Almería

Almería ante el colapso climático a finales de siglo

(Foto: Pablo Luna).

Desertificación imparable: Murcia, Alicante, Zaragoza y Toledo también sufrirán las consecuencias del colapso climático

Rafael M. Martos | Miércoles 17 de junio de 2026

Un profundo análisis cartográfico y científico sobre el futuro climático de la Península Ibérica proyecta que, si la emisión de gases de efecto invernadero mantiene su actual trayectoria sin medidas drásticas de mitigación, gran parte del territorio español adquirirá la categoría de desierto entre los años 2071 y 2100. La "Clasificación climática de Köppen (2071-2100)", modelizada bajo el escenario de emisiones más extremo (conocido científicamente como RCP 8.5), dibuja un panorama de profunda transformación árida que alterará para siempre la geografía, la demografía y la economía del país.

Este escenario, basado en proyecciones climáticas globales que combinan bases de datos meteorológicos de precisión, anticipa un futuro marcado por el aumento desproporcionado de las temperaturas y un colapso en el régimen de precipitaciones. La clasificación de Köppen, que categoriza los biomas terrestres en función del calor y la humedad, evidencia cómo los climas templados y mediterráneos retrocederán a un ritmo vertiginoso en favor de condiciones esteparias y desérticas (BWh y BWk).

Almería: la "zona cero" de la desertificación europea

Dentro de este desolador mapa, la provincia de Almería resalta de manera alarmante. Las proyecciones muestran que la práctica totalidad de su superficie quedará inmersa bajo las variables del desierto absoluto. Históricamente, el paraje de Tabernas ha sido una rareza geográfica, un entorno de aridez único en el continente europeo; sin embargo, para finales del presente siglo, esa aridez dejará de ser la excepción para convertirse en la norma.

Localidades costeras y del poniente como El Ejido, Roquetas de Mar, La Mojonera o Adra, así como extensas áreas del levante como Níjar, Pulpí, Carboneras o Garrucha, se verán plenamente ahogadas por la sequedad extrema. El clima desértico trepará también hacia el interior, devorando municipios serranos y de fuerte raigambre agrícola como Macael, Berja, Sorbas o Dalías. Este cambio drástico obligará a cuestionar la viabilidad a largo plazo de la agricultura intensiva que, hasta ahora, ha sido el principal motor económico del territorio almeriense, amenazada por el estrés térmico crónico y una preocupante disminución en la recarga de los acuíferos.

Murcia, Alicante, Zaragoza y Toledo: el desierto se expande

Pero Almería no será un caso aislado. El informe climático bajo el paraguas del escenario RCP 8.5 revela que la ola de desertificación engullirá a otros muchos territorios vitales de la Península Ibérica.

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El sureste peninsular en su conjunto experimentará una aridificación estructural. La Región de Murcia y la mitad sur de la Comunidad Valenciana (con especial castigo para la provincia de Alicante) verán cómo su característico clima mediterráneo se extingue, dando paso a un corredor desértico ininterrumpido que conectará directamente con Almería.

Más al norte, la radiografía climática para el Valle del Ebro augura una transformación dramática. El entorno de Zaragoza y el histórico paraje semiárido de Los Monegros multiplicarán su aridez y extensión. Las zonas actualmente teñidas por un rigor estepario mutarán hacia el desierto, devorando una porción inmensa de Aragón y la depresión del Ebro, convirtiendo terrenos históricamente fértiles en llanuras yermas incapaces de retener humedad en los asfixiantes meses de verano.

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Hacia el centro y suroeste de la península, la proyección tampoco concede tregua. Los climas esteparios cálidos y las bolsas desérticas avanzarán remontando el Valle del Guadalquivir, alterando por completo las condiciones hídricas en la cuenca y asediando a provincias como Sevilla. Del mismo modo, la aridez extrema ascenderá a la Meseta Sur, alcanzando la provincia de Toledo y amplias extensiones de Castilla-La Mancha. La alteración climática convertirá lo que hoy se denomina la "España vaciada" en una España calcinada.

Infografia de la noticia

Proyecciones sobre la desertificación en España y sus implicaciones para el futuro.

Un escenario evitable, pero inminente

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La comunidad científica y diversos informes a nivel continental —como las recientes advertencias emitidas en los últimos años sobre desertificación en la UE— apuntan a que España encabeza el mayor nivel de riesgo. El escenario RCP 8.5 contempla un aumento global de las temperaturas que podría llegar a superar los 4 grados centígrados para el año 2100. Esto implica un fenómeno de evapotranspiración disparado: el calor extremo evaporará la escasa agua de los suelos, ríos y embalses a una velocidad muy superior a la capacidad de reposición de unas lluvias cada vez más escasas e irregulares.

El mapa predictivo de Köppen es más que una simulación estadística; es un retrato fidedigno de la vulnerabilidad física de la península. Exige repensar desde la planificación urbana para soportar largas olas de calor, hasta la urgente necesidad de adaptar los sistemas de cultivo y el aprovechamiento de cada gota de agua antes de que el paisaje español cambie su fisionomía para siempre.

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