Opinión

Por lo que sea

Rafael M. Martos | Domingo 14 de junio de 2026

Hace ya algunos años, tras un insufrible en el Ayuntamiento de Almería donde se repitió decenas de veces por todos los grupos, escribí un artículo sobre una de las expresiones más padecidas en el vocabulario político: «como no puede ser de otra manera». En aquel entonces, me dio por recordar que las cosas, en realidad, casi siempre pueden ser de otra manera. Se puede votar a favor, en contra o abstenerse; se puede gestionar con brillantez o rozar el ridículo; se puede estar de acuerdo o discrepar profundamente. Aquella muletilla no era más que un burdo truco de trilerismo verbal para disfrazar de inevitable lo que solo era pura conveniencia. Sin embargo, los tiempos avanzan y las modas lingüísticas se refinan. Ahora, la expresión fetiche que inunda los pasillos institucionales es «por lo que sea». Y miren, en esta ocasión tengo que rendirme ante la precisión del lenguaje: me parece un hallazgo conceptual absolutamente extraordinario.

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Quien mejor está sabiendo exprimir las infinitas posibilidades de esta maravillosa fórmula es, sin duda, el Partido Socialista de P.S. El nivel de sutileza es digno de estudio. Tomemos como ejemplo el panorama en la capital de la provincia de Almería. A falta de menos de un año para que se convoquen las elecciones municipales que serán en mayo del próximo año, cuando cualquier manual básico de supervivencia política exigiría unidad, calma y proyección de liderazgo, el grupo municipal socialista y la agrupación de la capital han decidido que el mejor momento para enzarzarse en una cruenta guerra de guerrillas interna era precisamente este. Por lo que sea. Llevan más de dos décadas abonados a los escaños de la oposición en el ayuntamiento de la capital, y se ve que le han cogido cariño al paisaje. Así que han decidido que lo más oportuno de cara al electorado era retirarle el sueldo a unos concejales para ponérselo a otros y airear críticas abiertas sobre quién trabaja y quién se lo lleva muerto dentro del propio grupo municipal. Por lo que sea.

La estrategia de distracción al votante alcanzó su cénit con la figura de Fátima Herrera. Cuando la exportavoz del grupo municipal comenzaba a perfilarse de manera nítida como la futura candidata socialista a la alcaldía para los comicios municipales próximos, se decidió que lo idóneo era enviarla al Parlamento de Andalucía. Esta maniobra ha dejado al militante, al simpatizante y al votante de a pie en un estado de absoluto despiste existencial. Además, se incumple la norma de una persona un cargo, lo que ha desatado una descomunal bronca interna en el seno del partido a nivel local. Algo que se ha hecho por lo que sea.

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A estas alturas, nadie sabe hacia dónde navega el barco socialista en la capital almeriense. Pero en la alta dirección debieron ver muy conveniente meterse en este monumental fregado y dejarle el camino completamente despejado a la actual alcaldesa, María del Mar Vázquez, del Partido Popular, para que revalide su mandato con una cómoda mayoría absoluta en las próximas municipales. Por lo que sea.

Ciertamente, este don para el autosabotaje táctico que se respira en la provincia no debería pillarnos por sorpresa, pues viene avalado por directrices de instancias superiores. Si ampliamos la mirada a la Comunidad Autónoma, recordaremos cómo el Partido Socialista pilotado estratégicamente desde Madrid por P.S. se dedicó pacientemente a inflar a la extrema derecha en Andalucía. El brillante resultado de aquella jugada fue que el Partido Popular terminó gobernando la Junta de Andalucía tras un pacto con Vox y Ciudadanos, a pesar de haber obtenido el peor resultado electoral de su historia. Y por si aquello no hubiera sido suficiente lección, en las pasadas elecciones autonómicas, el entorno del secretario general y presidente del Gobierno de España volvió a lucirse eligiendo a la peor candidata posible y diseñando la peor campaña electoral imaginable en territorio andaluz. Por lo que sea.

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El patrón se repite ahora a escala estatal. Desde el palacio de la Moncloa se continúa alimentando y polarizando el espacio de la extrema derecha en España, un juego de equilibrismos que, según apuntan todos los analistas demoscópicos, podría terminar perfectamente con un Gobierno de España conformado por el Partido Popular y la extrema derecha, mandando a la oposición al PSOE, y dejando en mínimos históricos a quienes le han ido apoyando. Al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, debe de parecerle una carambola táctica formidable arriesgar la estabilidad en pos de un relato de resistencia personal. Por lo que sea.

Hay que reconocerle, por tanto, la absoluta lucidez a la expresión de moda. Ya no hace falta justificar las purgas, los giros de guion inexplicables, las estrategias suicidas ni el abandono de los electores en la provincia. Ante cualquier incoherencia flagrante, basta con encogerse de hombros y alegar que las cosas se hacen así, simplemente, por lo que sea.

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