Opinión

Almerienses en la inopia

Antonio Felipe Rubio | Jueves 11 de junio de 2026

La OPE (Operación Paso del Estrecho) en Almería se extiende desde mediados de junio a mediados de agosto. En ese periodo algunos espacios del famoso proyecto Puerto-Ciudad, que muchos almerienses creemos disponibles para la ciudadanía autóctona, serán ocupados por la citada OPE para habilitar las plazas de aparcamientos de usuarios de los ferris.

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El espejismo presentado como “nuevos espacios para la ciudad” está condicionado a las necesidades de la Autoridad Portuaria (APA), que tiene preferencia ante cualquier actividad o iniciativa que precise el municipio de Almería. Por tanto, cuando este espacio sea necesario para los intereses y la logística del puerto, se limitará y se cancelará cualquier actividad que no sea la de utilizar los espacios Puerto-Ciudad para los servicios portuarios derivados de la OPE.

Entre otras ideas y sugerencias para dar contenido a Puerto-Ciudad figuran iniciativas como nutrir este espacio con soluciones comerciales: tiendas, ocio, cultura y restauración. Por tanto, se espera la respuesta de aquellos emprendedores que se aventuren a invertir y explotar los negocios que promuevan desde la iniciativa privada. Lógicamente, como cualquier aventura comercial que se instale en un ámbito novedoso, habrá de contemplar algunos parámetros que pudiesen afectar al desenvolvimiento del negocio: condiciones administrativas de la concesión, corriente de paso, masa crítica, poder adquisitivo del cliente potencial, condicionantes ambientales, accesos… Son innumerables los parámetros que hacen factible o ruinoso el emprendimiento en función de las facilidades o las dificultades que se planteen en el desarrollo de la actividad.

Recordemos que la OPE se extiende desde el 15 de junio al 15 de agosto. Si se estableciesen comercios en el espacio colindante a la explanada, que quedaría ocupada para las necesidades portuarias del Paso del Estrecho, estos comercios tendrían una especial “animación” en los meses centrales de verano y a las puertas de sus establecimientos. Si evaluamos alguno de los parámetros a observar para emprender un negocio de cara al público, uno podría ser el target de los clientes potenciales. Evidentemente, los usuarios del puerto que esperan embarcar en el ferri no es el público objetivo para establecimientos al estilo de un puerto-ciudad como el que conocemos en Málaga: marisquerías, confección de primeras marcas, museo, tiendas especializadas… Lógicamente, en la OPE del puerto de Almería habrá de todo. No obstante, la estadística y el sentido común inducen a pensar que el usuario del puerto en estas fechas, tras un largo viaje, incidencias y gastos imprevistos no está para ciertas ofertas de consumo adicional.

Para los comercios que potencialmente podrían instalarse en un escenario cambiante según las exigencias de la APA, los meses de junio, julio y agosto podrían suponer una merma en sus previsiones al verse afectados por el operativo de la OPE. Las grandes zonas diáfanas para acceso y paseo se convertirían en una campa de vehículos, con las restricciones inherentes al control y la seguridad que conlleva el operativo. Y todo esto acaece en los meses centrales con mayor afluencia turística en la ciudad.

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Sin duda, tanto la Autoridad Portuaria de Almería, Protección Civil, Policía Nacional, Guardia Civil, Cruz Roja, SAS, voluntarios, etc. hacen una gran labor para que todo funcione con normalidad. Es lógico. También se trata de un negocio en el que el puerto busca rentabilidad mejorando las atenciones y el servicio en un ámbito de reñida competitividad. El problema no radica en la OPE. Es la desafortunada configuración del puerto de Almería la causante de estas disfunciones.

Reitero por enésima vez que la gran extensión portuaria dedicada a granel a la intemperie -que no dejará de dar problemas a la cuidad- es la ubicación ideal para la Estación Marítima Internacional. Así, una vez trasladado el granel al puerto industrial de Carboneras, la OPE quedaría confinada en un fondo de saco que nunca interferiría con la ciudad. Esta solución dejaría libre y sin servidumbre (vallas, fronteras, aduanas, controles) el verdadero sentido de la imbricación Puerto-Ciudad. Pero eso es otra historia. La historia de un lamentable voluntarismo político que, sea por cicatería, cobardía, incompetencia o vaya usted a saber aboca a un Puerto-Ciudad sin certezas y con limitaciones. O sea, con los almerienses, una vez más, en la inopia.

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