Es natural. La Andalucía de Blas Infante no es la de Gavira y Abascal. No es la Andalucía de la discriminación y la dependencia, no es la Andalucía de la tergiversación y la hipocresía. Los miembros de Vox tienen una cosa positiva: no engañan. Entiéndase, no engañan en su enunciado. No son andalucistas y lo presumen. En cambio no reconocen no ser demócratas. Ni reconocen defender que Andalucía siga ocupando el último puesto en España y por tanto en Europa. Ya se les adelantaron cincuenta años los cachorros de “Fuerza Nueva”: “—No soy facha. Soy español”, decían. Ellos manipularon y exclusivizaron el gentilicio a su medida para dejar fuera a todos los demás, muchos de los demás por cierto, muy honrados de no ostentar el “título” por razones obvias y de conciencia.
Ahí está el juego. La jugarreta, más bien. El lujo de manejar el idioma como si fuera de su entera y única propiedad. Se ve su consanguinidad con la Iglesia inmatriculadora. La derecha no informa, la ultraderecha menos. No explican el significado de las definiciones usadas, porque serían defineciones, porque entonces perderían el sentido que han querido darle. Por ejemplo, «prioridad nacional» un término usado para confundir, es una entelequia, una gran mentira, un imposible para engatusar a los no informados y hacerles creer que significa más bienestar para los nacidos en el Estado. Si se refiere a recién inmigrados, es evidente su inutilidad, pues recién llegados sus derechos se limitan a los tratados y leyes internacionales correspondientes a todos los seres humanos. Si el intento va contra los ya integrados, con nacionalidad y cotización en regla, la aplicación es imposible. Porque la supuesta prioridad, en realidad sería discriminación.
El apartheid, discriminación ejercida en Sudáfrica contra la población de origen africano o asiático, fue rechazada por todos y el poder pasó al pueblo, pero la discriminación no pasó a los blancos. Se ignora si el fascismo asintió o calló, que en ese caso mantendría el silencio, común a su inhibición general por miedo a ser descubierto. Pero la «ideología» del egoísmo se ha despendolado y ya sale a la calle a pregonar sus principios, mejor dicho, su falta de principios, Muy propio de ellos, es servirse de expresiones vacías, dejadas en el aire a la libre interpretación, con frecuencia errónea. No explican el significado aplicado a la definición, porque entonces no obtendrían semejante aceptación, que aun siendo minoritaria, cala en algunas personas precisamente por el uso de un enunciado vacío.
Su necesidad de no informar, explica por ejemplo el afán privatizador de los servicios del Estado. La privatización supone alto beneficio para quienes ya se benefician de su posición económica. Y pobreza e ignorancia para el resto. Un poco ¿o un mucho? De Huxley. Un mucho de uniformar, sistematizar, adocenar a la gente. De facilitar su manipulación. La desinformación es la mejor manera de dominar a todos. Pero como a los “de casa” no hace falta para tenerlos de su parte, que tenga escuela quien pueda pagarla. O que pague medicinas e intervenciones quirúrgicas quien tenga dinero para costearlo. “Después de todo” quien no pueda ir a la escuela será candidato a engrosar el ejército de los obedientes, sólo porque lo ordenan los que mandan. Estará entre los buenos defensores de quienes les oprimen.
Y Andalucía, tradicionalmente la Comunidad más rebelde del Estado, conviene dejarla dormir, permitirle despertar es un peligro porque reclamaría sus derechos. Y eso no conviene al sistema. La Andalucía que quiso Blas Infante es un pueblo culto, informado, dueño de sus recursos. Una Andalucía libre de depredación exterior. Por eso, contra lo que digan los manipuladores, fue asesinado. Es natural que Gavira y Abascal no quieran una Andalucía rica y bien administrada por sí misma, eso no se lo perdonaría el “gran Gendarme”, su luz y su guía. (¿Y su financiación?). Por eso también, mienten al acusar a Blas Infante, un hombre íntegramente laico, de “haberse convertido al Islam”, sin fundamento ni pruebas. No pueden probarlo ni lo necesitan, su objeto sólo es enturbiar. Intentar justificarse y descargar su racismo medieval, para engañar al mayor número posible de personas.