Opinión

La Chanca, promesas y memoria

Ignacio Ortega | Jueves 28 de mayo de 2026

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He leído con interés el anuncio de la alcaldesa sobre el impulso que quiere dar a la Plaza Pavía y el entorno urbano. Al hacerlo, yo, que soy un hombre lleno de infancia, no pude evitar regresar a aquel niño de diez años que conoció La Chanca en los años cincuenta de la mano de su padre. Mi padre había ejercido aquí de funcionario durante la guerra civil, en aquella cárcel improvisada de El Ingenio. Quizás volvió años después para exorcizar los demonios que dejó enterrados en esta ciudad.

En aquel entonces, el paisaje humano del barrio seguía siendo el destino que la pobreza había dado a esta zona de la ciudad. De la mano de mi padre, entre gente que la posguerra había dejado tocados, caminábamos por calles y casas blanquísimas que me parecían clavadas unas a otras, tan básicas y anónimas, tan desnudas en su geometría, que parecían arrastrar un alma de miseria.

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Caminamos por aquel paraje de callejas destartaladas, hechas con lo poco que la pobreza dejaba a mano, aplastadas unas con otras como una hoja seca mojada. Aquellas estructuras perduraron hasta que, a principios de los años noventa, la Junta de Andalucía puso en marcha un plan de intervención urbanística y social ambicioso, conocido como el PERI de La Chanca, promovido por los vecinos, para preservar los elementos identitarios del lugar.

Tan bien estaba concebido aquel proyecto nunca que, cuando volví a Almería a finales de los años noventa, vi cómo, a medida que se ejecutaba aquella obra, parecía un milagro urbano tan olvidado que las promesas de abrigo cobraban vida. Aquello llegó a hacerme olvidar las imágenes clavadas en mi retina infantil, que es mejor no recordar. Pero aquel proyecto se quedó sin terminar.

Hoy me pregunto si ese conjunto de actuaciones sobre el casco histórico que anuncia la alcaldesa para conectar estratégicamente el centro de la ciudad con La Plaza Pavía es un proyecto real o apenas un episodio más en la narrativa de estos tiempos, como lo fue el PERI de La Chanca. Porque las promesas, cuando son electorales, confunde a la gente con espejismo que el tiempo se encarga de visibilizar.

Con todo, si el proyecto de intervención es convicción y no relato, lo dirá ese tiempo. Un tiempo al que los vecinos de estos barrios han sobrevivido envuelto en promesas, que apenas si les restan fuerzas como para emocionarse antes de tiempo.

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