El conjunto rojiblanco no logra culminar el sueño del ascenso en un encuentro condicionado por los incidentes previos al autobús visitante y las quejas vecinales en la capital
El sueño de alcanzar la Primera División se le vuelve a resistir, un año más, a la Unión Deportiva Almería, que no ha podido superar a un Málaga muy activo en el ataque. El encuentro disputado en la capital almeriense concluyó con un resultado de uno a dos a favor de los visitantes, un marcador que trunca las aspiraciones rojiblancas de regresar a la máxima categoría del fútbol en el Estado español. Los goles de Chupe y Larrubia decantaron una eliminatoria definitiva, haciendo estéril el tanto posterior de Leo Baptistao en la segunda mitad y dejando a toda la provincia de Almería con la frustración de no consumar el ansiado ascenso tras un final envuelto en interrupciones y juego duro.
La jornada estuvo marcada por un ambiente de alta tensión desde las horas previas al pitido inicial. El autobús oficial del conjunto malagueño sufrió importantes daños, con varias de sus lunas destrozadas tras ser apedreado a su llegada al UD Almería Stadium, además de quedar retenido por motivos de seguridad durante más de cuarenta minutos en los accesos de la autovía. Debido a estos altercados, el club local se vio obligado a anunciar el retraso del inicio del choque, que finalmente comenzó a las veintiuna y treinta horas, media hora más tarde de lo previsto inicialmente de manera reglamentaria.
El comportamiento de las aficiones también generó controversia y malestar en diferentes puntos de la ciudad de Almería. Por un lado, los seguidores locales se concentraron desde primera hora de la tarde en la Plaza Lentisco para alentar a su equipo, una reunión masiva que provocó las quejas de vecinos y hosteleros debido al estado de suciedad en que quedó la zona tras la concentración. Por otro lado, la masiva llegada de aficionados visitantes, muchos de ellos sin entrada para el partido, desató el descontento de los residentes cercanos al Estadio de los Juegos Mediterráneos, quienes denunciaron públicamente el lanzamiento de cohetes contra sus viviendas. A pesar de estos disturbios en los aledaños, la policía nacional informó formalmente de que la previa concluyó sin personas heridas, detenciones ni cargas policiales.
En el plano institucional y anímico, el expresidente de la entidad, Turki Al-Sheikh, quiso mostrar su apoyo a distancia pidiendo de manera explícita luchar y apoyar al equipo en una cita tan señalada. Por su parte, el técnico local, Rubi, había definido en las horas previas el choque como un partido exclusivo de los futbolistas y de la afición, restando protagonismo a los entrenadores y a los medios de comunicación. Ya en el interior de las instalaciones, los miles de aficionados almerienses arroparon a los jugadores con un impresionante tifo en la grada donde se podía leer un lema dedicado a la identidad del club y de la provincia, instando a la plantilla a ir a por la liga.
El duelo deportivo arrancó con un comienzo eléctrico por parte de ambos conjuntos. El Málaga dispuso de la primera gran ocasión a los cuatro minutos con un remate de Chupe que se marchó por encima del larguero estando solo ante Andrés Fernández, guardameta local que posteriormente blocó otro intento del propio delantero blanquiazul. El cuadro de Rubi buscó reaccionar mediante incursiones de Arribas y un disparo de Melamed que se estrelló en la defensa tras una buena combinación iniciada por Chirino. Los errores defensivos de Rodrigo Ely causaron ciertos apuros en el área almeriense, mientras que los centros laterales de los visitantes, repelidos en última instancia por centrales como Bonini, mantuvieron el peligro activo. El juego tuvo que detenerse en el minuto treinta para dar paso a la pausa de hidratación y, poco después, por un golpe en la cabeza sufrido por Rafita en un salto con Embarba, llegándose al descanso con el empate a cero inicial tras un intento lejano y desviado de Arribas.
La segunda mitad se inició con un escenario diferente, con un equipo visitante mucho más protagonista en el control del balón y volcado al ataque bajo la dirección de Funes. Tras una tarjeta amarilla a Lopy por un pisotón, el Málaga sufrió la baja obligada de Diego Murillo por una lesión de rodilla tras una acción con Dotor, lo que propició la entrada al campo de Niño. Las llegadas malaguistas se intensificaron y se tradujeron en el primer gol del partido en el minuto sesenta y cuatro, obra de Chupe, quien fue amonestado con tarjeta amarilla por quitarse la camiseta en la celebración.
Apenas seis minutos más tarde, en el setenta, Larrubia firmó el segundo gol visitante tras culminar una combinación con el propio Chupe, obligando a Rubi a realizar sustituciones urgentes dando entrada a futbolistas como Thalys, Morcillo y Marcos Luna.
La entrada de Leo Baptistao en sustitución de Nico Melamed dio un impulso renovado al ataque del Almería. El delantero recortó con acierto al portero Herrero en el minuto setenta y cinco para anotar el uno a dos, encendiendo de nuevo las esperanzas locales justo antes de la segunda pausa de hidratación. En el tramo final, el conjunto rojiblanco reclamó con insistencia un penalti por una presunta mano dentro del área contraria que el colegiado Muñiz Muñoz no concedió, decretando el saque de esquina. Andrés Fernández evitó el tercero de los visitantes desbaratando una ocasión de Niño y Ochoa, cuyo posterior disparo se estrelló en el palo.
Con diez minutos de tiempo añadido, los nervios derivaron en una tangana sobre el césped tras una falta cometida sobre Rafita, saldándose con la expulsión con tarjeta roja directa de Thalys. Instantes después, un remate de cabeza de Marcos Luna se marchó desviado y el visitante Ochoa terminó expulsado por doble amonestación justo antes del pitido final que confirmó la permanencia del Almería en la categoría de plata.