Hemos vivido con sobresalto y pesar unos días aciagos en la provincia de Almería, especialmente, en los municipios de Los Gallardos y Bédar, debido un catastrófico incendio que ha producido la pérdida de vidas humanas, nuestros vecinos, muchos otros heridos y hospitalizados agarrándose a la vida con la ayuda de la comunidad sanitarios; otros se han quedado sin viviendas, sin sus parcelas, sin sus animales de compañía y de ganadería; personas que han enfermado ante la visita nunca esperada de una lengua de fuego que avanzó sin miramiento natural alguno, dejando 7.000 hectáreas tiznadas de luto negro y un cielo encapotado de ignominioso humo.
El viernes en diversas instituciones públicas, entre una de las formas de coadyuvar a los familiares de los difuntos y heridos, a los que han perdido todo y que nunca olvidarán este hecho, se convocaron un minuto de silencio dentro del tiempo de luto declarado por la Junta de Andalucía, ondeando a media asta la bandera de Andalucía.
En ocasiones, cuando se convocan los minutos de silencio se hacen con tanta prontitud en el tiempo del mismo día, que muchos ciudadanos se sumarían al mismo pero debido a la falta de conocimiento y a la hora convocada u otros motivos de impedimentos personales o profesiones imposibilitan acudir al encuentro para testimoniar el cariño, ternura y fraternidad a los dolientes del dramático hecho luctuoso.
Esas prisas dan lugar, que cuando uno visualiza las imágenes después en los medios de comunicación y redes sociales, salvo excepciones que las hay, siempre son las autoridades civiles, las únicas presentes delante del edificio público institucional al que representan. Y en ocasiones, en los citados centros directivos de la Administración, el personal que está al frente de determinados servicios, áreas o unidades administrativas.
Cuando se recuperan imágenes de otros minutos de silencio, tristemente realizados para testimoniar el amor al prójimo, los presentes siempre son los mismos mientras ocupan el cargo, sin presencia del tejido social ni productivo, sin la presencia de gentes anónimas que se sumen en oración, reflexión o meditación interior a ese minuto de contemplación silenciosa.
En ocasiones, cuando se hace a las 12:00 horas se escuchan desde la lejanía el tintineo de las campanas de las torres de las iglesias o conventos católicos, recordándonos que es la hora del Ángelus. Momento de oración.
También es un momento para rezar con unción espiritual interna, desde cualquier creencia religiosa o no, ideológica o no, por todos aquellos que hacen posible su actuación pública en acabar con una situación peligrosa, penosa. Para que, también, los Ángeles Custodios les ayuden y protejan en este cometido difícil y complejo para salvar vidas, aun poniendo en peligro sus propias vidas por ese sentido del deber vocacional: guardia civil, policía nacional, policía autonómica, policía local; militares, bomberos forestales, personal de emergencias, médicos, enfermeros, operarios públicos autorizados, incluidos psicólogos y sacerdotes, etcétera, y también las autoridades electas, que arriman los sentires, sin diferencias políticas, con vocación pública para frenar los hechos dolorosos, dar consuelo a los afligidos y poder volver a la normalidad.
Los minutos de silencio, aparte de ser una llamada a la identidad de la comunidad de ciudadanos de una ciudad ante un hecho doloroso, deberían realizarse una vez que el drama como tal esté controlado técnicamente y se tenga conocimiento de la magnitud del mismo.
Un minuto de silencio, es un minuto del tiempo que dedicamos con humildad y solemnidad a elevar nuestros sentires del corazón, el alma y la razón por todos los sufrientes y dolientes, por el prójimo, por el bien común, para que el consuelo no les falte en ningún momento de la travesía dolorosa que han vivido y tendrás que seguir viviendo entre lágrimas y suspiros de un hondo calado.
Echo en falta, en estos minutos de silencio institucional, la voz de Dios no se haga presente, cuando sea posible, por sacerdotes o laicos, estos autorizados por la autoridad eclesiástica, y puedan expresar con la venía de la máxima autoridad civil, tras persignarse e inclinar ligeramente la cabeza en señal de recogimiento y con tono pausado: Como muestra de respeto, solidaridad y profundo dolor por las víctimas de suceso, unámonos en un minuto de silencio en memoria de ellos. Paz y Bien.