Las defensorías universitarias de Andalucía han comenzado a abordar una nueva realidad que está impactando todos los ámbitos de la actividad en las universidades: la irrupción de la inteligencia artificial. En este contexto, la Universidad de Almería (UAL) ha sido la anfitriona de unas jornadas de trabajo exitosas, reafirmando su papel como espacios de garantía institucional destinados a proteger derechos, reforzar la proporcionalidad, favorecer la transparencia y evitar actuaciones arbitrarias o insuficientemente fundamentadas. Además, se ha destacado su función como instancias que sugieren a las instituciones la necesidad imperiosa de adaptarse para no devaluar el papel social, científico, cultural y económico que desempeñan las universidades.
Las conclusiones de las Jornadas organizadas en mayo en el campus almeriense, bajo el título 'Inteligencia Artificial: Retos y Oportunidades para las Defensorías Universitarias', ya están disponibles. Este informe se compartirá a nivel nacional a través de la Conferencia Estatal de Defensorías Universitarias. Un punto clave presente en todas las sesiones es que la IA no solo representa un desafío tecnológico, sino también ético, jurídico, organizativo y profundamente humano. La tecnología está modificando las formas de enseñar, investigar y gestionar dentro del ámbito universitario; sin embargo, el verdadero valor de estas jornadas radica en abordar esta cuestión desde la perspectiva de los derechos y garantías.
En cuanto a las conclusiones y propuestas surgidas durante el evento, se ha enfatizado la importancia de mantener una visión uniforme ante situaciones similares para evitar respuestas radicalmente distintas según la universidad o el contexto. Se ha debatido sobre la conveniencia de elaborar un manual ético común y protocolos específicos para actuar ante casos presuntamente fraudulentos relacionados con herramientas de IA. Asimismo, se ha señalado que es fundamental incluir reglas claras respecto al uso permitido o prohibido de IA desde el inicio en las guías docentes y en la información dirigida al alumnado.
Se han identificado dos líneas complementarias de actuación: por un lado, elaborar recomendaciones concretas por parte de las defensorías universitarias para orientar a las instituciones ante problemas detectados; por otro lado, identificar elementos comunes ya existentes en diferentes universidades para avanzar hacia un marco compartido que permita desarrollar respuestas coordinadas. Se ha propuesto crear una subcomisión dedicada a estas iniciativas y aprovechar estas jornadas para establecer una declaración clara sobre los principios defendidos por los defensores universitarios.
Actuar con rapidez es crucial. Bernardo Claros, Defensor Universitario de la UAL, ha expresado que “hoy ya es tarde, mañana no tiene remedio”. El debate fue enriquecedor; se presentaron diversas situaciones iniciales y reflexiones previas en cada universidad participante. Claros destacó lo valioso del trabajo realizado durante las ponencias y mesas redondas, así como la preocupación común entre defensores sobre cómo afrontar el impacto inminente de la IA en el ámbito académico.
Se solicitó específicamente que se establezcan códigos éticos homogéneos en todas las universidades sobre el tratamiento de la IA: qué es permisible, qué es recomendable y qué es ético. Además, se aboga por un marco regulatorio común que fije límites claros en todos los terrenos universitarios. Claros advirtió que no son válidas soluciones implementadas unilateralmente por cada institución.
A medio plazo, preocupa que la IA ha llegado para quedarse; esto obliga a repensar profundamente los roles dentro del entorno universitario. Para el largo plazo, surgen preguntas críticas sobre cómo este impacto transformará las universidades y cómo garantizar que siga siendo controlado por humanos. La IA no es simplemente una cuestión opcional; está aquí para quedarse y debe ser abordada con herramientas adecuadas como códigos éticos y marcos regulatorios.
El Defensor Universitario enfatizó también la necesidad urgente de replantear cuál será el futuro papel de las universidades frente a estos cambios tecnológicos profundos. Se debe asegurar que sigan siendo espacios humanos garantistas donde prevalezcan los derechos éticos y críticos. Si no se afrontan estos retos desde una perspectiva futura adecuada, existe el riesgo real de que las universidades pierdan relevancia.
Durante las mesas redondas celebradas, se abordaron diversos aspectos relacionados con los desafíos éticos y jurídicos planteados por la IA. Expertos como Mercedes Siles y Eduardo Gamero señalaron que esta tecnología simula procesos mediante algoritmos no neutrales que pueden reproducir sesgos e intereses preexistentes. Se discutieron problemas graves como vigilancia masiva y manipulación social; además se insistió en que cualquier decisión automatizada debe contar con supervisión humana efectiva.
En otra mesa redonda centrada en docencia e investigación con Juan Sebastián Fernández y Víctor Bastante, surgieron preocupaciones sobre fenómenos como 'alucinaciones' generadas por IA o fabricación fraudulenta de datos. Se coincidió en un consenso importante: las universidades deben reconocer formalmente el impacto existente del uso masivo de herramientas basadas en inteligencia artificial tanto en docencia como evaluación.