Opinión

Regionalismo NO ES Independentismo

Juan José Cano | Martes 19 de mayo de 2026

[publicidad:922]

El lenguaje es el primer territorio que conquista la manipulación política. Cuando las ideas escasean y los datos se vuelven incontestables, el recurso al espantapájaros conceptual se convierte en la única estrategia de supervivencia para quienes ven peligrar sus sillones. Lo hemos visto en esta campaña electoral: ante la irrupción de una alternativa netamente almeriensista, el aparato centralista ha activado la maquinaria del miedo, recurriendo al burdo truco de colgarle a Almerienses la etiqueta de "independentismo".

No es casual, desde luego, que la estocada se intente asestar desde fuera. Cierto titular publicado en la cabecera sevillana de ABC no respondió a la ignorancia, sino a una calculada operación de desgaste diseñada en despachos locales que no se atreven a hacer el trabajo sucio en los medios de la provincia. Prefirieron subcontratar en la capital autonómica para evitar el desgaste en casa. Es la paradoja de nuestro tiempo: en un mundo globalizado donde Almería está infinitamente mejor conectada por las redes e internet que por el tren o el avión, las cloacas políticas operaron con la misma fluidez y falta de fronteras, utilizando terminales mediáticas foráneas afines para linchar civilmente al disidente y prolongar así nuestro silencio.

El culmen de esta burda maniobra se alcanzó durante la jornada de reflexión. Una página de Facebook, bautizada como “Quédate en Andalucía”, sirvió de vertedero para una catarata de insultos personales de absoluta gravedad. Una campaña de escarnio público que sigue activa hoy en día ante la pasividad cómplice de las redes sociales. Cuando los argumentos expuestos en un programa electoral son impecables y se basan en auditorías, plazos y datos económicos que nadie quiere poner encima de la mesa, el único camino que le queda al adversario es la difamación personal.

Acudamos a la Real Academia Española, algo que hago habitualmente, para deshacer el entuerto que tanto interesa confundir. El regionalismo es, por definición, el “amor o apego a determinada región de un Estado, y a las cosas pertenecientes a ella”. Por el contrario, el independentismo es la “movimiento que propugna o reclama la independencia de un territorio respecto del Estado al que pertenece”.

[publicidad:922]

La diferencia no es solo semántica; es profundamente ética y existencial. El regionalismo es un movimiento en positivo, nacido de la carencia. Los que no tienen nada —o a los que se les ha privado de lo que justamente les corresponde— solicitan pacíficamente un trato equitativo. Es el grito de la periferia olvidada. El independentismo, en cambio, suele operar en negativo, desde el privilegio y el supremacismo: los que tienen mucho exigen más, rompiendo los lazos de la solidaridad y recurriendo históricamente a la coacción o la tensión civil. Almerienses no pide privilegios ni fronteras; exige reciprocidad tributaria y que lo que aquí se produce retorne en infraestructuras y servicios dignos. ¿Hay algo menos rupturista que reclamar que nuestros impuestos sirvan para bioclimatizar colegios o dotar de médicos a nuestros hospitales?

Quienes pretenden equiparar el orgullo provincial con la quema de contenedores sufren de una severa amnesia política o de una tremenda hipocresía. Cuando Miguel Ángel Revilla y el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) defendían los intereses de su tierra, se les abrieron de par en par las puertas de los platós nacionales; nadie acusó al expresidente cántabro de ultrajar banderas ni de dinamitar la convivencia. Si miramos a las Cortes de Castilla y León, la Unión del Pueblo Leonés (UPL) lleva años sentando parlamentarios legítimos y promoviendo una autonomía propia para la Región Leonesa. Es más, la moción para constituir una comunidad autónoma uniprovincial en León ha sido respaldada en el propio ayuntamiento capitalino y en la Diputación de León por concejales y diputados de los mismos partidos nacionales que aquí, en Almería, rasgan sus vestiduras verdiblancas ante el menor atisbo de disidencia identitaria almeriense.

¿Por qué en León el regionalismo es un derecho constitucional respetable y en Almería se tacha de "conspiración separatista"? La respuesta está en la comodidad del centralismo andaluz, habituado a contar con una delegación sumisa de parlamentarios almerienses que, durante más de cuarenta años, rojos y azules, socialistas y populares, han acudido a Sevilla a votar lo que dictaban las siglas de sus partidos antes que a defender la tierra que los votó.

El programa electoral de Almerienses no contiene un solo párrafo que hable de romper con Andalucia, ni de levantar aduanas, ni de desobediencia civil. Contiene doce compromisos de gestión con fecha, métrica y auditoría pública. Habla de ampliar la desaladora del Poniente, de erradicar los barracones educativos, de lograr que un paciente vea a su médico de cabecera en menos de 72 horas y de exigir que la Consejería de Agricultura tenga su sede física en el lugar donde se produce el sustento agroalimentario de Europa.

Esto nunca ha ido de romper nada, sino de reparar el agravio histórico que arrastramos desde hace décadas. Almerienses no se conforma con este diseño identitario andaluz que tantas veces pretende diluirnos bajo tradiciones que nos son ajenas a lo almeriense. El veredicto de las urnas ya es una realidad, pero la verdadera batalla por nuestra dignidad no termina en un recuento electoral; al contrario, desde hoy seguimos trabajando para consolidar el hecho diferencial almeriense en todas las esferas de la vida pública.

Los ataques y el miedo de las élites centralistas solo demuestran una cosa: que hay una Almería que ha despertado y que nuestra identidad es un motor imparable. Es el momento de defender con orgullo nuestra milenaria historia y una prehistoria que nos hace únicos en el mundo. De proteger con uñas y dientes nuestra cultura, nuestra rica etnografía, nuestros pozos, aljibes y monumentos abandonados. De reivindicar nuestras fiestas, la singularidad de nuestros trajes, la belleza de nuestros bailes y el sabor inconfundible de una gastronomía nacida del esfuerzo. Almerienses va de cuidar nuestras raíces, de blindar nuestro futuro y de exigir el derecho a vivir con dignidad donde decidieron asentarse nuestros antepasados. Porque Almería no debe ser siempre la última en todo. Almería es nuestra vida, nuestra esencia y nuestra prioridad. Desde Almerienses hemos dado el paso, y esta vez, no van a poder silenciarnos más.