Opinión

Ascenso fallido, ahorro inesperado

Rafael M. Martos | Martes 23 de junio de 2026

Aún dura el eco de los lamentos en la provincia de Almería tras el desenlace del playoff de ascenso a la Primera División. Al equipo local le bastaba un simple empate tras el cero a cero cosechado en la ida, pero el partido de vuelta en el Estadio de los Juegos Mediterráneos se saldó con una derrota por un gol a dos frente al Málaga Club de Fútbol. El luto estrictamente deportivo mutó de inmediato en una supuesta catástrofe colectiva cuando los medios de comunicación difundieron de forma sincronizada las conclusiones del análisis de impacto económico elaborado por la Cámara de Comercio de Almería. El gran titular fue categórico: la provincia perdía casi 71 millones de euros por culpa del fracaso sobre el césped.

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Sin embargo, si se analiza con la necesaria frialdad y rigor la letra pequeña del informe, detallado minuciosamente en noticiasdealmeria.com, el apocalipsis financiero de la entidad que preside un señor de Arabia Saudí, y que es el que pone el dinero, se desmonta por sí solo. La teoría oficial sugería que el ascenso traería una descomunal inyección de riqueza exterior gracias al desembarco de las aficiones rivales. La cruda realidad matemática es que los flujos financieros aportados por visitantes y agentes de fuera de la provincia de Almería apenas constituían el 15,17 por ciento del impacto directo por consumo, lo que se traduce en 794.432 euros. Si comparamos esta cifra con el beneficio macroeconómico global proyectado de 70.938.178 euros —que representa el 0,33 por ciento de todo el producto interior bruto provincial—, resulta que el dinero de los seguidores contrarios equivale a un discreto 1,12 por ciento del total. Las previsiones de recibir a un promedio de 500 aficionados rivales por partido, con un gasto medio diario de 71,84 euros en temporada baja, habrían reportado 692.060 euros totales (repartidos en 9.580 euros en taquilla y 682.480 euros en hostelería, transporte y comercio minorista). Sumando los 75.072,80 euros de las expediciones oficiales y los 27.299,20 euros de los equipos arbitrales y profesionales de la comunicación, el cacareado motor del turismo exterior se queda en una simple anécdota.

¿De dónde salía entonces el grueso de los ingresos directos por consumo en las fechas de partido, fijados en un total de 5.238.178 euros para toda la campaña? Del bolsillo de los propios habitantes de la provincia de Almería. El público local iba a ser el auténtico artífice de la viabilidad comercial, generando por sí solo el 84,83 por ciento de ese impacto directo, es decir, 4.443.746 euros. En concreto, 4.258.496 euros iban a salir de las carteras de los residentes para pagar entradas y abonos de temporada, los cuales iban a sufrir un incremento medio en las tarifas del 11 por ciento por el caché de la nueva categoría, a lo que se añadían 185.250 euros en otros consumos complementarios en los comercios locales.

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Queda por desvelar el destino de los 65.700.000 euros restantes, que componen la gigantesca cuota del 92,62 por ciento de las expectativas de la Cámara de Comercio de Almería bajo el concepto de impactos indirectos. Aquí es donde la cosa es más nebulosa: 60.000.000 de euros corresponden netamente al incremento estimado del presupuesto operativo de la Unión Deportiva Almería gracias al reparto de derechos de retransmisión televisiva y patrocinios comerciales de la categoría de oro. Los otros 5.700.000 euros representan una tasación teórica del retorno publicitario por la promoción de la imagen exterior de la ciudad en los medios, equivalente a valorar en 300.000 euros cada encuentro. En definitiva, un dinero destinado de forma directa a los tornos del club o estimaciones intangibles de marketing de las que el ciudadano de a pie poco iba a oler.

Visto el panorama con una dosis de saludable escepticismo, el fiasco deportivo de la Unión Deportiva Almería se revela de repente como una magnífica e involuntaria campaña de ahorro doméstico para la población, que no va dejarse casi cinco millones de euros en entradas y bonos de temporada que ban a la caja del club/empresa, no a la ciudad, ni al estadio, ni a nada... a una cuenta privada.

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Almería no ha visto evaporarse una fortuna colectiva; lo que ha ocurrido realmente es que los aficionados locales han retenido en sus cuentas bancarias cerca de 4,5 millones de euros que, de haber ascendido, habrían volado directamente a las taquillas. El que no se consuela es porque no quiere.

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