Lo que se inició bajo el pretexto de una regeneración ética y política ha terminado con la reiteración de la corrupción. La alternancia ha sido de corruptos, no de corruptos por honestos gestores.
En este sentido, conviene mirar un poco los inicios, observar a Ábalos atribulado ante la palabra honestidad, fue una señal de lo que nos esperaba. Por entonces, Sánchez se ungía lanzando al vertedero a Máxim Huerta; su mensaje en el inicio debía ser claro, y Máxim penó los futuros pecados de sus compañeros en el Consejo de Ministros. Hoy, con un exministro, un secretario general, una gestora, un expresidente y una infinita lista de colaboradores imputados o en la cárcel, lo de Máxim suena a burla, a cinismo, a guasa fina entre delincuentes.
Hoy sabemos que ni PNV ni Junts provocarán su caída. Hoy sabemos que Sánchez regaló la amnistía a Puigdemont. Hoy sabemos que vendió a nuestra madre ni siquiera por su sillón, ya que su sillón habría salido más barato.
El Sánchez de la moción de censura dejaría al Sánchez actual como hoja de perejil. El Sánchez anterior a las elecciones de 2023 dejaría al Sánchez de la amnistía como un farsante, una sangría democrática.
Hoy que Burrull, más Burrull que nunca, sugiere que Feijóo bese la mano del mafioso en Waterloo, sabemos que la voluntad popular no fue la amnistía, ni es hoy la permanente incompetencia —trenes, apagones, vivienda, médicos, jueces y profesores lo atestiguan—, ni ahora las cloacas por las que querían seguir ganando los relatos. Poco les importaba que perdiera España si nos podían contar un cuento, si podían dormirnos con sus trucos de hipnotizador en ciernes
La legislatura lleva un tiempo convertida en legisla-turra. Se destapa un nuevo caso de corrupción, se levanta el dedo preguntando por la moción de censura y, de nuevo, se observa que, por muy mal que el sanchismo lo haga y por muy mal que así lo percibamos, ni la derecha vasca ni la catalana sumarán sus votos para una moción de censura, instrumental o no instrumental. No desean elecciones ahora, y tampoco en 2027. Pero, ah, amigo, de esas no hay Sánchez, espero, que pueda escamotearlas.
El interés general no fue la amnistía, que se hizo ya entonces porque la alternancia no gustaba. Y tampoco el interés general es la cloaca y la corrupción, que se permiten por el mismo motivo: impedir que sean las urnas, y no el CIS, las que decidan. Será porque se huelen que lo que el pueblo quiere no es lo que a ellos les conviene.