Escuchando a Mari Trini, esa cantante murciana tan especial, tan única, pero no dicho como las presentaciones que José L. Moreno desplegaba en «Noche de fiesta» , sino de verdad, me doy cuenta de que mis amores, mis amigas y mis compañeras han sido como describe M.ª Trini en una de sus canciones.
“Yo no soy esa que tú te creías /La paloma blanca que te baila el agua /Que ríe por nada diciendo sí a todo /Esa niña si, no/ Esa no soy yo “
Tal vez, si algo puedo apreciar en mí de feminista, sea eso: que haya huido de las mujeres «fáciles» por las inteligentes y, a la par, «difíciles» (pido especial atención a esas comillas; espero me salven de la hoguera).
Hay un dicho al que, en mi época de sandungueo, alguien le dio un girito especial, que decía así:
«Tanto va el cántaro a la fuente que al final... se echa novia».
Eso debe ser que al final, y por suerte, di con una de esas mujeres inteligentes y «difíciles», y en eso aún estamos.
Hoy quería escribir sobre ellas.
Por ejemplo, hablar de Ketty Garat, una periodista de los pies a la cabeza, a la que solo sus conocimientos de la mar, no en vano su padre es almirante, han podido llevarla a tomar buen puerto. Le han dicho de todo: periodismo basura, bulera, basura..., y lo han hecho desde el poder, seguidos por algunos de sus compañeros «periodistas» pagados y compartido por una parte de la sociedad para los que la verdad no es suficiente, para los que, como decía San Agustín,
«la evidencia no convence al que tiene el alma comprometida con la mentira».
Dejó la crónica parlamentaria por el periodismo de investigación; pasó del Parlamento y del Senado a paradores, saunas y sedes oficiales. Siguiendo la máxima periodística: «Si una persona dice que llueve y otra dice que no, la labor del periodista no es darles la palabra a ambos, sino abrir la ventana y comprobar si está lloviendo», paraguas en una mano y grabadora en la otra se fue en busca de la verdad y dio con el libro Todos los hombres de Sánchez.
Ahora tiene, imagino, el inmenso placer del que dice: «Ya lo decía yo». Ella lo decía, lo escribía, lo radiaba, lo proclamaba, entre gritos de bulera y basura.
Sigamos con Elisa Beni, periodista de claro perfil progresista, que aún conserva y que vio claras las estratagemas mentirosas de los suyos y se negó no solo a ser cómplice, sino a permanecer callada. Denunció las corrupciones políticas y penales de los sanchistas a la vez que veía cómo era tachada de fascista, sin pudor, una compañera que se negaba a decir que dos más dos es cinco aunque lo dijera el mismísimo Pedro Sánchez.
Experta en tribunales, es una delicia ver cómo desgrana cada asunto penal en los que, metro a metro, va cayendo el sanchismo. Muy aconsejable su libro Cómo matan (a mordiscos) nuestra democracia. Yo lo he comprado e incluso empezado a leer. En él nos explica perfectamente los peligros de los que dicen venir a salvarnos del fascismo destruyendo los resortes de la democracia, los contrapoderes y las garantías constitucionales, los mismos que, cuando se ven con el agua al cuello, las requieren.
Me recuerda al final de McCarthy, aquel monstruito que, junto a otros como el prócer Roy Cohn, mentor de Trump, puso a la industria hollywoodiense en jaque en busca de comunistas. Él acabó cayendo en desgracia, víctima también de sus excesos.
Por último, me quiero acordar de Rosa Belmonte, cinéfila y cinéfaga. Hace unos años la descubrí en las tertulias de Garci, de las pocas mujeres que asistían. Erudita, inteligente y con gran sentido del humor. Sus columnas en “La verdad” , “ABC”, “20minutos” o “Libertad Digital”son una delicia; sus historias, sorprendentes por su variedad y brillantez.
La última se la escuché en El Hormiguero. Venía al caso por las joyas de Zapatero. Cuenta Rosa que Cantinflas se enamoró de Carmen Sevilla y le regaló un pedrusco de inmenso valor. La tonadillera, virgen y muy joven, se lo contó a una ya mayorcita Lola Flores, quien le dijo que debía rechazarlo porque la estrella mexicana se la quería encamar y que ella era mozuela, que mejor se la regalara —le decía Lola— ella ya no era virgen (ni el Pescaílla, San José).
Su última novela, Donde caiga la flecha, escrita a cuatro manos con Emilia Landaluce y publicada en 2024, destila humor fino e ironía tanto de Rosa como de Emilia.
Termino con mis amigas, por entonces cómplices en nuestras acciones sindicales. Con ideas originales y arriesgadas, verdaderas camaradas, no de aquellas de «ordeno y mando», sino de las de «nos convencemos y nos organizamos». Cuando llegó el momento, mostraron independencia de criterio y demostraron no estar tuteladas.
Siempre las llevaré en el corazón.
Ellas saben quiénes son, y a ellas les dedico este artículo.
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