El inicio del periodo estival deja una radiografía completamente dispar en la gestión de los recursos hídricos en el Estado español, evidenciando una brecha notable en la esquina suroriental de la península. Los datos oficiales actualizados a fecha de 30 de junio de 2026 muestran una recuperación extraordinaria en la gran mayoría de los territorios gracias a las precipitaciones acumuladas durante los últimos meses. No obstante, esta tendencia de bonanza elude de forma alarmante a la provincia de Almería, cuyos niveles de agua embalsada se encuentran congelados en una situación crítica que calca exactamente los registros del ejercicio anterior, marcando una excepción preocupante en el panorama autonómico y estatal.
Al analizar con detenimiento la evolución de las reservas hidráulicas en la comunidad autónoma andaluza, el contraste resulta evidente. Mientras que casi la totalidad de las provincias vecinas han visto llenarse sus pantanos de manera sustancial, el territorio almeriense permanece estancado en un exiguo once por ciento de su capacidad total, una cifra idéntica a la registrada hace justo un año, a finales de junio de 2025. Esta preocupante parálisis sitúa a la provincia como la zona con menor porcentaje de almacenamiento hídrico de toda Andalucía, quedando descolgada del alivio generalizado que ha permitido a otras áreas afrontar la temporada de mayor consumo de agua con mejores perspectivas de suministro.
La magnitud de la recuperación en el resto del entorno andaluz resalta aún más la excepcionalidad almeriense. El caso más llamativo es el de la provincia de Granada, que ha pasado de un preocupante cuarenta por ciento de ocupación el año pasado a un ochenta y seis por ciento en la actualidad. Una tendencia alcista similar se replica en la provincia de Córdoba, cuyos embalses han escalado desde el cincuenta y nueve por ciento hasta un noventa y un por ciento de su capacidad. Por su parte, Jaén se sitúa en un ochenta y dos por ciento frente al setenta y cuatro por ciento del periodo anterior, y Huelva incrementa sus reservas del setenta y cinco al ochenta y cinco por ciento. En la zona occidental, Cádiz también experimenta un despegue notable al subir del cincuenta y siete por ciento al ochenta y cinco por ciento, mientras que Málaga se asienta en un del cincuenta y nueve por ciento del verano pasado a un setenta y siete por ciento actual. La única provincia andaluza que ha registrado un leve retroceso en este intervalo ha sido Sevilla, que desciende ligeramente del setenta y nueve al setenta y siete por ciento, una cifra que, en cualquier caso, dista mucho del escenario de emergencia del territorio almeriense.
Fuera de los límites de la comunidad autónoma, la situación en el arco mediterráneo peninsular tampoco arroja grandes señales de alivio, consolidando la escasez del sureste frente a la abundancia hídrica de la mitad norte de España, donde provincias gallegas, asturianas, cántabras y de la cuenca del Duero y del Ebro superan con creces el ochenta por ciento, llegando en muchos casos a rozar el cien por ciento de ocupación. En el entorno geográfico más cercano a Almería, la Región de Murcia se mantiene en una situación muy similar a la del año pasado, pasando de un treinta por ciento a un veintinueve por ciento de ocupación actual. En la provincia de Alicante y el sur de Valencia, los recursos hídricos se sitúan en un cuarenta y siete por ciento, lo que representa una caída respecto al del año anterior. Más hacia el norte, Castellón se posiciona en un cincuenta y tres por ciento frente al cincuenta y seis por ciento previo. Por el contrario, en el extremo noreste, la situación en las provincias catalanas ha dado un vuelco radical con incrementos sobresalientes, situando a Gerona en un noventa y dos por ciento y a Barcelona en un noventa y siete por ciento de capacidad.
Este panorama deja a la provincia de Almería en una tesitura sumamente compleja de cara a los meses más calurosos del año. Las infraestructuras de almacenamiento provinciales, con embalses como el de Cuevas del Almanzora y Benínar, no han logrado capitalizar el alivio meteorológico global del Estado español, lo que obliga a mantener la alerta y a redoblar los esfuerzos institucionales en materia de optimización, regeneración de caudales y desalinización para sostener tanto el consumo urbano como las demandas del sector agrícola. A diferencia del resto del territorio peninsular, donde las cuencas afrontan el verano con holgura, los recursos superficiales almerienses continúan bajo mínimos, una realidad que la Junta de Andalucía sigue monitorizando de cerca ante un déficit crónico que la meteorología reciente no ha conseguido mitigar en esta zona del mapa.