Mientras media provincia de Almería busca desesperadamente un hueco en la terraza de algún bar con el aire acondicionado a reventar para ver la final del Mundial de fútbol, la tensión colectiva se puede cortar con un cuchillo. ¿Podrá el combinado del Estado tumbar a la Argentina de turno y coronarse campeona del mundo? Las porras hierven en los grupos de WhatsApp y los analistas de barra de bar discuten alineaciones tácticas de última hora. Sin embargo, permítanme aguarles la fiesta del suspense dominical: sé quién va a ganar. No porque me lo hayan filtrado desde los despachos de la FIFA , ni porque haya descubierto una trama de arbitrajes tipo Negreira, sino por una entidad mucho más implacable y con un apetito voraz que dejaría en ridículo al mismísimo tiburón de las finanzas. Gane quien gane sobre el césped, el trofeo absoluto ya tiene dueño grabado en oro, y se llama Hacienda.
Al igual que ocurre en la ruleta de cualquier casino de postín, donde la banca siempre se acaba cobrando su parte por pura matemática elemental, el Estado posee su propio crupier de etiqueta esperando al final de la prórroga. Según los últimos cálculos de GESTHA, el sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda cuyo secretario general es José María Mollinedo, la victoria del equipo estatal frente a los sudamericanos supondrá una inyección directa de casi 6 millones de euros —concretamente 5.939.422,16 euros— para las distintas haciendas públicas españolas. Un pellizco nada desdeñable que se detraerá de forma automática de las primas de los 17 futbolistas de la plantilla que mantienen su residencia fiscal en España.
El desglose del botín es una auténtica obra de arte de la ingeniería fiscal que ríanse ustedes de las estrategias de pizarra de los entrenadores y desvela la existencia de infiernos fiscales, porque paraisos, de verdad, no hay ninguno. Cada jugador percibirá un premio bruto de 754.701,92 euros —el equivalente exacto a los 865.384,62 dólares fijados por la organización, pasados convenientemente por el tamiz del tipo de cambio oficial del Banco de España—. En total, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) desembolsará 12,8 millones de euros en concepto de primas para estos 17 residentes. Pero antes de que el dinero toque siquiera las cuentas corrientes de los héroes del balón, la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) extenderá la mano para quedarse con 4,4 millones de euros netos. El resto del botín fiscal se repartirá con un curioso toque de diversidad norteña: la Hacienda de Navarra ingresará casi 350.000 euros (346.729,00 euros), mientras que las Haciendas forales de Gipuzkoa y Bizkaia recaudarán en torno a 300.000 euros cada una.
La justicia distributiva del balón cambia ostensiblemente según el código postal del vestuario, demostrando que en el Estado no todos los goles tributan igual. Los chicos que juegan y residen en Cataluña se llevan la peor parte de la presión defensiva de los inspectores públicos. Con un tipo medio impositivo del 50,14%, el fisco confiscará la mitad del premio de astros como Pedri, Gavi, Lamine Yamal, Ferran Torres, Dani Olmo, Pau Cubarsí, Eric García o Joan García, lo que se traduce en un total de 3.027.243,69 euros recaudados en dicha Comunidad Autónoma. En la Comunidad de Madrid, el hachazo es sutilmente más piadoso, quedándose en el 45,14% para recaudar un total de 1.021.948,29 euros a costa de piernas firmes como la de Marcos Llorente. Incluso en Galicia, el tipo se eleva al 47,14%, drenando 355.758,16 euros de la prima de Borja Iglesias.
Para colmo de males de los futbolistas y alegría eterna del erario público, GESTHA recuerda que la doctrina administrativa no tiene la más mínima piedad gremial. Estas primas por ganar el Mundial se califican íntegramente como "rendimientos del trabajo" en el IRPF, a pesar de que evidentemente no exista una relación laboral clásica entre la federación y los convocados. Esto significa que talentos de la tierra como el cotizado lateral Marc Pubill —cuyo rendimiento seguimos con atención desde la provincia de Almería— o el roquetero Álex Baena, orgullo de Andalucía, no podrán aplicarse la ansiada reducción del 30% por rendimientos generados de forma notoriamente irregular en el tiempo. El fisco argumenta con frialdad que estos jugadores ya han obtenido otros rendimientos similares por éxitos deportivos en los últimos cinco años, tratándolos con la misma rigurosidad impositiva que sufriría cualquier autónomo almeriense si pretendiera camuflar sus ingresos trimestrales tras una buena racha de ventas.
Por supuesto, el fútbol, como la estructura del Estado, entiende perfectamente de asimetrías y fueros especiales. Mientras los residentes de régimen común sufren el rigor de los tipos generales, las haciendas forales vascas ofrecen un marcaje mucho más laxo a sus ciudadanos, con tipos medios que apenas rozan el 39%. Así, figuras como Mikel Oyarzabal, Víctor Muñoz, Unai Simón, Aymeric Laporte y Nico Williams verán cómo la normativa de sus respectivas provincias forales limita la sangría impositiva a un máximo de 300.000 euros sobre el que aplicar sus porcentajes de reducción. En cuanto a la legión extranjera de la selección —aquellos que corren por los campos de la Premier League o la Bundesliga como Rodri, David Raya, Martín Zubimendi, Mikel Merino, Marc Cucurella, Pedro Porro, Yeremy Pino, Alejandro Grimaldo y Fabián Ruiz—, no se preocupen, que tampoco escapan limpios del terreno impositivo. Su tributación simplemente cambiará de ventanilla exterior, engordando las arcas del Reino Unido, Francia o Alemania bajo sistemas legales alineados e igual de implacables.
Así que, cuando esta noche ruede el balón y el griterío sature los paseos marítimos y las plazas de la provincia de Almería, tómense el partido con una saludable dosis de escepticismo y filosofía de terraza. No sufran excesivamente si el delantero falla un penalti decisivo frente al guardameta argentino o si la zaga se duerme ante un contraataque. Los millonarios de pantalón corto seguirán siendo insultantemente millonarios mañana por la mañana, y el trofeo real de esta competición no dormirá en las vitrinas de ninguna federación, sino en las cuentas corrientes del Estado. Disfruten del espectáculo, pidan otra ración de tapas y sonrían con un toque de sarcasmo: el único campeón invicto y seguro de este Mundial viste de corbata, trabaja en una oficina climatizada de la AEAT y jamás ha necesitado chutar a puerta para ganar el partido por goleada.