Es de justicia reconocer la actuación de la Junta y sus dirigentes a partir del mortal incendio de Los Gallardos. La presencia del presidente, Juanma Moreno, y el traslado, así hay que entenderlo, de Antonio Sanz, vicepresidente, a la zona del fuego durante todos los días que fueron necesarios. El buen trabajo realizado en las riadas de hace unos meses, se ha visto también en nuestra provincia tras el grave suceso ocurrido. Por una vez nos hemos sentido algo más cerca de esa lejana Andalucía que duerme en las orillas del Betis. Hasta Canal Sur desplazó todo lo necesario desde la central sevillana, para que la información de lo que ocurría en Almería llegara a todos los hogares de la comunidad. No deja de ser triste que solo ante la tragedia Almería se convierta en protagonista.
No sería justo no recordar que el ministro Marlasca, el infumable ministro del interior, el culpable de las petaqueras, las narcolanchas, y otras historias que dependen de su ministerio, se acercó a las tierras quemadas de Almería, como así lo hizo el justiciero Bolaños, la de defensa, y hasta el presidente enamorado, Pedro Sánchez, tuvo tiempo para darse una vuelta por Almería, pero ojo, cuatro días después. Ya no había peligro. Se tiene que extender la tragedia sobre la seca tierra del sureste peninsular para que nuestro nombre aparezca en todas y cada una de las primeras páginas de la prensa nacional, regional y local. Que quede la constancia de que no tenemos nada que objetar al trabajo realizado por los políticos tras el incendio. Y de justicia es reconocerlo. Pero estamos en el día después.
Tras los lamentos y las lágrimas por los fallecidos, tras el deseo de que los heridos evolucionen favorablemente, es el momento de las preguntas.
¿Tiene algo que ver en estos eventos destructivos la política llevada a cabo por nuestros gobernantes en los campos en los últimos años, léase políticos?
¿De quién es la culpa de que no se permita limpiar el monte, de la desaparición del ganado que lo limpiaba?
¿Por qué se prohíbe recoger esparto, pura yesca?
Y de la vigilancia y los cortafuegos sin abrir en estos montes, no me dicen ustedes nada.
¿Existen las evaluaciones de riesgo en zonas como las de Los Gallardos, y otros puntos, que ahora se nos informa que son muy conflictivos? ¿Ahora? Antes no se sabía, antes no preocupaban.
Abro la ventana de casa, donde vivo actualmente. La ladera de un monte ante mis ojos. Altos Pitacos secos, rodeados de toda clase de maleza en las mismas condiciones; si un día cae un cable eléctrico, un rayo, o a un pirómano le da por encender una cerilla, ¿salgo corriendo por lo que pueda pasar o me encierro a la espera de que lleguen los políticos con sus caras compungidas?
¿Alguien la limpia, la ladera?
¿Se permite que otros lo hagan?
El río Andarax lleva sin agua en superficie desde hace meses. Y años sin limpiar sus márgenes. No es esa cuestión lo peor, es que ellos, los responsables no los limpian, la puñetera ideología verde-azul; pero que tampoco se le ocurra a un vecino tocar una caña que cada año invade un poco más el río, se le puede caer el pelo si lo pilla el chivato de Medio Ambiente, así como una multa de las gordas. En medio de esa tragedia verde-ecologista-política vivimos los españoles que en su día elegimos el campo. Pero ante el incendio, nos dicen los listos de Moreno y Sánchez, que el riesgo es el cambio climático. El calor debió tirar el poste eléctrico. No te jode. Y siempre comandados por unos señores que, desde los despachos con moqueta, solo responden cuando llegan los fallecimientos, como ha ocurrido en nuestra provincia. Si por lo menos sirviera para que Moreno y cía decidieran empezar a trabajar en serio en la prevención. Los incendios, lo dicen los técnicos, se apagan en invierno. Pero el técnico debe ser un facha al que no hay que hacer caso. Los buenos, a los que hay que seguir y apoyar es a los sandías.