Yo quiero ser llorando el hortelano…
Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas,
daré tu corazón por alimento.
Hay una sociedad rancia, egoísta, ególatra, mecida en su inmundicia, tan pagados de sí mismos, tan crecidos en su pequeñez, capaces de, como dijo Mary Renault:
Aquellos que en la humanidad
buscan sólo su propia pequeñez
y obligan a los demás a creer en ella,
matan muchos más seres que Alejandro
en el transcurso de todas sus batallas.
La pequeñez odia cuanto es distinto a sí mismo y teme a la poesía, odia cuanto es bello. La soberbia aumenta la insignificancia, oculta y ridiculiza a quien pretende destacar como vulgar Eróstrato, destruyendo cualquier obra, si es importante, mejor. A partir de la competencia honrada, la diferencia política se transforma en iniquidad, infamia, ignominia, injusticia, vileza, vulgaridad, cuando no es leal, cuando juega con mentiras, confusión, demagogia y cuando ataca con el intento insano de ocultar todo cuando incluya idea distinta a la suya. La ignorancia es un arma en sus manos; cuando se carece de argumentos, la desinformación es la mejor forma de dominar, y más aún, no puede ofrecerlos porque labora contra la mayoría. Tiene cierta semejanza con hacer la guerra con armas prohibidas, porque hasta en la guerra hay normas. Acuerdos a los que han llegado la inmensa mayoría de los estados del mundo, protocolos y leyes firmadas, por tanto aceptadas por todos, aunque pese a todo, no todos las respeten en un doble ejercicio de maldad y de cinismo.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero