuda española, creó una Política Agraria Común (PA), con el fin de “proteger la agricultura interior”, pero por lo visto la andaluza no debe ser considerada “interior” en Europa, porque la PAC no se respeta por las autoridades europeas. A fin de que los grandes vendan su maquinaria, coches o bienes de equipo, permiten la importación de agricultura, aún en competencia desleal, pues no se les exigen las condiciones de seguridad alimentaria exigidas en el interior, por tanto mantienen en absoluta desventaja a la agricultura andaluza.

Y a todo esto los diputados y senadores, ochenta y nueve en total, olvidan absolutamente todas sus veladas promesas, todos los compromisos lanzados sin comprometerse durante la campaña. Peor aún: porque no sólo es dinámica de las cortes generales, su política es exactamente la misma en Las Cinco Llagas y en San Telmo. A Andalucía se viene a defender a España, en un autodesmentido vergonzoso, porque si Andalucía es España, si fuera así y así lo consideraran, defender Andalucía formaría parte de, sería parte de la defensa de España.

Algo falla. Algo está mal encajado cuando en la práctica, defender Andalucía y España son consideradas antagónicas por el propio Parlamento y el Gobierno español. De lo contrario no podría explicarse que Andalucía fuera a principios del siglo XX la Comunidad que más aportaba al fisco y ahora se hable de la tercera en números totales, y la última en números relativos. Y que hayan sido los propios gobiernos españoles desde el siglo XVIII, los primeros actores responsables de la pérdida de industria, de economía y, por supuesto, de banca. (Véanse, del autor: “Europa ¿solución o problema?” (Entrelineas 2020), y “Andalucía, un mundo colonial” (Averroes libros, 2024).

En definitiva, Andalucía es importante para los partidos centralistas porque cuenta con sesenta y nueve diputados y pelean por conseguirlos para ellos. Porque a toda costa quieren impedir que el Parlamento de Andalucía pueda pensar y actuar por sí mismo, que sus parlamentarios se sientan andaluces y sean consecuentes con el encargo del pueblo andaluz. Ese es el motivo de su interés en Andalucía durante las campañas electorales, porque ese es el encargo del verdadero poder al que obedecen, mucho antes que a sus votantes. Ahora acaban de empezar un nuevo periodo de cuatro años. Otros cuatro años para ver desgañitarse a los partidos con menor número de votos, mientras los más votados siguen agrandando la brecha entre Andalucía y “su” España.

¿O alguien cree que cambiará algo?

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