Almería

Almería: Abrir el grifo y que salga cal

La provincia se consolida en la categoría de agua muy dura con registros que superan los 40 grados debido a la naturaleza mineral de sus suelos subterráneos

Rafael M. Martos | Lunes 06 de julio de 2026

La calidad y composición del agua corriente varía de forma sustancial a lo largo del territorio peninsular e insular, situando a la provincia de Almería en el extremo más elevado de la concentración mineral. Según los datos técnicos reflejados en el mapa de dureza del agua en España, el territorio almeriense se engloba por completo dentro de la categoría de agua muy dura, caracterizada por superar los 40 grados hidrotimétricos. Esta situación contrasta drásticamente con otras zonas del Estado español y responde a factores geológicos estructurales que determinan la alta presencia de calcio y magnesio disueltos en los caudales de abastecimiento público.

El análisis comparativo del territorio muestra una división clara entre las diferentes zonas de España. Mientras que provincias del norte como A Coruña o Asturias, así como la zona central de Madrid, disfrutan de un agua blanda con niveles de dureza mínimos que oscilan entre los 0º y los 10º, el arco mediterráneo experimenta una realidad opuesta. El agua de dureza media, situada entre los 10º y los 25º, predomina en provincias de interior como Valladolid o en la zona occidental de la comunidad autónoma andaluza, abarcando territorios de Jaén, Córdoba, Sevilla y Huelva. Por su parte, el agua dura, que se mueve en una horquilla de entre 25º y 40º, se localiza en provincias como Barcelona, Girona o en el archipiélago balear. No obstante, es la franja costera del sureste, liderada por Almería y compartida con Murcia, Alicante o Castellón, la que registra los valores más altos al superar el umbral de los 40º.

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La explicación científica a esta disparidad se encuentra en la naturaleza de los suelos y en el recorrido que realiza el líquido elemento antes de llegar a las redes de distribución. En el norte peninsular abundan los suelos graníticos, materiales muy resistentes a la erosión que apenas aportan componentes minerales al agua de lluvia filtrada. Por el contrario, en municipios almerienses representativos del mapa como Gérgal o Vera, el subsuelo está compuesto principalmente por rocas calizas, sedimentarias y ricas en yesos. Cuando las aguas subterráneas atraviesan estos terrenos para nutrir los acuíferos locales, disuelven de forma natural grandes cantidades de carbonato de calcio y magnesio, incorporando de manera inevitable estos compuestos químicos a la red de suministro.

Esta elevada concentración mineral influye directamente en las dinámicas domésticas e industriales de la provincia. El agua muy dura requiere una mayor cantidad de productos de limpieza para generar espuma y tiende a dejar depósitos de cal visibles en las tuberías, electrodomésticos y sistemas de calefacción, lo que acelera el desgaste de las infraestructuras hidráulicas domésticas. Aunque este fenómeno no supone un perjuicio para la salud humana y cumple de forma estricta los criterios sanitarios de potabilidad, sí condiciona de manera notable las políticas de gestión hídrica y de tratamiento de aguas que supervisa la Junta de Andalucía, obligando frecuentemente al uso de sistemas particulares de descalcificación y tecnologías de ósmosis inversa para mitigar el impacto de la cal en los hogares de toda la provincia.

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El peaje económico de la cal

Las plantas de tratamiento y los sistemas domésticos de filtrado elevan la factura mensual de los hogares almerienses frente al norte de España.

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La extrema dureza del agua en la provincia de Almería no solo representa un reto técnico para las infraestructuras de distribución, sino que se traduce en un sobrecoste directo e indirecto que repercute en la economía de los ciudadanos. Para hacer frente a los niveles de mineralización que superan los 40 grados, los ayuntamientos y las empresas concesionarias del servicio se ven obligados a invertir cuantiosos recursos en procesos avanzados de potabilización y en el mantenimiento correctivo de las redes de captación. El tratamiento de caudales con alto contenido en cal exige sistemas de filtrado específicos y un consumo energético intensivo, costes operativos que terminan integrándose en las tarifas del recibo municipal y en los cánones de mejora que coordina la Junta de Andalucía, encareciendo el precio por metro cúbico en comparación con los territorios que se abastecen de aguas blandas.

Más allá de la tasa reflejada en la factura pública, los residentes de la provincia soportan un gravamen invisible en sus presupuestos domésticos debido a la necesidad de implementar tratamientos particulares. La baja palatabilidad del agua y su elevada concentración mineral empujan a una gran parte de la población a la compra sistemática de agua embotellada o a la instalación de equipos domésticos de ósmosis inversa y descalcificadores, cuyo mantenimiento y sustitución periódica de filtros suponen un desembolso regular de cientos de euros al año. A este factor se añade el desgaste acelerado de electrodomésticos como lavadoras y calentadores, junto con la necesidad de emplear hasta el doble de detergente y productos antical en las tareas de limpieza, dado que el calcio disminuye drásticamente la eficacia de los jabones y obliga a un mayor consumo de suministros en el hogar.

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