Opinión

La caída del diputado

Juan Torrijos Arribas | Jueves 28 de mayo de 2026

Cuando se habla de la caída de un político, sea este edil, diputado, parlamentario o señoría en las cámaras generales del estado, normalmente se está hablando de una caída que afecta a su estatus político. Es como lo que le ocurrió en su momento a Ábalos, Cerdán, y el mismo camino que lleva Zp, o que han sufrido por un comentario que le sentó mal al jefe, caso de María Jesús Montero, y te manda de romería al Rocío, que ha estado de actualidad en estas fechas, a que reces por tu futuro. En este caso nos referimos a un diputado provincial del Pp. ¿Caída política la suya? O simplemente una caída en medio de una fiesta, sobre un escenario donde se cantaba y se disfrutaba de un rato de asueto.

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Imagino que ya están empezando a buscar el nombre del político que se pueda ver afectado en la caída, y leyendo con prisas a ver si este aparece en los próximos renglones de este Paseo Abajo. Tiene morbo, lo entiendo, los humanos somos así cuando se trata de ver la caída de alguien, y sobre todo si es político. Los rivales se alegran de la caída del contrario, los propios por aquello de que puede dejar un hueco libre a ocupar por los que vienen empujando detrás. Pero así es la vida, y no solo en lo que a la política se refiere.

Desde hace unos años, cuando se habla sobre la caída de un político, todos queremos saber si la misma tiene algo que ver con la corrupción, incluso si se ha producido un registro en su domicilio, si la Uco o la Udef están detrás del caballero. Es el ejemplo que nos ha ido ofreciendo la clase política que nos ha gobernado en los últimos cuarenta años. Y la bola se ha ido engordando con el paso del tiempo, llegando un momento en el que nadie se fía del que tiene sentado en el despacho del al lado. Y eso que en buena parte de Almería llevamos sin ver la nieve desde hace años, pero la bola rueda por los pasillos caminos de los despachos, se levantan móviles para intentar saber quien es el que ha caído y se hacen especulaciones.

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¿Están preocupados? ¿Hubo caída o no la hubo? ¿Va a dejar un hueco, le puede costar su carrera política? ¿Se le han encontrado joyas en la caja fuerte? Lo de las cajas van a traer cola. Son las preguntas que, imagino, se están haciendo los lectores. Pue sí. He de reconocer que el diputado cayó. Vamos, que la caída existió. Que no es un invento. Lo de que le cueste la carrera, no sé. Viendo que a Zapatero no le han abierto un expediente en su partido tras lo que hemos conocido, no creo que la caída le vaya a costar la carrera al diputado almeriense.

Les contamos el final de la historia, se la han ganado por llegar hasta aquí. La caída no pasó de un susto. Andaba el diputado Escobar, que de él se trata, en Alhabia, tierra de buena cerámica, a la que cantó en su día nuestra pregonera de la última edición de la feria del libro, Ana María Romero Yebra, y de cambio político que se está viendo en el apoyo de la Dipu. Un Tropiezo sobre un escenario lo tiene cualquiera, eso lo entienden ustedes. Si cantas se te puede ir un gallo, y no de pelea; si hablas, hasta es posible que digas alguna mentira, y en esa tarde de sábado el tropiezo lo tuvo el señor Escobar, y no fue a la hora de hablar. El tropiezo en el escenario vio cómo su cuerpo se doblaba y caía sobre la tierra. Y si no llegó a darse el morrón que se espera, fue por los brazos de dos aguerridos vecinos del río que lo recogieron en su caída. Un susto, solo fue eso, ya lo ven, y la oportunidad de contarles la caída de un político que por una vez acabó bien, cuestión esta que no suele ser siempre así.

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