La distribuidora e-distribución, filial de infraestructuras del grupo Endesa, ha completado una partida inversora de 200.000 euros orientada a la transformación tecnológica de dos centros de suministro eléctrico ubicados en el sector meridional del barrio de El Puche, en la ciudad de Almería. El proyecto dota a estas instalaciones, operativas desde el pasado ejercicio, de sistemas digitales de última generación para posibilitar su control y reparación remota en tiempo real.
Con la incorporación de nuevos disyuntores de baja tensión y mecanismos de telecontrol en media tensión, la operadora evita que las brigadas de mantenimiento deban personarse físicamente ante incidencias provocadas por el colapso de las líneas, un fenómeno directamente vinculado a las conexiones clandestinas y masivas que abastecen a plantaciones de droga en el interior de viviendas.
Ambas estaciones de distribución eléctrica se sitúan de forma contigua en la calle Mar de Alborán, mediando apenas ochenta metros entre ellas. Cada bloque aporta una capacidad técnica de 2.000 kilovoltamperios (kVA), un despliegue que ha servido para descongestionar un tercer transformador cercano que operaba al límite de sus posibilidades debido a la presión de la demanda ilícita.
La infraestructura disponible en la franja sur de esta barriada almeriense acumula una potencia total de 4.630 kVA entre los puntos de Mar de Alborán y la estación de la avenida Mare Nostrum. Este volumen energético global equivale al gasto ordinario que requiere un recinto sanitario de grandes dimensiones, como es el caso del Hospital Universitario Torrecárdenas.
Si se analiza el conjunto del barrio, la red dispone de una decena de instalaciones que suman 12.150 kVA, una fuerza energética capaz de abastecer a tres complejos hospitalarios simultáneos. Desde la firma eléctrica recalcan la anomalía que suponen estas cifras en un entorno netamente residencial que carece de polos industriales, desarrollos urbanísticos recientes o picos demográficos que justifiquen técnicamente tal volumen de consumo.
Los balances de la compañía estiman que el índice de fraude en el fluido eléctrico alcanza cotas del 90 por ciento en los puntos más críticos de la zona sur. Por este motivo, el dimensionamiento de las infraestructuras actuales llega a multiplicar por cuatro las necesidades reales de los residentes que cuentan con contratos de suministro en situación regular.
Pese al sobredimensionamiento de la red para absorber la demanda, la proliferación de cultivos interiores de estupefacientes sigue generando situaciones de saturación extrema. Los técnicos recuerdan que cada una de estas plantaciones requiere un flujo eléctrico equiparable al consumo simultáneo de ochenta hogares residenciales con actividad continuada durante todo el año.
La empresa incide en el riesgo latente que estas manipulaciones masivas suponen para el vecindario, dado que la sobrecarga del cableado ha derivado en incendios en los cuadros eléctricos. Estas alteraciones ilegales no solo degradan los componentes públicos de distribución, sino que además provocan cortes imprevistos de luz que merman la calidad de vida de los usuarios abonados y condicionan el día a día de los pequeños comercios locales.