Opinión

K96

Juan José Cano | Jueves 02 de julio de 2026

Viajar a Madrid este fin de semana ha sido, más que un trayecto, una cura de humildad provinciana. En la fastuosa Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, la puerta de embarque K96 hacia Almería está en el último rincón. Estar asignado a la penúltima puerta convierte el viaje de regreso en una travesía épica donde las cintas transportadoras no alivian el paso, sino que aportan narrativa de aventura. Cruzar toda la terminal a pie es el recordatorio físico, explícito y casi poético de nuestro lugar en el mapa mental del centralismo: Almería al fondo, donde ya no queda nada. Lo noticioso no es que, tanto a la ida como a la vuelta, el avión iba completo. Sino que los almerienses estamos dispuestos a dejarnos un pastizal en un billete — por encima de los 100 euros si se busca con mucha pero mucha antelación, o rozando los 50 si uno acepta volar para ir directo a dormir— porque carecemos de alternativas dignas. Todo ello sin una Obligación de Servicio Público (OSP) que amortigüe el golpe, sencillamente porque la Junta del PP lleva tres años arrastrando los pies, incapaz de armar y presentar un proyecto ya aprobado en el Parlamento. Es evidente que los fondos andaluces lucen más soterrados en las milmillonarias inversiones en los metros de Sevilla o Málaga que invertidos en rescatar del aislamiento a esta esquina marginada.

Asumimos el peaje del aire porque el transporte por carretera se ha convertido en un calvario. El coche son seis horas de asfalto, sumemos 1h más si vas en autobús, y el tren es una ruleta rusa de averías acumuladas. Viajar a la capital del Reino en el "nuevo" Alvia es un trayecto tortuoso de siete horas que nos obliga, en una vuelta al mundo sin sentido, nos hace pisar la provincia de Sevilla para subir a Madrid. Y si miramos al futuro, el horizonte de la gran promesa del Corredor Mediterráneo nos obligará a dar un rodeo por Alicante para plantarnos en Madrid en unas cuatro horas y media ... eso en el escenario más optimista y si los plazos tuvieran la decencia de cumplirse para 2030. Y eso que para el 2005, con los Juegos Mediterráneos, iba a estar aquí el Euromed. Ja.

Frente a esta parálisis, la capital de España ofrece lecciones galácticas respecto a la movilidad. En el suburbano madrileño, el despliegue informativo por las obras de la estación del Santiago Bernabéu es total: el servicio alternativo de autobús gratuito, el "S10", se anuncia de forma masiva en cada estación y en cada línea, aunque esté en las antípodas geográficas del corte. En Madrid, el usuario del transporte público es el eje; informar y ofrecer soluciones es una prioridad.

Allí vi a los madrileños correr desesperados, como si les fuera la vida en ello, por no perder un metro que pasa cada cinco minutos. Me provocó una sonrisa amarga. Si esa gente tuviera que mudarse a Almería y experimentar nuestras frecuencias de autobús de veinte minutos en adelante, sufrirían un síncope. Pero es lo que hay: aquí todo es calma, todo es lejano y todo les da igual a quienes nos gobiernan. Al regresar a casa, vuelta a la realidad de una ciudad en obras. En Almería no existe la menor empatía con el usuario de transporte público ni privado. El Ayuntamiento ha convertido la ciudad en una ciudad hostil a la movilidad, ejecutando múltiples obras a la vez, sin la más mínima planificación ni alternativas viables.

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De la noche a la mañana, el almeriense se topa con calles cortadas, cambios de dirección inexplicables y líneas de autobús alteradas. El último despropósito ha sido eliminar el acceso de los autobuses al Paseo de Almería, dejando desamparados a vecinos, comerciantes y visitantes. O las escasas alternativas factibles al personal y a los pacientes para ir al hospital Torrecardenas durante los próximos 2 años mientras se construye un aparcamiento, que por cierto será de pago. Para el consistorio popular la movilidad no es un objetivo real; es un engorro que los pone colorados un minuto en el pleno municipal de turno para terminar carcajeándose de nosotros el resto del tiempo. Esta desconexión con la realidad no es casual, es el resultado directo de confiar nuestro futuro a franquicias políticas cuyas decisiones y prioridades se marcan en despachos de Sevilla y Madrid. Jamás seremos su prioridad porque sus ojos están puestos en mantener el cargo y el poder para el partido, no en el bienestar de los almerienses. Almería necesita despertar y exigir lo que se merece. No podemos seguir aceptando que la desidia de los de siempre sea nuestra única salida, para seguir siendo una isla, dentro y fuera. Es nuestra hora almerienses, porque nadie va a venir a ayudarnos a seguir cruzando de punta a punta la T4.

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