Opinión

Castigo a Pedro Sánchez

Rafael M. Martos | Lunes 18 de mayo de 2026

Se apagaron las luces de los colegios electorales este domingo 17 de mayo, y la primera gran conclusión de estas elecciones autonómicas de Andalucía es la de siempre: qué bonita profesión la de analista de demoscopia, donde uno puede equivocarse sistemáticamente y seguir conservando el empleo. Aunque, siendo rigurosos, esta vez las empresas de encuestas no han fallado por completo, sino que se han limitado a deslizarse por la parte más cómoda y cobarde de sus propias horquillas.

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Todos los vaticinios situaban al Partido Popular de Juan Manuel Moreno Bonilla en el limbo de la mayoría absoluta, fijada en 55 escaños de los 109 que componen el Parlamento de Andalucía. Finalmente, los populares se han tenido que conformar con 53 asientos. Es decir, la parte baja de la horquilla y un billete directo a la realidad de tener que negociar. Al otro lado, Vox, con Manuel Gavira al frente, ha logrado arañar un escaño más hasta plantarse en los 15, confirmando ese ligero estancamiento del que ya hablaremos largo y tendido en otra ocasión, porque la verdadera miga de la jornada no está en los que se quedan a las puertas, sino en los que se han hundido con todo el equipo.

El titular indiscutible de la noche es el clamoroso castigo que los electores han propinado a Pedro Sánchez.

Si nos fijamos con atención en la anatomía del desastre socialista, advertimos que el Partido Socialista Obrero Español de Andalucía (PSOE-A) presentaba como gran referente a María Jesús Montero, vicepresidenta primera del Gobierno de España y ministra de Hacienda. Ella, la gran valedora de las políticas estatales en Andalucía, la candidata impuesta por el dedo divino de la Moncloa para revitalizar el sur, ha terminado firmando el peor resultado en la historia de su formación política. Apenas 28 escaños. Dos menos de los que cosechó Juan Espadas en 2022, que ya entonces parecía haber tocado fondo. Resulta casi poético que la encargada de cuadrar las cuentas del Estado no haya podido salvar las suyas propias en su tierra.

Pero la sangría del bloque gubernamental de Madrid no termina ahí. Los socios de coalición del presidente del Gobierno también han recogido sus pertenencias en cajas de cartón. La marca local vinculada al espacio de Sumar, la coalición Por Andalucía liderada por Antonio Maíllo, se ha pegado un soberano estacazo al quedarse con tan solo 5 escaños.

Frente a este colapso de la izquierda sumisa a las directrices de la capital del Estado, ¿quién ha capitalizado el descontento? Una corriente netamente andaluza, autónoma y profundamente crítica con Ferraz. Adelante Andalucía, el proyecto que defiende José Ignacio García, ha pasado de la irrelevancia de sus 2 diputados en el Grupo Mixto a la nada desdeñable cifra de 8 parlamentarios.

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El veredicto es de una obviedad palmaria, por mucho que en los despachos de la Moncloa intenten maquillar el cadáver político: quien ha perdido estas elecciones no ha sido una marca abstracta, ha sido el sanchismo y sus satélites. Es el mismo patrón de desgaste, el mismo aroma a fin de ciclo que el PSOE ya experimentó en la Comunidad Autónoma de Aragón, en Extremadura o en Castilla y León. Pedro Sánchez está conduciendo a las siglas históricas de su partido hacia el abismo, y el mapa electoral empieza a parecerse demasiado a un solar para las huestes socialistas.

Ante este panorama de demolición controlada, el calendario ofrece una única encrucijada en el horizonte: las elecciones municipales.

Si el presidente decide enrocarse y no adelantar los comicios generales, serán los alcaldes y candidatos socialistas de los distintos municipios quienes paguen los platos rotos y reciban el próximo golpe de gracia de los votantes, totalmente gratis y por cuenta de su líder. En cambio, si decide convocar elecciones estatales, el impacto se lo llevará él en primera persona, permitiendo quizás que algunos regidores locales salven sus ayuntamientos al desvincularse del ruido central. No obstante, conociendo el egocentrismo patológico del inquilino de la Moncloa, huelga decir qué opción elegirá: antes caerá hasta el último alcalde de provincias que un solo milímetro de su propio sillón.

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