Almería

La PAU en Almería: El examen más vigilado de la historia

La Universidad de Almería incorpora detectores de dispositivos electrónicos ante el auge de métodos de copia sofisticados que van desde el smartwatch hasta las gafas con microcámara. Quienes sean pillados lo perderán todo y serán expulsados de la convocatoria

Laura Valcarcel | Martes 02 de junio de 2026

Las aulas de la Universidad de Almería están preparadas para recibir a un volumen inédito de aspirantes en lo que ya se perfila como la convocatoria de acceso a la educación superior más masiva y controlada hasta la fecha en la provincia. Un contingente histórico de 4.075 jóvenes de Almería iniciará este martes una evaluación decisiva para su porvenir académico en un entorno rígidamente protegido, donde el tradicional temor a los folios en blanco comparte protagonismo con un inédito despliegue tecnológico. Para dar cobertura a este flujo de estudiantes, la institución de La Cañada ha habilitado nueve centros de examen distribuidos estratégicamente entre el término municipal de Almería y varias localidades de la provincia, blindando los espacios con sistemas avanzados de detección electrónica para atajar cualquier intento de fraude mediante herramientas de inteligencia artificial.

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Esta movilización en la provincia forma parte de una marea humana sin precedentes coordinada por la Junta de Andalucía, que este año congrega a más de 53.000 alumnos en toda la comunidad autónoma, reflejando un incremento superior al 5% respecto al ejercicio anterior y consolidando una notable presencia femenina que roza el 59% del censo. Quienes se examinen en Almería se toparán además con una vuelta de tuerca en el formato de las pruebas, que eleva al 25% el peso de las preguntas con enfoque competencial y endurece drásticamente la penalización por faltas de ortografía, gramática o puntuación. Los ejercicios, de hora y media de duración con intervalos de descanso de treinta minutos, arrancarán a primera hora de la mañana bajo la estricta mirada de tribunales que aplicarán principios rigurosos de mérito e igualdad.

La gran novedad de esta campaña radica en la sofisticación de los sistemas de vigilancia frente a métodos de copia que han dejado atrás las clásicas chuletas de papel para adentrarse en la era digital. La implementación de dispositivos capaces de neutralizar el uso ilícito de tecnologías inteligentes en las sedes busca disuadir a los infractores con advertencias firmes sobre la nulidad inmediata de las pruebas. Tras superar estos tres días de máxima tensión bajo un control tecnológico sin precedentes, el alumnado conocerá los resultados definitivos el próximo 11 de junio, momento en el que se abrirá el proceso de preinscripción telemática a través de la plataforma autonómica para optar a las plazas deseadas bajo un estricto régimen de calificaciones de corte y cupos de inclusión.

De la chuleta a las gafas espía

Hubo un tiempo en que copiar en selectividad era, en el imaginario colectivo, un ejercicio artesanal. Letras microscópicas en un papelito, fórmulas apretadas en la palma de la mano o el clásico 'préstame goma' convertido en código secreto entre compañeros de pupitre. Ese tiempo ha quedado muy atrás.

El panorama actual es de una sofisticación que nadie habría imaginado hace una década. Los métodos que circulan hoy en día incluyen gafas inteligentes capaces de retransmitir el examen en directo, microauriculares prácticamente invisibles, relojes conectados a internet y sistemas de inteligencia artificial que responden preguntas en tiempo real. El salto cualitativo es, en palabras de expertos en ciberseguridad consultados por medios nacionales, sencillamente vertiginoso.

El cambio más llamativo no es tecnológico, sino conceptual. Antes, elaborar una chuleta requería esfuerzo, escribirla implicaba repasar el temario. Ahora basta con fotografiar el enunciado con unas gafas de microcámara y enviárselo a un modelo de inteligencia artificial que devuelve la respuesta correcta al instante, a través de un pinganillo casi indetectable que en algunos modelos requiere un imán para extraerlo.

Los dispositivos que los vigilantes deben localizar son cada vez más variados y más difíciles de detectar a simple vista: móviles aunque no estén en uso, relojes inteligentes, auriculares inalámbricos, cámaras ocultas y cualquier aparato capaz de transmitir o recibir información dentro del aula.

Lo que dice la normativa

La normativa de la PAU en Andalucía no deja lugar a interpretaciones, y conviene que los estudiantes almerienses la conozcan en detalle antes de entrar al aula. Está prohibida no solo la utilización, sino también la mera tenencia, de dispositivos móviles, audífonos inteligentes, relojes electrónicos u otros elementos que puedan comprometer el proceso de evaluación.

La normativa recoge expresamente que se considerará que una persona está copiando si se detecta que lleva consigo un teléfono móvil, unos auriculares o cualquier dispositivo con capacidad de almacenamiento, transmisión o recepción de datos. El mero hecho de llevarlo consigo constituye una infracción.

La única excepción está contemplada para quienes necesiten algún dispositivo por prescripción médica acreditada. En esos casos, su uso quedará bajo estricta supervisión del tribunal y requerirá una solicitud previa en tiempo y forma.

Las sanciones por copiar

Aquí es donde el asunto adquiere verdadera gravedad. Las sanciones por copiar en la PAU en Andalucía no se limitan a anular el examen en el que se detecta la infracción. La normativa recogida en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía va mucho más lejos y conviene leerla con atención.

Si un alumno es pillado copiando, deberá abandonar inmediatamente el examen en curso. A partir de ese momento, no podrá presentarse a ningún otro ejercicio de la misma convocatoria. Y, lo que resulta quizás más duro, todos los exámenes que hubiera realizado previamente serán calificados con cero puntos. Las tasas de matrícula abonadas no serán devueltas en ningún caso.

El alumno sí puede volver a presentarse en la convocatoria extraordinaria de julio, o en cursos siguientes. Pero habrá perdido una convocatoria completa con todo lo que eso implica: posibles plazas en grados con alta demanda, retrasos en la incorporación a la universidad o el acceso a determinadas carreras con nota de corte elevada.

Detectores de frecuencia: una novedad en la PAU 2026

La respuesta de las instituciones ante el avance tecnológico del tramposo ha llegado en forma de detectores de radiofrecuencia. Andalucía reforzará este año los controles durante la PAU con barridos selectivos y detectores orientados a localizar dispositivos electrónicos no autorizados dentro de las aulas.

Estos aparatos son capaces de detectar las señales que emiten móviles, auriculares inalámbricos, pinganillos, cámaras ocultas o relojes inteligentes que estén operativos dentro del aula. No detectan la inteligencia artificial en sí misma, pero sí los dispositivos que permiten acceder a ella durante el examen. Es un perímetro tecnológico que cierra la brecha que dejaban abierta los métodos de vigilancia tradicionales.


Un problema creciente

La pregunta que muchos almerienses se plantean es si realmente hay estudiantes que intentan hacer trampa en la selectividad, o si todo esto responde a un alarmismo institucional desproporcionado. La respuesta honesta es que los datos públicos sobre casos detectados son escasos: las universidades no suelen publicitar los expedientes individuales, y la discreción protege tanto a las instituciones como a los afectados.

Lo que sí es evidente es que la preocupación institucional es genuina y creciente. No se invierte en detectores de radiofrecuencia si el problema es meramente anecdótico. La proliferación de dispositivos accesibles y económicos ha democratizado las herramientas del tramposo: hay pinganillos inalámbricos disponibles en plataformas de venta online por menos de veinte euros. Y las redes sociales han creado comunidades donde se comparten métodos y se minimizan las consecuencias, alimentando una percepción de impunidad que las instituciones quieren cortar de raíz.

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Frente a ese ecosistema, la UAL y el resto de universidades andaluzas tienen claro el mensaje: la apuesta por la tecnología de vigilancia es también un ejercicio de disuasión. No se trata únicamente de pillar al que hace trampa. Se trata de que nadie lo intente.

Para el estudiante almeriense que lleva meses encerrado repasando Historia de España, memorizando funciones matemáticas o puliendo redacciones en inglés, el mensaje es, en el fondo, sencillo. Las consecuencias de ser pillado superan con creces cualquier beneficio imaginable: perder toda una convocatoria, ver anulados los exámenes que salieron bien y afrontar el verano sabiendo que hay que volver a empezar en julio o esperar a septiembre.

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