Opinión

El tren de Los Nietos

Angel Rodríguez Fernández | Sábado 13 de junio de 2026
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos», que decía el poeta chileno Pablo Neruda, seguramente a su amante de aquellos años, Terusa. Después de lo vivido y con otro amor en ciernes, buscaba excusas para poner tierra de por medio.
Si estáis en ese proceso de desenganche, os los comparto a modo de estilete, de ariete. Podéis citaros aquí cerca, en el Bohemia, pedir un cafetito y soltarle al maromo o a la maroma: «Oye, chico, que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos», cada uno por su lado y tan ricamente.
Pero el motivo de traerlos a esta emotiva celebración entre alumnado, profesorado y familiariado —si me permitís que destroce un poco más el castellano en virtud de la neutralidad de género— no es que rompáis con vuestras parejas (quién soy yo para entrometerme en vuestras, tal vez, procelosas relaciones), sino describir un hecho irrefutable: que desde septiembre pasado, o desde hace varios septiembres, nosotros, los de entonces, no somos los mismos.
Quiero pensar que somos más listos, más bellos e incluso más altos; que hayamos dejado nuestro último estirón reservado para estos días de formación en el nocturno del IES Fuente Nueva.
O eso esperamos los que nos dedicamos a esto de la educación y, en especial, los que nos dedicamos a la educación de adultos. Que nuestras insistentes propuestas, ya sea sobre marketing, transportes, geografía, ciencias o literatura, en algo se hayan filtrado en esa epidermis que año tras año se endurece, haciéndola infranqueable a nuevos estímulos académicos.
«¿A mí me va a decir el tipejo o tipeja esta lo que es un buen escaparate? Aquí ponemos un buen cartel que diga “sexo gratis” en grande y “muncho” color rojo, y ya verás tú cómo se interesa el personal por los potajes de berzas en lata que quieren que vendamos».
O el de mates:
«Menos por menos es más. ¿Cómo va a ser eso? Menos por menos será mucho menos todavía. Válgame el Señor la de majaderías que me toca escuchar. Ya no vengo más».
Ahora sabemos que unos y otros, tras nueve meses, no somos los mismos, somos mejores y que alumnado y profesorado hemos intercambiado conocimientos sin delimitar férreamente las fronteras entre unos y otros.
Somos los que nos dedicamos a la enseñanza seres eminentemente monotemáticos, unos plastas, vamos. No sé si lo habéis comprobado, pero si en una reunión hay dos profes y siete u ocho trabajadores de otros oficios, en cuestión de poco se acabará hablando de institutos o colegios, de la IA o de la madre que parió a los criterios de evaluación y a los estándares de aprendizaje.
Hay un chiste —dicen que vuelve este género, ahora por TikToks y reels— que, adaptado, explicaría muy bien lo que os quiero decir. Son dos amigos que se encuentran y uno le dice al otro:
—Oye, chico, ¿sabes que me ha dejado mi mujer?
—¿Y eso por qué? —le dice el amigo—.
—Porque dice que siempre estoy hablando de cosas del colegio.
—¿Y cuánto tiempo llevabais juntos?
—Desde la última junta de evaluación; creo que cuatro o cinco cursos académicos.
Pues bien, al principio de cada uno de estos cursos les doy un consejo al nuevo alumnado: «Hagan ustedes como que aprenden, que nosotros haremos como que los aprobamos».
Sin embargo, y siguiendo las enseñanzas de Borges, de un tiempo a esta parte he decidido no suspender a ninguno de mis alumnos. Pero entiéndanme bien: seguirá habiendo aprobados y no aprobados, pero a quienes no llamaré suspensos, sino que simplemente consideraré que tienen el aprobado pospuesto, tal y como indicaba el bueno de José Luis Borges.
La formación permanente trata de ir enganchando esos momentos que a cada cual le llegan en distintos períodos de su vida y por innumerables razones.
Por el trabajo que me pide un título que no tengo, porque quiero mejorar y seguir mi formación para tener más oportunidades, porque se ha matriculado Enriqueta, porque se ha matriculado Enriquete, o por una muestra de amor filial de un padre a un hijo queriendo que vea en su esfuerzo tardío un ejemplo de lucha por hacernos mejores o más formadas personas.
¿Saben ustedes dónde están Los Nietos? Los Nietos son una pedanía ribereña del Mar Menor, uno de los primeros pueblos habitados de esa comarca, con reminiscencias romanas, como nuestra localidad murgitana.
Hay una línea de tren FEVE, una de las dos únicas líneas en todo el territorio que conservan la vía estrecha; una de ellas acaba en Los Nietos y la otra está en Asturias. Una línea que seguramente será deficitaria, pero que está, y saberlo me reconforta para cuando quiera visitar Los Nietos, aunque aún no me ha llegado mi hora.
En cierto modo, la formación permanente es ese viaje pospuesto a Los Nietos que nunca hemos tomado, pero que un día decidimos realizar. Los que aquí estamos nos hemos encontrado en ese tren de vía estrecha que es la formación de adultos, en un viaje que no acabará en Los Nietos, que acabará cuando acaben nuestras curiosidades y nuestro afán de ser mejores o más formados ciudadanos.
Acabaré mi soliloquio, discurso o lo que sea con otros versos, pero en esta ocasión dando una oportunidad al amor. Tomaremos ahora prestados unos versos de Pere Gimferrer.
Aviso a los diabéticos: tomaos una pastilla de refuerzo de metformina porque este poema puede subir repentinamente el azúcar en la sangre.
Hecha esta advertencia y para su uso, citen de nuevo a su maromo o a su maroma; en esta ocasión para reafirmar vuestro compromiso con vuestra pareja. Antes de que llegue Manolo preguntando qué desean, tomen la mano del interfecto o de la interfecta, mírenle a los ojos y díganle:
«...Estaré enamorado hasta la muerte y temblarán mis manos al coger tus manos y temblará mi voz cuando te acerques y te miraré a los ojos como si llorara».
Si el otro o la otra no retuerce su mueca, si con el primer verso no se ha levantado y ha empezado a correr, puede ser que ustedes hayan dado con su media naranja.
También estos versos, como los primeros, tienen un doble sentido, y es por este segundo sentido por lo que se los dedico a los docentes que aún conservan los nervios y el brillo en los ojos cada vez que comienza un nuevo curso académico.

TEMAS RELACIONADOS: