Hora y media para reír y no pensar. Esa fue la sensación que tuvo el público que acudió el sábado al Teatro Auditorio de Roquetas para disfrutar de la comedia ‘Que Dios nos pille confesados’, protagonizada y dirigida por Josema Yuste. Una auténtica comedia de enredo que tuvo al público en todo momento pendiente, porque lo que son las cosas las apariencias engañan, y los que aparecen en el escenario, al final no son lo que aparentan.
En 90 minutos no hay tiempo para aburrirse. El público se encuentra el salón de una majestuosa casa en el escenario, donde se lleva a cabo esta comedia de enredo. Los protagonistas son un cura que se sabe muy bien la Biblia y algo sospechoso; un fontanero que se dedica a hacer chapuzas en casas; un inspector de policía que parece conocer bien su oficio y una marquesa que vive una vida entre joyas y una gran obra de arte, protagonista de la comedia.
Hay momentos que provocan mucha risa, ya que las situaciones que se producen son totalmente absurdas, pero forman parte de la trama de esta comedia, que lleva el sello de Josema Yuste. Los protagonistas son muy disparatados y en todos los casos, no son lo que aparentan. Pero esto se descubrirá al final, con lo cual el público sale más sorprendido tras disfrutar de la obra.
El juego de malentendidos y disparates se hace eco durante hora y media. Y es que no es para menos, disfrutar de Josema Yuste en su papel del padre Beltrán ya es algo que llama la atención. Cuando este acude a la mansión de la marquesa Pilar (Esther del Prado) acompañado de su cirio de gran tamaño, vuelve a sorprender.
Este sacerdote es llamado a esa majestuosa casa para bendecir un cuadro de incalculable valor que ella posee. Una obra del Greco del siglo XVII. En ese ambiente, aparece un fontanero, se podría decir un chapuzas, que viene a desatrancar el baño. Se llaman Floren (Javier Losán) y es un poco extraño.
Y para completar el cuarteto también hay un inspector de policía (Santiago Urrialde) que parece tener todo controlado en la casa, ya que el salón donde están las joyas y el cuadro tiene una alarma. El cura sospecha del fontanero, e intenta acercarse a la marquesa. El público en ese momento, no puede intuir lo que espera a los protagonistas. Eso sí, Que Dios les pille confesados.
Desde ese momento, hay una serie de malentedidos donde el fontanero, parece ser que tiene la mano muy larga, y detrás de su apariencia hay un ladrón. Pero es que el cura no es menos y trama robar el famoso cuadro. Se llega a aprender la clave de la alarma. Este hombre de Dios además recibe llamadas de extorsión de un desconocido, por lo que necesita el dinero de la venta del cuadro para evitar el chantaje.
En esa tesitura, el engaño está servido. Aunque parece que todo va enfocado a un gran robo, la situación no podría ir a peor. Es entonces cuando robada la obra, se conoce que era una falsificación de la pintura, el padre Beltrán se da cuenta que ha sido estafado, que la marquesa no era ni siquiera marquesa y que incluso el inspector de policía, era un corrupto.
Al final todo se descubre, lo peor es que el Padre Beltrán, que protagoniza Josema Yuste está brillantísimo como siempre lo hace, se queda en la ruina, ya que pierde el cuadro y el dinero que tenía en su cuenta. Es una función con mucho ritmo, donde la parte cómica tiene momentos de una brillantez absoluta y donde todos están a un excelente nivel.
Momentos para recordar es cuando Esther del Prado, apenas puede seguir la obra, puesto que le da un ataque de risa, de las cosas que tiene Josema Yuste, que en muchos casos llega a improvisar y donde además aparecen nombres muy conocidos de la política española que son actualidad. Javier Losán fue el gran descubrimiento en la obra, puesto que su capacidad de hacer reír y de asombrar, hizo que el patio de butacas lo despidiera con una gran ovación.
Santiago Urrialde, es ya veterano en el mundo de la escena, ya que antes fue un personaje muy televisivo. El público estuvo muy agradecido con su personaje de inspector de policía, aunque al final se corrompiera. Esther del Prado es una actriz con mayúsculas, ya que en cada momento ofrece una excepcional imagen. Nadie podía presagiar que no era marquesa, ya bien era una ladrona, que se había hecho pasar por una marquesa adinerada.
En general, cada actor mostró en esta comedia su chispa, su forma de actuar y cada uno interpretó su papel con maestría, con soltura y sobre todo con brillantez.