Un equipo de investigación internacional, que incluye al Instituto de Parasitología y Biomedicina ‘López-Neyra’ del CSIC (IPBLN-CSIC) en Granada, ha desarrollado unas innovadoras ‘tijeras moleculares’ con el objetivo de detectar y detener la propagación de los siete coronavirus humanos más conocidos. Esta tecnología, que se encuentra aún en fase experimental, tiene una doble función: podría ser utilizada para realizar pruebas diagnósticas portátiles y también para inhibir la replicación del SARS-CoV-2, el virus causante de la COVID-19.
El proyecto cuenta con financiación de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación y ha sido publicado en la revista científica Molecular Therapy: Nucleic Acids. Este avance es significativo en la búsqueda de nuevas estrategias contra virus emergentes, ya que identifica una región genética común presente en todos los coronavirus humanos conocidos. A partir de esta diana compartida, los investigadores han creado unas ‘tijeras moleculares’ programables que son capaces tanto de localizar el virus como de cortar su material genético para evitar su multiplicación.
Cuando un virus invade el organismo humano, utiliza sus instrucciones genéticas para producir nuevas copias. Cuantas más copias genera, mayor es la propagación de la infección. A diferencia de otras herramientas diagnósticas que solo reconocen proteínas virales, esta propuesta se centra en identificar directamente una secuencia del material genético del virus. Para ello, el equipo ha diseñado pequeñas moléculas guía que actúan como un ‘GPS molecular’: localizan una zona específica del ARN viral y dirigen hasta ella la herramienta cortante.
La investigadora principal del estudio, Elena Herrera del IPBLN-CSIC, explica que este sistema funciona como un mecanismo de búsqueda y corte dirigido a una señal genética conservada entre diversos coronavirus. «Si en el futuro surge un nuevo coronavirus, el sistema podría adaptarse rápidamente para detectarlo o intentar bloquear su multiplicación», afirma.
Los ensayos realizados han demostrado que esta tecnología puede reducir significativamente la replicación de varios coronavirus humanos; específicamente, logró disminuir en más de un 95% la capacidad reproductiva del SARS-CoV-2 en modelos experimentales.
Aparte de su potencial como antiviral, el equipo ha adaptado esta misma estrategia para crear pruebas diagnósticas rápidas basadas en CRISPR. Esta tecnología molecular permite programar proteínas para encontrar secuencias genéticas específicas. En este caso, actúa como unas ‘tijeras moleculares’: una guía lleva a las tijeras hasta una zona común del coronavirus y, si lo reconoce, corta el ARN viral activando así una señal para su detección.
Los resultados mostraron alta sensibilidad al detectar cantidades mínimas del virus y diferenciarlas de otros patógenos respiratorios como la gripe, reduciendo así el riesgo de falsos positivos.
Otro aspecto destacado es su posible aplicación frente a futuras amenazas sanitarias. Los investigadores han comprobado que la misma señal genética identificada en coronavirus humanos también está presente en varios coronavirus animales. Esto podría facilitar el desarrollo rápido de herramientas para detectar y controlar nuevos virus con capacidad de transmisión a seres humanos.
El grupo continuará investigando nuevas técnicas diagnósticas basadas en CRISPR para enfermedades infecciosas y explorará su potencial como estrategia antiviral. Además, están buscando nuevas aproximaciones frente al VIH, un virus complejo cuya erradicación sigue siendo un desafío importante.
Este avance científico ha recibido apoyo financiero por parte de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación a través del programa Emergia. Este programa está destinado a fomentar el talento investigador y desarrollar proyectos científicos con impacto internacional. La Consejería destaca así la importancia de este resultado científico que refuerza el papel de Andalucía en la investigación biomédica global.