Iván Montoya es almeriense. Esther Martínez, de Linares. Hace tiempo se enamoraron del mundo y llevan años recorriéndolo juntos y compartiendo sus experiencias en Pasaporte a la Tierra, el blog que dirigen. De todos los países que han pisado, hay uno que guardan con especial cariño: Myanmar, un rincón del sudeste asiático todavía ajeno al turismo masivo, donde la gente los paraba por la calle para hacerse fotos con ellos y donde Iván se arrodilló para pedirle matrimonio a Esther. De aquel viaje tan especial tomaron prestado el nombre para su perro Bagán, el tercer integrante inseparable de cada aventura.
Esther e Ivan se conocieron en la universidad, la pasión por viajar unió sus vidas para siempre. Fue en Nueva York, gracias a una beca universitaria donde descubrieron que recorrer juntos el mundo era lo que más disfrutaban hacer juntos.
La vida los llevó a Manchester años después donde estuvieron viviendo cinco años, fue allí donde en 2018 nació su blog Pasaporte a la Tierra.
El proyecto surgió de la necesidad de compartir sus experiencias con otros viajeros y fue la ilusión de poder inspirar a otros lectores la que les condujo a consolidar su blog. “Siempre habíamos visitado blogs para organizar nuestros propios viajes y teníamos la ilusión de compartir nuestra experiencia con otros”, explica Iván.
Actualmente, Pasaporte a la Tierra es una de sus fuentes de ingreso principales y es que Ivan es autónomo y se dedica a tiempo completo al blog mientras Esther lo compagina con su trabajo principal. La división de tareas es clara: él escribe los artículos sobre qué visitar, los principales puntos de interés turístico y las actividades en cada destino; ella se encarga de las recomendaciones gastronómicas, el alojamiento y la logística del viaje.
Hace a penas un año y medio, llegó a sus vidas Bagán, un perro de casi 35kg al que rescataron de un refugio. Desde entonces su forma de viajar ha cambiado por completo. “Hacemos los viajes pensando en él, no pensamos en la idea de dejarle en una guardería o subirle a la bodega de una avión ”, explica Esther.
Este perro al que cariñosamente han apodado lobito forma parte de todos sus planes viajeros y recorre con ellos los destinos que visitan desde el asiento trasero del coche. “Al principio le daba miedo subir al coche, pero conseguimos reeducarle con premios y ahora se monta solo”, recuerda Ivan.
Viajar con animal de dimensiones considerables tiene, sin embargo, sus propias limitaciones. Probablemente el mayor obstáculo lo encuentran en el transporte, y es que por ahora los aviones no parecen admitir animales como Bagán en cabina, quedando reservado su espacio en la bodega, junto al equipaje del resto de pasajeros.
Otra de las barreras que frecuentemente sortean es la de los alojamientos y es que aunque cada vez hay más hospedajes pet friendly, lo cierto es que España sigue a la cola de otros muchos países como Suiza o Alemania que permiten las mascotas en la mayoría de los transportes públicos.
En un sector donde la sobreexposición de destinos en redes sociales puede arruinar sus ecosistemas, la pareja ha hecho de la divulgación responsable uno de sus sellos de identidad. "La idea no es ocultar los sitios a la gente, sino educar para visitarlos con respeto", afirma Iván. Esther lo resume con contundencia: "Tenemos que ser conscientes de lo que tenemos y cuidar el medio ambiente; es la casa de todos".
Han sido testigos de primera mano de los riesgos que el turismo de masas puede causar no solo en la preservación de entornos naturales, sino en la autenticidad de la cultura local del destino.
Recuerdan Capadocia como un lugar espectacular. Su experiencia allí, sin embargo, se vio nublada por una masiva campaña publicitaria china que disparó los precios de los vuelos en globo aerostático y transformó la oferta gastronómica local.
La situación en Tenerife es incluso más crítica. Durante su estancia en Costa Adeje, asistieron a una excursión de kayak impartida íntegramente en inglés, eran los únicos hispanoparlantes allí. En un enclave donde el producto de km0 es excelente y la despensa es excepcional, la hostelería importa productos británicos de miles de kilómetros. "Hay muchos turistas que buscan sentirse en casa pero con la playa al lado", ironiza Iván.
El Premio Día de Internet 2026 no llegó a la primera ni a la segunda. Era la cuarta vez que se presentaban. El proceso de selección de los finalistas es tedioso. Son los propios candidatos los que realizan la inscripción y promocionan las votaciones a través de redes sociales. Una vez transcurrido el periodo, se escogen a los tres finalistas, de los cuales un jurado conformado por la organización del evento decide el ganador. El 18 de mayo, en el Senado, fue Esther quien subió al escenario acompañada de su madre. Iván no pudo acudir. “No nos esperábamos ganar; cuando subí a por el premio me quedé sin aire, sin palabras”, recuerda Esther.
La prensa se está haciendo eco del galardón recibido, lo que ha impulsado su presencia en Internet y le ha ayudado a posicionarse de forma relevante. La pareja destaca que se trata de un reconocimiento poco habitual en el sector de los viajes: "Hay pocos concursos que se dediquen a contenido de viajes y en muchas ocasiones ni siquiera puedes postular tu propia candidatura porque la seleccionan previamente".
La pareja ha recorrido medio mundo, es precisamente por ello por lo que valoran tanto la tierra que los vio crecer. Les preguntamos por los grandes destinos olvidados, por aquellas propuestas turísticas que a veces relegamos a una segunda opción. Ellos lo tienen claro y reivindican el turismo local.
Esther opta por Jaén, destacando sus paisajes variopintos, la Sierra de Cazorla o el encanto de la capital y de Linares. Iván, por su parte, defiende su tierra con entusiasmo: "Tenemos todo tipo de paisajes, playas vírgenes, un entorno natural protegido único y una de las mejores gambas del mundo en Garrucha. Mi familia era de Níjar, uno de los pueblos más bonitos de España. En Almería tenemos playas, desierto, nieve y bosque en un radio de pocos kilómetros".