Opinión

Nuevas prioridades educativas

Rafael M. Martos | Domingo 05 de julio de 2026

Hay que reconocerle una coherencia implacable a quienes, en el fondo de su ser, sienten una indisimulada nostalgia por aquellos tiempos en los que el general José Millán-Astray despachaba la disidencia al grito de «¡Muera la inteligencia!» y «¡Viva la Muerte!». Al fin y al cabo, si tu proyecto político se basa en la agitación del miedo y el cultivo del prejuicio, ¿qué mayor enemigo puede haber que el conocimiento? La ignorancia no es solo un estado mental, para algunos es una estrategia electoral de primer orden.

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Viene esto a cuento del flamante acuerdo de gobierno alcanzado en la Comunidad Autónoma de Andalucía entre el Partido Popular de Juan Manuel Moreno Bonilla y Vox, cuyo portavoz parlamentario, Manuel Gavira, ha sabido imponer una agenda tan urgente como... pintoresca. Entre las 150 medidas pactadas para la legislatura 2026-2030, destaca con luz propia la decisión de fulminar el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí (PLACM) a partir del curso 2027-2028. Una victoria crucial, sin duda, para salvaguardar las esencias de Occidente frente a un peligro que amenazaba con devorarnos a todos.

Analicemos la magnitud de la tragedia con la rigurosidad de los datos, esa molesta costumbre que suele estropear los mejores titulares de la extrema derecha. El programa en cuestión es una actividad extraoficial y completamente voluntaria, que se imparte fuera del horario lectivo. En toda Andalucía, apenas beneficia a unos 1.800 alumnos. Repito la cifra para que se palpe el drama: 1.800 estudiantes de origen marroquí sobre un censo escolar que supera holgadamente los dos millones de matriculados.

En una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle a la propia consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional, la almeriense María del Carmen Castillo Mena —que concurrió como número dos en las listas de la provincia de Almería—, ya dejó caer una verdad de perogrullo: muy bien tendría que ir la educación pública si el mayor problema del sistema educativo andaluz era una clase voluntaria para cuatro gatos. De hecho, la propia consejera llegó a defender públicamente la validez de un programa que facilita la integración y el bilingüismo de unos chavales que, en su inmensa mayoría, ya están perfectamente adaptados a nuestra sociedad. Pero claro, donde la pedagogía ve una herramienta de cohesión social, el dogmatismo ve una invasión silenciosa.

Vox ha optado por esta exigencia en vez reducir ratios, enfermería escolar, atención a la discapacidad o a la diversidad, salarios de los docentes, construcción de centros escolares, potenciación del bilingüismo, mejora de la educación rural... no, nada de eso es prioritario.

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Cabe preguntarse qué pasaría si aplicáramos esta misma lógica de campanario a la inversa. Si una familia de la provincia de Almería tuviera que emigrar mañana a Francia, Alemania o, por qué no, al mismísimo territorio alauí, a buen seguro que a esos mismos adalides de la homogeneidad cultural les encantaría que sus hijos pudieran mantener el vínculo con el castellano y la cultura española a través de programas públicos. Se llama empatía y reciprocidad, conceptos que no cotizan al alza en los despachos donde se redactan estos pactos.

El tiro por la culata puede ser monumental. Quienes aplauden la eliminación de estas clases parecen ignorar que el Estado marroquí podría aplicar una justa reciprocidad y clausurar los seis centros del Instituto Cervantes que operan en su territorio, o dejar de impartir clases de español a los más de 6.000 escolares marroquíes que lo estudian allí. Todo un éxito de la diplomacia cultural y del fomento de los lazos comerciales en el Mediterráneo, especialmente para una provincia periférica como la nuestra, tan vinculada geográficamente al norte de África.

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La jugada consiste en lo de siempre: crear un problema artificial allí donde hay normalidad, para luego vender una solución falsa y ruidosa. Muera la inteligencia, en efecto, y viva el rédito político de asustar al personal con fantasmas invisibles.

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