Opinión

En la intemperie institucional

Ignacio Ortega | Lunes 01 de junio de 2026

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La realidad se impone: el termómetro de la política española ya no se mide exclusivamente en el Parlamento, sino en el terreno judicial. No es un fenómeno nuevo, pero pocas veces se había asistido a un asedio tan sostenido contra un presidente del Gobierno. La política española ha abandonado el debate de ideas para instalarse en el ecosistema de la erosión. Ya no se busca convencer al elector, sino inhabilitar al adversario mediante un ruido procesal que actúa como un disolvente de la legitimidad democrática. Es una estrategia de asedio donde el objetivo no es la sentencia, sino el desgaste anímico y reputacional.

La táctica es de desgaste progresivo, un proceso de asedio que se desarrolla por etapas hasta alcanzar el punto de máxima vulnerabilidad. Primero fue el entorno íntimo del presidente —su esposa y su hermano—, convertido en diana anímica. Después, el cerco institucional al Fiscal General y a figuras políticas como Zapatero. Cada citación actúa como un impacto calculado en una ofensiva diseñada para prolongarse indefinidamente: si no puedes batirlo, debilita su entorno.

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No hace falta un director de orquesta para que todos toquen la misma melodía. Por pura inercia, ciertos medios, sectores económicos y siglas ideológicas arriman el ascua a su sardina. El circuito funciona con precisión de relojero: una filtración parcial o un informe descontextualizado salta a la portada; organizaciones como Vox o Manos Limpias lo transforman en querella y el juzgado, casi por inercia administrativa, abre diligencias. Para cuando el juez decide archivar la causa meses después, el titular ya ha cumplido su función: dejar una mancha indeleble en el currículo del señalado. En este espectáculo judicial, ya hay ciertos magistrados con más presencia televisiva que los propios ministros: la fotografía parece preceder al fallo.

Sánchez resiste. Ha demostrado una capacidad de aguante que desconcierta a sus detractores, haciendo de la resistencia su bandera. Sin embargo, el atrincheramiento no basta cuando las dudas llegan al entorno más íntimo. En este escenario, la mejor defensa contra el asedio judicial no es solo aguantar la embestida, sino ofrecer una transparencia radical que desmonte, con hechos y explicaciones públicas, la estrategia de quienes han hecho del juzgado su principal sede electoral. El próximo 9 de junio, la comparecencia de su esposa volverá a situar el foco sobre el juez Peinado. Para los estrategas del desgaste, ese paseo hacia los juzgados de Plaza Castilla ya es una victoria; el juicio político, en la era de la inmediatez, siempre se gana antes que la sentencia penal.

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El peligro real de esta situación no es solo el destino político de un presidente. Lo que está en juego es la integridad de nuestras instituciones. Si los tribunales se perciben como herramientas de parte y la política como un simple ajuste de cuentas judicial, el ciudadano acabará por desconectarse del sistema. Una democracia con las instituciones bajo sospecha es una democracia que camina hacia el vacío.

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