Tuve una revelación y la considero divina porque me vino mientras hacía un hueco para una vidriera redonda en una catedral de cartulinas en el pasillo de un colegio donde, para su semana cultural con la que despiden el curso, van a representar la Edad Media. Han preparado un castillo, un mercado con banderines, escudos para los caballeros, una catedral y un sinfín de cosas más. Yo no debería estar ahí; solo echaba una mano mientras hacía tiempo para mostrar el Museo del Mar con el que hemos celebrado el Día de los Océanos en Radio Federico y con el que celebraremos el Día de las Tortugas Marinas en Radio La Canal.
Disculpen la cuña publicitaria, pero es necesaria para que entiendan que fue un poder celestial el que tejió todos los hilos para que yo inesperadamente estuviese allí, un rayo de luz se colase por aquel vano y entrase en éxtasis para hacerme comprender que aún no hemos superado el Medievo.
Por suerte, hay muchas diferencias y cualquiera de nosotros vive con más comodidades de las que vivían los reyes, condes y papas de la época. Tenemos agua corriente, constante, salubre, caliente; estamos mejor alimentados, nuestras calles están más limpias, tenemos más cultura, salud, oportunidades y un montón de cosas más, por lo que nos gusta pensar que somos libres, iguales y con los mismos derechos y obligaciones ante la justicia y de que podemos vivir en nuestra casa, nuestro reino, independientes y aislados del mundo.
Pero viendo las noticias de esta intensa semana que hemos vivido, nos podemos dar cuenta de que las relaciones de poder no han cambiado, solo se han ampliado y la diferencia de clases sociales y económicas es cada vez mayor.
Hemos recibido la visita del santo padre, el vicario de Cristo, el sumo pontífice, que representa a una institución arcaica con bonitas palabras de igualdad, amor, empatía y respeto, pero incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos; con un Estado propio edificado sobre el pillaje, el miedo, el control de la cultura y los chantajes a los poderosos y a la plebe, a los que les ha sacado, y nos sigue sacando, el dinero, tergiversando las palabras de Jesús y vendiendo salvoconductos para el cielo, que se podían conseguir con dinero, da igual de dónde viniese, matando infieles o cediendo, y si no las inmatriculaban, tus posesiones al morir.
Una visita maravillosa, bien organizada, con muchos fieles en la calle y un León XIV muy cercano, humano, simpático y campechano, pero que, como el emérito al que también adjetivábamos igual, ha venido a hacer negocio, a reunirse con los políticos, empresarios y vips que tenían entrada a sus actos y que no habrán pagado con dinero, pero que se lo cobrarán en favores.
También, no puede ser de otra manera si quiere mantener el negocio, ha dejado mensajes y bonitas imágenes para decirnos lo buenos que tenemos que ser los unos con los otros, excepto si eres mujer y quieres ser sacerdote, o eres homosexual cristiano y te quieres casar por la Iglesia, o si eres un divorciado, o si alguno de sus célibes soldados ha abusado de ti, te ha violado y jodido la vida y quieres abortar o pedir la eutanasia porque el dolor no te deja vivir en paz. Sed buenos, él os quiere a casi todos, pero pasad por caja, que algo podremos hacer. Si el Dios de los cristianos, de los musulmanes, de los judíos, de los protestantes o de cualquier otra religión permite que sus empleados hagan estas atrocidades, poco justo es.
Y, como en aquel tiempo, el broche de oro ha sido la bendición de un nuevo templo; ilegal, sin licencia urbanística durante 137 años, regularizado en 2019 a cambio de 4,6 millones de euros, y 36 más para los jaleos que los turistas generan y de los que la Iglesia se lleva tajada sin invertir ni un euro, al igual que el Estado.
A sus pies se han puesto reyes, señores feudales, vasallos y caballeros con sus genuflexiones y besamanos, y que le han aplaudido hasta la saciedad, supongo que para aparecer en la foto y por si acaso, que en el infierno debe hacer mucho calor; mientras renegaban a su espalda a la vez que organizan golpes de Estado y pergeñan una estratagema para saquearnos y repartirse el botín con sus señores.
Paralelo a la visita del Papa, hemos visto cómo dos señores feudales entraban en el campo de batalla con falsas promesas, mentiras, ambición y mucha avaricia para ganar el poder del reino de un club de futbol; a un juglar que utiliza a las guapas y atractivas, y ellas que se dejan, para lucir su casita y llenarse los bolsillos; a un montón de pregoneros bufones vasallos que han difundido los mensajes para beneficiar a sus señores desde los púlpitos mediáticos; e incluso un nuevo robo, cobro en especies o tráfico de las «jojoyas» de un canciller retirado.
Y a su vez ha comenzado un torneo, una justa que no parece justa, donde no todos van a poder competir en las mismas condiciones, donde los caballeros, además de a sus adversarios, se enfrentan a las decisiones de los señores que representan; donde echan a árbitros, cachean y humillan a jugadores y aficionados por llegar de un país enemigo del anfitrión dictador asesino ladrón pederasta que entregará sonriente la copa de campeón del mundo después de mandar bombardear e invadir otro país.
Días de papas, reyes, señores feudales, vasallos, juglares, bufones y torneos para recordarnos que somos la plebe a la que entretener con pan y circo, para que le sigamos llenando los bolsillos y seguir garantizándose el poder. Por muchos siglos que pasen, seguimos igual, inmersos en el Medievo y tan felices y contentos.