Opinión

Andalucía y el cocktail de Sánchez

Antonio Felipe Rubio | Jueves 21 de mayo de 2026

Juanma Moreno llegó al poder en unas elecciones que ganó Susana Díaz (PSOE). El PP de Andalucía pactó el gobierno con Ciudadanos y contó con el apoyo de VOX. Así, aun ganando Susana, Moreno fue investido presidente tras treinta y ocho años de socialismo. Desde entonces han prodigado activos grupos de resistencia socialista que el PP no ha sabido, no ha podido o no ha querido erradicar. El temor a recibir críticas por una “limpia” -que el PSOE jamás hubiese dudado en cerocoma- ha activado el apoyo de un socialismo latente y superviviente en instituciones, asociaciones, empresas públicas, medios de comunicación y otras actividades conducentes a mantener y reavivar el rescoldo socialista.

El sempiterno déficit en comunicación y marketing del PP ha fiado sus éxitos en la gestión; éxitos que, siendo palpables e incontestables, han supuesto el epicentro de las críticas socialistas (sanidad, educación, servicios sociales…), sin obtener respuestas contundentes por parte de un PP convencido de que el buen paño en el arca se vende. Por el contrario, el PSOE se desinhibe de complejos y saca a pasear sus propuestas; las mismas que habrían de abochornarle por la pésima gestión realizada durante un largo periodo de gobierno socialista. No, no se arredran. Traen a Zapatero a Almería. Entusiastas y emocionados, los dirigentes socialistas locales vitorean y felicitan a ZP por los logros alcanzados en Almería. ¿Logros? Acaso se felicitan por la derogación del Plan Hidrológico Nacional.

El. apoyo casi millonario (947 713 votos), aunque suponga el peor resultado histórico del PSOE, también es la constatación y consecuencia del trabajo inacabado del Partido Popular en Andalucía. Sólo Almería, cansada y escarmentada de tantos retrasos, mentiras y frustraciones ha relegado al PSOE a la tercera fuerza política provincial.

Juanma Moreno ha eludido cualquier apelación a la corrupción socialista durante la campaña. Al contrario, se ha mostrado combativo con la “prioridad nacional”. Esta posición, refractaria al principal argumento de VOX, le lleva a la tesitura de optar por un gobierno en solitario o con el apoyo de VOX y asumiendo sus “líneas verdes”. La opción del pacto con VOX, de la que Moreno Bonilla abomina, es ineludible para el gobierno de las comunidades autónomas y será inexcusable para la presidencia del Gobierno de España. Las mayorías absolutas son cada vez más caras de conseguir. Obcecarse en espejismos sólo beneficia al contrario que, sin complejos, opera con total impudicia.

Treinta y ocho años de gobierno socialista han generado una reminiscencia de aquella Andalucia de Lujo, Andalucia 2.0 y Andalucía Imparable. A pesar de los ERE fraudulentos, los cursos de formación de los sindicatos comegambas, el despilfarro, el clientelismo, etc. Andalucía continuaba votando al PSOE de Chaves, Griñán y Susana. Y ahora, con igual ambiente mefítico, el PSOE ha sufrido una discreta derrota que no justifica ese respaldo de casi un millón de votantes. Pedro Sánchez, que es malvado, pero nada de tonto, ha querido prospectar hasta donde podría llegar con esta aventurada alquimia electoral. Ha puesto a Andalucía al máximo de revoluciones para ver si el motor gripaba. Practicó un test de estrés llevando a tope los parámetros de resistencia en sus adeptos. Pedro Sánchez quería ver hasta dónde pueden llegar sus incondicionales, y el efecto surtido de la pedagogía sectaria que sigue animando la confrontación y la aversión/hodio a la derecha.

Ya van cuatro fracasos consecutivos y cuatro candidatos achicharrados, pero eso no es problema. Sánchez tiene puesto el foco en las elecciones generales; “sus” elecciones generales. Con los territorios -casi todos- en manos de la derecha y la extrema derecha, Sánchez subirá el tono del peligro que supondría la supremacía nacional del “fascismo”. Crecerá la alarma general extendida a la legión de asesores, diputados, senadores, alcaldes, concejales, parlamentarios, parientes y allegados que, anteponiendo su supervivencia, no obstaculizarán la destrucción total del Partido Socialista Obrero Español.

El experimento andaluz ha satisfecho a Sánchez. Contabiliza casi un millón de apoyos y excita una izquierda que es un más que probable apoyo para sus intereses. No olvidemos que Adelante Andalucía es un perfecto aditivo para el cocktail que Sánchez combina: una buena dosis comunista, unas gotas de independentismo, una pizca filoterrorista, un toque antifascista, angostura de andalucismo woke y sirope de precisados oportunistas para poner la guinda. Y, ahora, a agitar la coctelera (Agitprop)… y a ver qué sale.

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