A los políticos españoles se les ha acusado de corrupción, ladrones, puteros, maltratadores y cien delitos más. Los tienen todos. Son la X de todo, el One de las correrías y de las zorrerías palaciegas. Pero había uno al que no se había llegado, o por lo menos no lo sabíamos, y que hemos conocido en estas fechas: el de contrabandista. A nuestro ínclito Zapatero, con cara de bambi y hechos de cazador furtivo, o de lobo hambriento, se le acusa de dedicarse al contrabando. Si por lo menos fuera de Ron. Aquellos sí que eran contrabandistas, y no los de ahora. Aquellos repartían ron en las secas gargantas de los sedientos ciudadanos. Estos…
El que en su día fue don José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de España, ha sido acusado de ser un presunto contrabandista. Toma del frasco, querido. Era lo único que nos faltaba, que metieran a nuestro país en el tiempo de las cartillas, de los sellos de racionamiento, de la compra fraudulenta. Eran años duros aquellos, y los que no llegamos a vivirlos plenamente, los viejos de entonces nos contaban cómo se lograba la comida en el llamado mundo del estraperlo. No llegaba al de contrabando.
Han pasado años, lustros y décadas, y aquellos tiempos estaban olvidados. El estraperlo superado y eran otros los caminos por lo que discurría la picaresca española, que estuvo, está por lo que vemos en los políticos, y no nos abandonará como buena prueba de cómo se debe engañar a los demás. Lo del contrabando se lo teníamos sumado a la vida de los narcotraficantes, pero no pensamos, nunca tuvimos la imaginación en ese punto, que los políticos se pudieran dedicar al trabajo del contrabando. La realidad nos confunde, los hombres nos sorprenden, los políticos nos defraudan.
El juez dice que Zapatero, presuntamente por ahora, se ha dedicado al contrabando de joyas, y de las caras, ojo, que las otras están en Ali-Expres y a precios de ganga. Y que se sepa, nunca se sabe si tiene alguna otra caja fuerte en su casa, u otras supuestas, en las que guarde otro botín de su presunto contrabando. Vaya, vaya con el señor de cara de payaso inglés. Ha obligado a que alguno de sus más íntimos colaboradores haya tenido que pedir perdón, dijo que las joyas eran baratijas. ¡Con lo que eso cuesta, madre mía!
Pero el hombre estaba quedando a la altura del betún.
Peor, estaba quedando como Cagancho en Almagro.
Qué dice usted, hombre de Dios, estaba quedando como un presunto contrabandista más como su jefe ideológico.
Y eso, es duro para un presidente de Ateneo y que presume de ir arroyándolo todo.
¿Qué le iban a decir los socios del mismo? Algunos se han dado de baja. Era lo menos.
Tengo una duda. Si existen las valijas diplomáticas, y en las mismas puede viajar con libertad cualquier cosa, ¿le podemos llamar contrabando si en ellas Zp entraba las joyas en España? De entrada, no sé qué contestar. Pero si en las valijas de los diplomáticos todo se permite, podemos decir que todos los políticos de este y cualquier otro mundo que se precie, pueden estar haciendo contrabando y no se les puede acusar de ello.