Opinión

Europa contra su mitad

Rafael Sanmartín | Martes 09 de junio de 2026

Europa ha olvidado dos detalles fundamentales y la “mala memoria” en ocasiones puede ser dramática. Uno, que Rusia es Europa porque está en Europa, al menos su parte más poblada y el lugar de dónde partió su expansión por la interminable llanura: el Gran Ducado de Moscú. Y el “monstruo expansionista” que era la URSS, en opinión de sus enemigos, los “generosos y civilizadísimos estados liberales” USA-Europa, quedó enterrado hace años, para convertirlo en un capitalista más, lo que siempre habían querido desde el final de la II Guerra Mundial ¿no? ¿De verdad? Después de la entente kennediana y del medio resurgir de las potencias europeas, la aspiración se transmutó en deseo de poseerla, por eso su solapada necesidad de trocearla, única forma de debilitarla, necesidad sólo manifestada por Polonia. Nada justifica el recelo, el prejuicio actualizado de aquel tiempo en que un telón de acero dividía Europa en dos y los de aquí éramos los buenos. No se olvide. No, eso no se olvida, se reverdece para renovar el odio a la blanca extensión territorial..

Ningún Estado puede soportar y si tiene fuerza la muestra, la pérdida de territorios históricos y con ellos sus ciudadanos por decisión simple de un dictador de ingrato recuerdo, para “los buenos” y para “los malos”. Así, habrá que recordar a los políticos “europeístas”, que Crimea y las regiones orientales incluidas en Ucrania, siempre fueron rusas y su ciudadanía es rusa y en su mayoría no quieren formar parte de un Estado vecino, que en vez de amigos se empeña en competir y conservar el territorio después de exterminar a sus habitantes. Porque eran rusos aunque a Ucrania “los trasladara” Stalin, pues “como todo era uno”, así lo veía mejor el íbero georgiano. Los políticos “europeístas” y quienes sólo escuchan y opinan, también han olvidado que el verdadero causante de la guerra fue el regimiento pro-nazi Azov, que con el asentimiento de las autoridades ucranianas, asesinaba rusos por docenas, enn persecución de su exterminio. Tan eficaz resultó el ejército ilegal, que el otanista Zelenski los legalizó e incluyó en sus fuerzas regulares. Todo esto, por lo que se ve, también lo han olvidado los líderes de la Unión Europea y otros, empeñados en ser enemigos de la mitad de Europa, para seguir siendo buenos lacayos de la “magnificiencia” del tío Sam.

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Tampoco recuerdan, o no saben, que aunque los defiendan, sus intereses no son los de USA, pues USA los usa a su conveniencia. Europa ha sido y continúa siendo el gran peón, derrochador de sus medios y reparador de carencias USAdas. Ucrania, arruinada y endeudada por siglos (y lo que le queda) “gracias” al gran Zelensky; y Europa se empobrece por su cerrazón, al servicio del Gran Gendarme, en humillar a Rusia más que de ayudar al causante real de la guerra. Estados Unidos recuperarará su inversión, porque eso es lo que ha hecho, invertir a costa de Ucrania y de la UE, quien como siempre paga los platos rotos del colonialismo solapado, como el caro gas americano, por servilismo disfrazado de “seguridad europea”.

Las cosas han cambiado mucho desde la guerra fría y tampoco se han dado cuenta. La inseguridad no viene del interior del continente europeo, inequívocamente viene del otro lado del Atlántico, de la necesidad de la OTAN de justificar su existencia, después de la desaparición (¿para la organización militarista pérdida?), de los bloques. Europa oeste gasta en una guerra imposible de ganar, gasta en humillar a Rusia sin conseguirlo. USA gana con la guerra que la UE financia y se empeña en alargar. Y Reino Unido, que debería callar pues todavía retiene en su poder Escocia y el norte de Irlanda, amenaza con sanciones. Y ya puestos ¿por qué no la invade? ¿para no ganarse la tercera derrota? Porque parece que Alemania insiste en su obsesión y todavía no ha explicado de dónde le viene ese enfrentamiento. Pues, después de todo, el gas ruso le costaba mucho más barato que el americano, pero sigue, sin preocuparle pagar más después del sabotaje al Nord Stream, según parece por un comando ucraniano, apoyado por la OTAN.

Todos los países han sido expansionistas y alguno, el más vivo no necesita ni ocupar el territorio, le basta imponer gobiernos títere. Pero Rusia reclama territorios históricos y habitados por rusos, solamente trasvasados a Ucrania desde el antojo de Stalin, y ahora resulta que al premiador de pro-nazis no le gustan sus vecinos. Pero nadie, ninguno de los mandatarios europeos que claman contra Rusia “por la seguridad de Europa”, abrieron la boca cuando las “proezas” del regimiento Azov; la UE, más fiel a los maestros del nuevo orden que sus propios creadores, quiere alargar la guerra y se queja de que Putin contratara un ejército mercenario o de la ayuda de soldados norcoreanos, pero se hacen los inocentes como si su ayuda a Zelensky o el intento de exterminio de rusos, detenido por la intervención militar, no hubiera existido. Recuerdan que Rusia comenzó la invasión, pero olvidan por qué. ¡Qué pena de mala memoria!

Lo peor es ocultar que para ellos, el verdadero “pecado” de Rusia en realidad no es su supuesto expansionismo, sino ser uno de los BRICS, opuestos a los planes de dominación mundial del llamado “Nuevo Orden” de USA y OTAN y su pretensión de ejército mundial. Pero el día que el mundo llegara a estar dominado por una sola mano ¿para qué necesitará un ejército? Esa es la duda. No será para reprimir a la resistencia a la colocación del chip, ¿verdad que no?

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Por desgracia para todos, hay que recordar estos pequeños detalles a los líderes políticos europeos, empezando por Sánchez, tan falto de información o de principios tan poco sociales en este asunto.

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